Cata con Bodegas D. Mateos

Cata con Bodegas D. Mateos

Mateo Ruiz, Bodegas D.Mateos, reivindica sus raíces y el factor diferencial de la garnacha, el graciano y el mazuelo en la personalidad de los vinos de la comarca

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Por mucho que el Consejo Regulador haya decidido archivar cientos de años de historia y taparse los oídos, seguiremos escuchando hablar de Rioja Baja, de los vinos de Rioja Baja. Esta amplísima comarca administrativa, desde Agoncillo hasta Alfaro, tiene por delante mucho tiempo para trabajar y mostrar su extraordinaria diversidad que, especialmente en las faldas de los montes del Sistema Ibérico, es capaz de sorprender y ofrecer grandes vinos con personalidad y carácter propio: «Nuestros viñedos, en los términos de Alfaro, Aldeanueva y Autol, van desde los 320 metros de altitud hasta los 650, lo que nos permite trabajar con un amplio catálogo de opciones», explicó ayer Mateo Ruiz, Bodegas D.Mateos, en la presentación de sus vinos en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com.

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Apenas nada se supo de Rioja Oriental durante la cata, salvo una pregunta a petición del respetable: «No me identifico con Rioja Oriental; de tener una subzona, como zona geográfica que es, debería ser Rioja Baja», zanjó el bodeguero. La viticultura en Aldeanueva, como en tantos otros muchos municipios de la comarca, se remonta a cientos de años, aunque a comienzos de este último siglo surgieron nuevas bodegas y se ampliaron los campos de cultivo: «No era fácil hace 20 años conservar los viñedos de garnacha situados en el monte, pero nosotros lo hicimos y ahora estas uvas están en nuestros vinos», señaló Mateo Ruiz. Esas garnachas, junto con también viejos mazuelos, y las plantaciones de graciano por las que apostó el bodeguero desde hace un par de décadas se combinan en diferentes proporciones en todos los vinos de Bodegas D.Mateo: «El tempranillo también de adapta bien en nuestra zona, pero estas otras uvas, de ciclo más tardío, nos ofrecen un salto diferencial, de calidad y de personalidad de zona».

La cata

Bodegas D.Mateos trabaja con tres gamas de vinos: Navaldar, «la más Rioja» en palabras de Mateo Ruiz; Insolente, una colección de varietales más fresca y divertida; y La Mateo, una espectacular familia de vinos que rinde homenaje a la ascendencia masculina de la familia: «Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo... siempre cultivaron sus propios viñedos y se merecían este homenaje». La segunda parte de los vinos familiares saldrá al mercado a finales del año próximo: «El Legado de Guillermina, que creo serán nuestros dos mejores vinos, estarán dedicados a mi madre y a mi abuela, ambas Guillerminas, y que trabajaron tanto o más que mi padre y mi abuelo en el campo y en la bodega».

El bodeguero comenzó la cata con Navaldar 2015, un crianza de la gama más tradicional de Rioja, aunque con el propio concepto de Bodegas D.Mateos: «Las cuatro variedades, tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, son importantes», en un vino carnoso, potente, pero de final amable, en el que el mazuelo y el graciano aportan una frescura y una acidez que agradece el conjunto. Insolente Graciano 2016 forma parte de la colección de varietales. Nada es fruto de la casualidad: «Nos ha costado quince años poner todos estos vinos en el mercado, con una primera fase de estudio y catalogación de los viñedos y una segunda de pruebas enológicas y con diferentes maderas hasta que entendíamos que estábamos preparados», indicó el bodeguero. En el caso del graciano, D.Mateos hizo las primeras vinificaciones varietales en el 2003, pero no salió al mercado hasta el 2012. Es un vino más joven, con mucho trabajo para pulir cualquier asomo de 'aristas' y el componente vegetal de esta variedad que solo en las zonas más cálidas de Rioja es capaz de garantizar su vinificación por separado con regularidad.

La Mateo es la colección de vinos de familia: crianza, reserva y los dos varietales de garnacha y tempranillo blanco. Tal y como dejó claro el bodeguero, cada vino tiene su propia personalidad y, en este sentido, La Mateo Crianza 2014 incorpora una base de tempranillo (70%), con garnacha (27%) y graciano (3%). Combina la fruta con una madera también presente, que redondea un vino goloso y carnoso, mientras que La Mateo Reserva 2012 suma otra composición varietal, también con tempranillo como base -de diferentes viñedos y zona-, pero que se mezcla en esta ocasión con un porcentaje importante de graciano y mazuelo: «No tiene nada que ver con el anterior; con mayor acidez y frescura, es quizás más Rioja en el sentido clásico de vinos más longevos», describió el bodeguero. Y así se muestra en la cata: más fresco y elegante y con una mayor complejidad por el tipo de maderas (francesas exclusivamente) elegidas para la crianza.

Los vinos

Navaldar Crianza 2015:
11,5 euros
Insolente Graciano 2016:
10,9 euros
La Mateo Crianza 2014:
25 euros
La Mateo Reserva 2012
32 euros.
La Mateo Garnacha Cepas Viejas 2015:
42 euros
La Mateo Tempranillo Blanco 2016:
25 euros

La Mateo Garnacha Cepas Viejas 2015 fue una de las sorpresas de la noche. Un vinazo, con una tremenda explosión de frambuesa y grosella y una madera perfectamente integrada: «Son viejos viñedos de garnacha, una gran variedad que siempre ha diferenciado nuestra zona y que creo que en ninguna otra de Rioja puede alcanzar una calidad como en la nuestra». Y, como cierre, La Mateo Tempranillo Blanco 2016 -que junto con el anterior fue el elegido de técnicos y aficionados en el juego de preferencias de la aplicación para smartphones que JIG estrena esta temporada para el club de catas- , un blanco gastronómico, con cuerpo y que, tras unas primeras notas de madera fina, deja paso a un abanico de cítricos y aromas y gustos tropicales. El 'irregular' tempranillo blanco es el protagonista: «Yo creo mucho en esta variedad, autóctona y única en todo el mundo; hay que dejarle tiempo pero con una buena crianza nos va a dar muchas alegrías», señaló Mateo Ruiz, quien apostó por el tempranillo blanco desde el primer momento y hoy, ese especial viñedo, tiene ya trece años: «Hemos vuelto a plantar posteriormente y, aunque ya con seis años de edad, no es todavía lo mismo, pero lo será con el tiempo».

En resumen, un grato descubrimiento el de Bodegas D.Mateos, que comenzó vendiendo sus vinos en la exportación y que, desde el año pasado, empieza a pisar fuerte también en el mercado nacional, con Rioja Baja y Aldeanueva de Ebro como identidad.

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