Una barrica usada para el violín de Ara Malikian

Una barrica usada para el violín de Ara Malikian

El vino que contenía la barrica con la que se hizo el violín se embotellará para una colección limitada que saldrá a la venta en 2018 y cuyos beneficios se destinarán íntegramente a causas benéficas

LA RIOJA

Sustituir la madera de arce y abeto, con las que tradicionalmente se construyen los violines, por la del roble de una barrica usada para envejecer vino es el reto propuesto a un luthier y al violinista Ara Malikian y recogido en el documental "El alma de un violín", ha contado EFE.

"Se supone que los mejores violines se fabricaron hace dos siglos en Italia, pero utilizar la madera de una barrica que ha absorbido vino tiene alguna magia especial, muy única y distinta a todo lo que existe", decía el músico libanés, quien al tocarlo ha descubierto que "pesa bastante más y tiene un timbre y unos agudos muy bonitos".

Se trata de una iniciativa de la bodega riojana Ramón Bilbao con la que arranca un proyecto en el ámbito de la responsabilidad social, ya que el vino que contenía la barrica con la que se hizo el violín se embotellará para una colección limitada que saldrá a la venta en 2018 y cuyos beneficios se destinarán íntegramente a causas benéficas, ha explicado su director general, Rodolfo Bastida.

"El alma de un violín", realizado por Max Lemcke y que se estrenará en televisión, adentra al espectador en el mundo del vino y la tonelería y de la fabricación de instrumentos musicales. "Combina vino y música, dos cosas que hacen felices a la gente", explica el maestro tonelero Jerôme Marty, que trabaja con roble francés, americano y húngaro de 200 años.

El luthier encargado de transformar las 30 duelas (cada una de las tablas convexas que forman el tonel) y sus tapas en un violín fue Fernando Solar, de la tercera generación dedicada a la construcción de instrumentos musicales y con experiencia en el uso de materiales que se salen de lo tradicional porque participa en un proyecto social para el que los fabrica con latas y otros materiales reciclados.

"El violín está en la barrica, sólo hay que quitarle lo que sobra", dice en el documental, parafraseando a Miguel Ángel, aunque reconoce que le costó más "porque el roble es más duro que el arce y el abeto".

Tras dos meses de fabricación y distintas pruebas técnicas en la Université Pierre et Marie Curie de París para testar su buena calidad de sonido, este especial violín pasó a las manos de reconocidos violinistas del Teatro Real de Madrid y de Malikian, para quien tocarlo ha supuesto "oler música".

"Lo mejor de un violín se descubre cuando cumple cien años -apunta el músico- quizá ése sea el momento de éste y, aunque no lo veamos, suponga toda una revolución que cambie todo".

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