Caminos de hierro, voluntades de papel

Imagen de la vía férrea en el término de San Felices, en Haro, junto a los viñedos. :: Sonia tercero/
Imagen de la vía férrea en el término de San Felices, en Haro, junto a los viñedos. :: Sonia tercero

El ferrocarril vuelve a ser un elemento clave en la prosperidad de la DOC Rioja | La pregunta clave es si es indispensable una línea AVE, a costa del maltratado paisaje, o bastaría un proyecto más modesto con sólo unos minutos de tiempo de retraso

ANTONIO REMESAL VILLAR LOGROÑO.

Las vías férreas, carreteras o las líneas eléctricas son infraestructuras que admiten alternativas diversas. Cada solución tiene su coste e impacta de distinta manera en su recorrido, por lo que es natural que presenten discrepancias en su definición. De hecho, la afección al viñedo riojano está condicionando estas infraestructuras esenciales.

La historia del vino de Rioja y la del ferrocarril, como las vías del tren, transcurren paralelas. Tanto es así que Rioja no sería hoy lo que es sin el ferrocarril. A partir de 1857 se empieza a construir la línea ferroviaria que une Tudela con Bilbao. A finales del siglo XIX, el ferrocarril se configura como el medio de transporte definitivo de personas y mercancías. Este momento coincidió con la crisis del oídio y la filoxera en Francia, cuando bodegueros franceses ven en los viñedos riojanos el punto propicio para el abastecimiento de su mercado. La línea Bilbao-Tudela, finalizada en el último tercio del siglo XIX, sería el medio que posibilitaría el transporte del vino y el acicate para la creación de las grandes bodegas próximas a las estaciones de ferrocarril. Para los cosecheros y bodegas asentados en territorio alavés, en Labastida, Elciego o Laguardia, el ferrocarril quedaba más a desmano. Necesitaron reforzar su red de caminos y puentes para, con carretas, llegar con su vino a las estaciones.

El ferrocarril, como ha apuntado el enólogo Manuel Ruiz, supuso un cambio en el modelo de estructuras vitícolas de las zonas afectadas. Las estaciones, apartaderos y bodegas se instalan en los terrenos aluviales y llanos al reunir las mejores condiciones. Es el caso de Haro, Cenicero o Fuenmayor, donde se abandonan progresivamente las cuevas de cosechero para llevar la uva a las bodegas comerciales y elaborar en los calados solo para consumo propio. En Rioja Alavesa y la Sonsierra el hecho de que el ferrocarril no pasara por sus tierras supuso la conservación de las bodegas de cosechero y la preservación del modelo de empresa familiar.

Todos los caminos llevan a Roma, pero unos lo hacen mejor que otros

Igualmente, el paso del ferrocarril por los terrenos aluviales de la provincia de La Rioja propició el desarrollo de la viticultura en estas áreas. Se plantan viñas en parcelas de gran tamaño, llanas y con posibilidades de riego, en terrenos dedicados a cultivos más productivos, para abastecer de uva a las grandes bodegas creadas entonces. En Rioja Alavesa y en la Sonsierra, sin embargo, continúan con el cultivo en laderas y parcelas de pequeño tamaño en los terrenos característicos arcillo-calcáreos, mientras las fincas más productivas se siguen destinando a cereal.

La vía que quedó en el papel

Por los mismos años otra gran vía era foco de atención en la región. Enlazaría Logroño con Pamplona permitiendo la conexión con Francia por el Roncal y con Madrid por Soria. Intereses y voluntades diversos, causados por disputas acerca del trazado o por si la vía debía ser ancha o estrecha, impidieron un acuerdo para su construcción. Una línea que, de haberse ejecutado, hubiera cambiado el mapa industrial y comercial de la región.

Lo que es portada de los periódicos ahora es la propuesta para la construcción de una línea de Alta Velocidad Logroño- Miranda. En una reciente visita a Logroño, el ministro de Fomento presentó incluso un esbozo con cuatro posibles vías alternativas. Las cuatro suponen una gran afección a la zona de viñedos, dos más a Rioja Alta y otra más a Rioja Alavesa. Tras el rechazo general inicial y retractos varios, lo que ahora se discute no es solo el trazado, sino el modelo de comunicaciones a su paso por la DOC. La adecuación del trazado al paso del AVE, además del daño irreparable al viñedo, sería una obra con altísimo coste y beneficio incierto. Una más en los últimos años. Es el caso del aeropuerto de PAGOncillo-Logroño, que pagamos todos y utilizan cuatro; el soterramiento del ferrocarril a su paso por Logroño, con una trinchera similar como es la circunvalación a escasos metros (y una autopista que absorberá el tráfico de la misma cuando se libere, que todo llegará...); o la macroestación de trenes, más propia de una gran urbe.

Es preciso un análisis en profundidad de los impactos derivados de la infraestructura del AVE, considerando el viñedo, y sus paisajes como patrimonio inviolable. No solo porque peligra el reconocimiento de la Unesco sino porque está en juego el futuro de Rioja. Una región, la que abarca la DOC Rioja, que ha apostado tan fuerte por el vino y en la que, a medio plazo, el turismo se configura como una de las fuentes de ingresos fundamentales, no puede permitirse la mínima afección a un territorio tan valioso, pero tampoco debe renunciar a unas buenas comunicaciones. Es necesaria una solución de compromiso, entre servicio, retorno de la inversión e impacto. No importa la comunidad autónoma que se vea inicialmente más afectada.

Cabría preguntarse si es realmente indispensable una línea de AVE o basta con un proyecto más modesto que permitiera llegar fácil a Miranda o Castejón a costa de sacrificar unos minutos. Algunos entendemos que la solución debe mantener en esencia el trazado actual, mejorando las prestaciones de velocidad, frecuencia de trenes y el número de paradas y convirtiendo el ferrocarril en un auténtico servicio de cercanías y de mercancías como unos de los medios de transporte más ecológicos.

El incremento de tiempo de desplazamiento comparando con la Alta Velocidad no parece relevante en un recorrido tan corto cuando existe alternativa rápida por carretera. Un planteamiento así, mejoraría la movilidad regional uniendo todas las poblaciones de La Rioja, al Este y Oeste de Logroño, y éstas a su vez con Castejón y Miranda, es decir, las comunicaciones de la DOC Rioja con el resto del mundo. Todo a través de un recorrido de 150 kilómetros paisajísticamente imponente.

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