«Antonio Larrea puso las bases del éxito de Rioja pese a la dificultad de su tiempo»

César Luena camina por una calle de Logroño. :: l.r./
César Luena camina por una calle de Logroño. :: l.r.

El doctor por la UR y diputado nacional presenta hoy en Haro el libro 'Antonio Larrea. El alma del Rioja' César Luena Historiador

ALBERTO GILLogroño

César Luena, al que como lector conocerá como diputado socialista y quizás menos en su faceta de historiador, presenta hoy en la Estación Enológica de Haro el libro 'Antonio Larrea, el alma del Rioja', editado por la Fundación Vivanco. Se trata de una investigación compartida y cofirmada con el que fue su director de tesis, el profesor José Luis Gómez Urdáñez, y que ahonda en la figura del presidente del Consejo Regulador que más tiempo permaneció en el cargo (1953/1970) y a quien los autores destacan como uno de los hombres más trascendentes de la historia del Rioja.

- ¿Alma del Rioja?

- Sin duda. Por los testimonios históricos escritos que hemos ido recopilando, pero también por los orales de bodegueros y gente que trabajó con él, enseguida nos dimos cuenta de que existe un consenso generalizado en que fue una figura clave en el desarrollo del Rioja que hoy conocemos. Por eso, no nos costó llegar al título 'Antonio Larrea. El alma del Rioja'.

- Fue presidente casi veinte años del Consejo Regulador y cerca de treinta de la Enológica de Haro, en unas décadas difíciles (40, 50 y 60).

- Así es. Cuando llega a Rioja, tras la catástrofe filoxérica y la Guerra Civil, la situación no es sencilla. La postguerra española no trajo la paz, sino la victoria y entramos en una autarquía tremenda. España sufrió un retroceso de 20 años. Se encontró con un panorama muy difícil, con una gran crisis económica y una depresión mundial, en la que lo más importante era luchar contra el hambre y, de hecho, se arrancó mucho viñedo para plantar patata y cereal.

- ¿Cuál fue el gran mérito de Larrea?

- Fueron muchos, pero yo destacaría que puso las bases del modelo de éxito de Rioja. El futuro pasaba por la elaboración de vinos de calidad y por la exportación y Larrea lo supo leer. Tenía claro que había que construir una marca común, Rioja, y fue aglutinando las distintas visiones particulares para la primera construcción de la marca. Él puso los primeros controles de origen y los primeros veedores y, antes en la Enológica, repartía cartillas de viticultura para enseñar a los agricultores, lo que se conoce como su 'apostolado rural', pero también organizó cursos para maestros bodegueros por donde pasaron gente como Isaac Muga o Ramón Bilbao. En sus artículos él ya escribía que «el buen vino se hace en la viña» y por ello su preocupación en la formación de los agricultores y bodegueros.

- ¿También tuvo visión comercial?

- Sí. Hizo misiones a EEUU en los años 60 con bodegueros, cuando allí se comía con café y con Coca-Cola y, al tiempo, organizó también visitas inversas desde EEUU a Haro para conocer la cultura del Rioja, porque tenía muy claro que el vino no era sólo un producto, sino cultura. De hecho, insistía mucho en que no se podía vender barato y que había que aspirar a hacerlo como los franceses y los italianos.

- ¿Un visionario para su época?

- En cierto modo sí. Aquellas décadas fueron un desafío para un grupo de bodegueros, que nosotros hemos llamado el 'coro de Rioja', que dirigió Antonio Larrea y que se adelantaron a su tiempo. Larrea dejó el Consejo en 1970 y la Enológica en 1971, pero siguió escribiendo y muy vinculado al sector. Incluso escribía con cierta ironía con las tensiones que, entonces ya había, con el territorio vasco de Rioja. Ahora bien, fue un gran defensor de la unidad de la DOC.

- ¿Necesita Rioja hoy un presidente 'externo' como lo fue Larrea?

- Creo que el gran logro de Larrea fue poner las bases para que hoy no sea necesario. Es cierto que era un funcionario, pero él mismo, y todos, le consideraban del propio sector. En aquel momento, sí vino muy bien su figura para mediar entre diferentes intereses.

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