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El vino amable

Fidel Fernández, durante la cata.
Fidel Fernández, durante la cata. / Juan Marín
  • Bodegas Luis Cañas presentó para lomejordelvinoderioja.com sus vinos de casa, los nuevos Amaren y la reciente experiencia de Ribera del Duero

“Aspiramos a hacer vinos para beber, más pensando en el 90% de consumidores habituales pero que no quiere grandes complejidades, que en el 10% restante”. Con este punto de partida, José Miguel Zubía, director comercial de Bodegas Luis Cañas, presentó las tres bodegas que la familia ha ido construyendo en torno a las viñas familiares de Villabuena de Álava.

Bodegas Luis Cañas cuenta con 118 hectáreas en propiedad en Rioja, más 220 hectáreas de proveedores a los que controla de principio a fin con un nutrido equipo de campo. La historia de Luis Cañas es de ‘libro’. Luis, el padre y fundador de la bodega, fue uno de los clásicos elaboradores de vinos jóvenes de maceración carbónica que pasó de vender en la alhóndiga de Bilbao a los grandes intermediarios vascos a comercializar su propia marca. Juan Luis, su hijo y actual timón de la familia, dio el salto hacia la crianza con el desarrollo de la bodega matriz, con la creación de Amaren (dedicada a su madre Ángeles) y, hace apenas dos años, con la incursión en la Ribera del Duero con Dominio de Cair. “Nuestra filosofía, nuestra ‘revolución’ como bodega, se basa en el viñedo, con una viticultura racional, en los bajos rendimientos y en la clasificación de las parcelas”, explicó Zubía.

La cata

Si José Miguel Zubía, presentó las bodegas, el proyecto Luis Cañas, Fidel Fernández, director técnico, presentó los vinos. Ambos llevan 18 y 23 años respectivamente en la bodega, lo que demuestra el carácter familia de la misma. Fidel Fernández comenzó por la Ribera del Duero: “un auténtico reto para nosotros, donde no pretendemos hacer vinos de Rioja, sino Riberas al 100%, aunque lógicamente con nuestra experiencia”.

El proyecto fue llevado por Juan Luis casi en secreto. “El año 2008 -recordó el director técnico-, me dijo que íbamos a elaborar vino en Ribera…” “… Y yo le pregunté: ¿y las viñas?”. El bodeguero había comprado viñedos y convenido con viticultores de la zona la cesión de las uvas en unos ‘misteriosos’ viajes que llevaba haciendo durante años. Cañas eligió la zona burgalesa de Ribera, donde están las viñas viejas y donde están llegando la mayoría de bodegas de Rioja. El LU&BE 2010 -acrónimos de Lucía y Begoña, esposas del propio Juan Luis y su socio en Ribera, Juan José Iribecampos- es el vino de rotación de la bodega, con nueve meses en barrica (no llega a crianza) y reflejo de la estructura y potencia típica de la zona. Incorpora merlot y tempranillo y en la cata muestra lo que ya avanzaba el enólogo: poco que ver con los Riojas.

El Cair 2010 (acrónimo de Cañas e Iribecampos, los socios) es 100% tempranillo, con una crianza de 14 meses y profundiza más en la antigüedad de las viñas en vaso de Ribera, en la estructura y en la potencia, pero con unos taninos finales dulces muy agradables. Un buen vino…, para disfrutarlo con comida. Fidel Fernández identifica los vinos con los viñedos, incluso con los viticultores: “Sergio es un joven agricultor de la zona, que apostó por quedarse y por trabajar las viñas con bajo rendimiento y me recuerda mucho nuestro propio proyecto bodeguero en Ribera”.

La cata vuelve a casa, con los dos vinos de Bodegas Luis Cañas. El Reserva Especial de la Familia 2006 es el ejemplo de lo que José Miguel Zubía explicaba al principio: un vino pensado para disfrutarlo, con estructura, pero siempre por debajo de la amabilidad y con las notas especiadas de una larga crianza en madera. Ribera (potencia) versus Rioja (amabilidad). “Invita a beber, pese a que hay carga y fruta en el vino, y eso es lo que nosotros queremos”.

Luis Cañas acaba de sacar al mercado el Gran Reserva 2005, para el que escribe el mejor vino de la cata, con mínima o ninguna evolución, plena entereza y la complejidad y suavidad de estas larguísimas elaboraciones casi exclusivas de Rioja: “Es un vino que sorprende al que lo prueba, por la edad que tiene y el empuje de un joven y que a muchos les cuesta identificar como gran reserva”, describió Fidel Fernández.

El legado de la 'madre'

La cata concluye con los Amaren, la segunda bodega de Rioja dedicada a la madre de Juan Luis, primero como vino y luego como entidad con sus propias instalaciones. El proyecto está basado en una selección previa de viñedos, 22 hectáreas de más de 60 años y otras 30, con edades entre 40 y 60. El Amaren Blanco Fermentado en Barrica 2010 es un ejemplo de lo que las tradicionales viuras de Rioja (las mantenidas en las cabezadas de las parcelas de tempranillo) son capaces de dar: un vino fresco, graso en la boca y que, tras mucho trabajo con las lías, que integra perfectamente los matices de la madera: “Hay mucho por hacer con los blancos en Rioja y creo que este tipo de elaboraciones, si bien no son para el gran público, tienen un gran futuro”, apuntó Fernández.

La cata concluye con el Amaren Tempranillo 2006, que la bodega presentó anoche en primicia para lomejordelvinoderioja.com, unos meses antes de salir al mercado. Con el Amaren, Luis Cañas busca ese 10% de consumidores más habituados y avanzados. Los viñedos ofrecen producciones más limitadas y el vino gana, lógicamente, en estructura y potencia, para un vino más pausado, pero también más ‘común’ en la última década en Rioja. “El Reserva de la Familia es un vino más directo y el Amaren tiene más registro, más complejidad… para pararse a pensar”.

Pensar es un ejercicio habitual en Bodegas Luis Cañas. Pensar para mejorar y crecer día a día, poco a poco, como los buenos vinos.