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Cuando los vinos encajan

  • Miguel Martínez, Ojuel Wines, desborda ilusión con un proyecto basado en minifundios y vinos personales de una de las zonas más frías de Rioja

“De la misma forma que la poesía intenta encajar las palabras yo intento encajar las piezas que tengo para hacer mis vinos, imperfectos pero personales”. Miguel Martínez, joven viticultor de Sojuela, resumió con esta frase la identidad de un proyecto nuevo, independiente y que intenta recuperar la autenticidad de un cultivo que, lejos de la agricultura intensiva o la elaboración industrial, pretende mostrar la identidad y la tradición de Sojuela, una de las zonas más frías de Rioja que conserva viejas pequeñas parcelas de viuras, garnachas y tempranillos que no desbrozaron las concentraciones parcelarias.

Martínez decidió “echar 'pa' alante” en el año 2010 tras comprobar que “me sentía bien en el campo” y que “la extraordinaria biodiversidad que encontraba en las faldas de Moncalvillo, probablemente por ser una zona límite, podría ser mi cómplice en la elaboración de vinos”. Con diez hectáreas familiares y nuevas plantaciones para tintas y blancas minoritarias autóctonas, el viticultor comenzó en el 2012, desde el primer momento como productor ecológico, a elaborar tras invertir en unas pocas barricas y se topó con las difíciles añadas 2013 y 2014. “Este año [en referencia a la pasada cosecha] por fin he tenido un poco de tranquilidad a la hora de vendimiar, al poder hacerlo de forma reposada, y supongo que lo agradecerán los vinos”.

La cata

Comenzó precisamente con una muestra del 2015. Ojuel Blanco Fuente de Leon 2015 es un vino de tempranillo blanco (40%), garnacha blanca (45%) y maturana blanca (5%) fermentando en barrica. Nuevas plantaciones de las variedades minoritarias recuperadas en el 2009 por Rioja por las que ha apostado Miguel Martínez y que ensambla en este conjunto que, en cualquier caso no es permanente: “Planté todas las variedades juntas y, de momento, estamos probando”. La frescura, que es la seña de identidad de todos sus vinos, es la principal nota destacada del Ojuel Fuente de Leon, que combina a la perfección los cítricos con notas más florales en segundo plano de la garnacha. Un vino que tiene recorrido en botella.

Ojuel Tinto 2014 incorpora maturana tinta navarreteña (65%), de nueva plantación, con viejas garnachas (20%) y tempranillos (15%) de una docena de pequeñas parcelas: “Por parcelas podría elaborar una veintena de vinos, pero tampoco es cuestión de volverse loco...”, explicó el viticultor. De momento, en la combinación domina la estructura y la intensidad de la maturana, una variedad que gusta al bodeguero: “Es originaria de Navarrete, es decir, de mi comarca y tiene un toque de huerta que personalmente me resulta agradable porque los viñedos en Sojuela siempre han convivido con otros cultivos de huerta”. En la cata, la garnacha endulza el conjunto, mientras el tempranillo lo hace más sutil y agradable. Un vino al que unos meses de botella le vendrán como anillo al dedo.

Ojuel Tinto Fuente de León 2014 es un exponente de la improvisación con que trabajan este tipo de nuevos proyectos. Fuente de León es el surtidor del que se abastecían los antiguos trashumantes de la cañada que conectaba el Moncalvillo con las Siete Villas del Najerilla: “Es el nombre del blanco, eso fijo, pero en este caso me pilló el toro y, como no tenía etiquetas lo embotellamos con el mismo nombre este añada y la siguiente veremos”. Lo que sí tiene claro Miguel Martínez es el concepto de vino, con un 60% de maturana tinta y un 40% de mazuelo: “Tengo tres viejas parcelas de mazuelo, en una zona pedregosa que en verano sufre mucho el calor y que permite madurar esta uva de ciclo tan compleja de ciclo largo y escasa en Rioja”. De nuevo la improvisación cobró protagonismo en la elaboración: “No pudimos, porque no había tensión, 'enchufar' la despalilladora así que tuve que engañar a veinte amigos para despalillar grano a grano y la verdad es que el experimento fue bien”. El vino es diferente, en cata ciega muy difícil de identificar con Rioja, con acidez, frescura, potencia, pero un conjunto nada agresivo tras un año de crianza en roble francés y de trabajo con las lías.

El dulce a contracorriente

Si por algo es conocido el proyecto Ojuel Wines es por el empeño de Miguel en recuperar una auténtica tradición riojana prácticamente extinta, el vino supurao. El viticultor cuelga cada año en un pajar 4.000 kilos de uvas tintas, tempranillos, garnachas y viuras viejas, que pacientemente van deshidratándose durante tres meses hasta que después de Navidad, con un ligero prensado, darán lugar al Ojuel Supurao. Las colgaderas, en las despensas, en los altos de las casas, eran habituales hace unas décadas en Rioja, como un producto más de la económica doméstica, pasas y vino que el viticultor guardaba como un tesoro para ocasiones especiales.

Miguel Martínez se empeñó en recuperar este vino que despareció por la sencilla razón de que su escaso rendimiento (20% en las uvas), al que se suma una importante merma en los filtrados y la barrica, no lo hacían rentable para las bodegas comerciales: “Hay documentos del siglo XVIII y XIX que valoraban estos vinos dulces como algunos de los mejores de Rioja, pero, poco a poco, fueron desapareciendo”.

Mientras en Francia (Sauternes), Alemania o Canadá (vinos de hielo) la pasificación se produce en las viñas, controlando la podredumbre noble, en Andalucía, especialmente en la Axarquía malagueña -cuya 'imposible' viticultura atrajo a bodegueros como Telmo Rodríguez, se produce exponiendo los racimos al sol-. En Rioja se hacía de forma más reposada en los altos o pajares. Miguel Martínez presentó la añada 2013 de su Ojuel Supurao, con una extraordinaria personalidad e identidad y un magnífico olor a 'vino' de uvas maduras, con fondos compotados y amilados y un todavía más sorprendente 2015, embotellado en expreso para la cata (aún no está en el mercado), con una combinación increíble de la madurez de las pasas con las gominolas de la garnacha fresca. Un auténtico vino artesanal que rebosa personalidad y tradición e ideal, bien fresquito, para postre como sustituto de la misma fruta.

Los vinos de la cata

Ojuel Blanco Fuente de León 2015: 8 euros.

Ojuel Tinto 2014: 8 euros.

Ojuel Tinto Fuente de León 2014: 12 euros.

Ojuel Supurao 2013: 15 euros.

Ojuel Supurao 2015: todavía en bodega.