Pedazos de ‘microrioja’

Sonia Tercero

Juan Carlos Sancha cierra la X temporada de club de catas de lomejordelvinoderioja

ALBERTO GILLogroño

No es fácil construir un proyecto, una identidad, a contracorriente. Tampoco es sencillo ser consecuente hasta el extremo con lo que se predica después de dos décadas dedicadas a la enseñanza: pero es posible. Así lo demostró el martes por la noche Juan Carlos Sancha en la última cata de la temporada del club de lomejordelvinoderioja.com. La de Juan Carlos Sancha es la única bodega de Rioja que no elabora vinos de tempranillo. En su pequeña nave de Baños de Río Tobía trabaja con una gama específica de variedades minoritarias, Ad Libitum, que él mismo junto con su amigo y profesor Fernando Martínez de Toda salvaron de la erosión genética, y una colección de garnachas centenarias, de pequeños viñedos, que ha ido poco a poco comprando e indultando del más que probable arranque.

Los vinos

Peña El Gato Fernando Martínez de Toda
15 euros.
Peña El Gato José Luis Martínez
15 euros
Peña El Gato Jacinto López
15 euros
Peña El Gato Manolo López
15 euros
Peña El Gato Juan Carlos Sancha
15 euros
Peña El Gato Natural
15 euros

El viticultor demostró con datos y con hechos, con vinos, qué injusta ha sido Rioja con la garnacha que, de ser dominante hace 30 años, ha pasado a representar apenas un 8% del total de la superficie de cultivo frente al 87% del tempranillo: «Escuchamos, incluso estudiamos en su día, que no daba color, que no servía para la crianza porque era oxidativa, que no se podía cultivar en zonas frescas..., pero la realidad, detrás de todas estas ‘mentiras’, está que es una variedad de menor producción que el tempranillo».

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La cata

Juan Carlos Sancha sorprendió con una propuesta inédita:una colección de siete vinos parcelarios, de microfincas de viejas garnachas que se miden por fanegas porque ninguna de ellas llega a la hectárea, con un idéntico cultivo, elaboración y crianza y separadas por un radio de apenas tres kilómetros. Terroir al extremo, en una misma añada (2015) para los cinco primeros vinos y definido en exclusiva por las diferentes profundidades de una misma tipología de suelos (arcillo calcáreos con alto contenido en hierro) y distintas orientaciones. «En mis 30 años de experiencia, después de haber plantado 800 hectáreas por toda España y otros países, jamás he conseguido superar el aprovechamiento que consiguieron estos abuelos y bisabuelos que hincaron estas garnachas», recordó.

Sancha presenta la colección de garnachas centenarias, cada vino de una parcela distinta, con el nombre de los viticultores a los que compró las viñas que, en casos, habían abandonado ya ante las exigencias físicas del cultivo manual.

Peña El Gato Fernando Martínez de Toda es la única del término municipal limítrofe de Badarán. En la cata es identidad pura de la garnacha del Alto Najerilla: fresca, larga, voluptuosa y el recuerdo a caramelo de fresa que caracteriza la variedad. Peña El Gato José Luis Martínez procede de una parcela un poco más alta, a 700 metros, y muestra más estructura pero menos ‘fresa’ garnachera.

Peña El Gato Jacinto López y Peña El Gato Manolo López introducen nuevos matices de sutileza, de taninos más finos para apuntar ya una de las grandes conclusiones de la cata: todos siguen un patrón (volumen, redondos y elegantes), pero son, efectivamente, diferentes. Así se confirma con el quinto vino, Peña El Gato Juan Carlos Sancha –del primer viñedo propio donde empezó la aventura de las garnachas–, el más potente, incluso salvaje y con más notas de madera que el resto: «¿Por qué? Yo no lo sé, porque en todos los casos llevan el mismo roble de segundo año; esta es la magia de estos vinos, de la garnacha, y de Rioja», sentenció el bodeguero.

Peña El Gato Natural, en este caso la añada 2016, es la apuesta de Sancha por una mejor enología:«Podemos elaborar con menos sulfuroso, en este caso con cero añadido, y, aunque asumes más riesgos, merece la pena», aseguró. Aunque, de nuevo, el bodeguero juega con la complicidad de la variedad y de la zona:alta acidez y pHs muy bajos.

Para concluir, presentó un vino prácticamente en rama:una ‘bomba’ de garnacha de cepas seleccionadas por su mayor corrimiento (menor producción) y cuyos racimos desgranó uno a uno con su familia y sus alumnos: «Todavía está haciéndose pero creo que será el mejor vino que he hecho en mi vida, mejor dicho, hemos hecho porque aquí ha participado mucha gente».

Después de más dos décadas como vocal en el Consejo Regulador, Juan Carlos Sancha tiene claro que la nueva categoría de vinos de Viñedos Singulares es muy importante para Rioja:«No son incompatibles estos vinos de ‘terroir’ con los clásicos; hay más de 25 tipos de suelos en Rioja, tenemos una región extraordinariamente diversa y, por fin, estamos mirando el viñedo como factor diferencial». «Estoy convencido –añadió– de que con los viñedos singulares se arrancarán menos viñedos viejos, cuyo descepe hemos primado con 7.000 euros de dinero público la hectárea durante muchos años, lo que, por sí mismo, debería llevarnos a hacer una profunda reflexión».

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