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Vuelve el Club de Catas

Impresionante vista de los viñedos de la Hacienda El Ternero, con las peñas de los Obarenes. :: L. R.
Impresionante vista de los viñedos de la Hacienda El Ternero, con las peñas de los Obarenes. :: L. R.
  • Hacienda El Ternero abre el lunes 13, con sus vinos 'extremos', la nueva temporada del Club de Catas

  • Plazas agotadas

Si hay un enclave en Rioja de viticultura extrema, éste es la Hacienda El Ternero, una preciosa finca que sube hacia los montes Obarenes combinando parcelas de viñedo protegidas del fuerte viento en ollas, hondonadas naturales, rodeadas de encinas, pinos y picea, una variedad arbórea entre el pino y el abeto características de la finca y muy escasa en el resto de España. Raúl Tamayo, enólogo de Hacienda el Ternero, abre el próximo lunes día 13 la nueva temporada del Club de Catas de lomejordelvinoderioja.com con la presentación de la gama completa de la bodega que profundiza en las raíces y en la diferenciación de unos vinos marcados por un clima extremo, pero también por un entorno, un paisaje de naturaleza casi salvaje, y unos suelos diversos que aportan una expresión particular a los vinos.

La finca El Ternero es singular en todos los sentidos. Es un enclave burgalés en territorio riojano, una isleta de 250 hectáreas entre Sajazarra, Cihuri, Villalba y Castilseco, que perteneció desde la Edad Media al Monasterio de Herrera de Miranda de Ebro: «El origen se remonta al siglo XI, la hacienda era la granja del monasterio, donde los monjes cultivaban vides y cereal y criaban terneros para utilizar la piel en el scriptorum del monasterio», explica Raúl Tamayo. Tras la desamortización de Mendizábal, la hacienda pasó a manos del Estado y se convirtió en un poblado con escuela, cuartel de la Guardia Civil, cementerio y la ermita de la Virgen de la Pera, edificios rehabilitados y que impresionan al visitante al llegar a la explanada base.

La cata

Pero la auténtica singularidad de El Ternero está en los terruños. La propiedad cultiva en la finca, de 250 hectáreas, 60 hectáreas de viñedo, mayoritariamente tempranillo, aunque ahora ha plantado otras tantas hectáreas que antes se dedicaban al cereal. «El cambio climático ha sido un gran aliado para nuestros vinos; somos tradicionalmente los últimos en vendimiar en Rioja y, con el control de rendimientos y prácticas vitícolas, conseguimos maduraciones plenas y pausadas», apunta el enólogo. El resultado son vinos frescos, muy atlánticos y adecuados para la guarda, y con unas notas balsámicas, especiadas y mentoladas que aporta el paisaje forestal que rodea los viñedos.

La cata comenzará con Hacienda El Ternero Blanco Fermentado en Barrica 2015, un blanco de viura que, por la altitud del viñedo (650 metros) y la fresca climatología, ofrece un perfil propio para esta variedad de uva. «Es una producción limitada de 10.000 botellas, que fermentamos en barricas nuevas de roble francés y trabajamos mucho con sus lías durante cuatro meses, con lo que obtenemos la grasa y la untuosidad de la variedad, pero también con una carga aromática intensa y propia de la finca». Torno Crianza 2012, la entrada de gama en tintos, es un crianza envejecido doce meses en roble francés: «Es un vino muy fresco, tempranillo 100%, con el que apreciaremos la fruta roja característica de la variedad».

Hacienda El Ternero Crianza Selección 2012 es el 'hermano mayor' del anterior. Elaborado con uvas de cepas de más de 30 años, aumenta unos meses el tiempo en roble francés nuevo y de segundo año: «Los aficionados van a encontrar algo de 'más vino', más complejidad y elegancia, pero también la tipicidad de la finca».

Hacienda El Ternero Reserva 2011 es el vino más 'cálido' de la casa, con uvas de las parcelas principalmente de orientación sur que aportan una mayor madurez para elaborar vinos de larga crianza en barrica, donde también hace la maloláctica. Las uvas salen de los viñedos más antiguos, que escalan hasta los 650 metros de altitud: «Es pura complejidad, combinando frutas del bosque, con especiados y mentolados», avanza el enólogo.

El Picea 650 2009 hace referencia a la altitud de cultivo y a la variedad de árbol de la finca: «El Picea sólo se elabora en añadas especiales; incorpora al tempranillo un poco de mazuelo y hacemos una larga crianza desde 20 a 36 meses en barricanueva de roble francés», explican Raúl Tamayo. «Es un vino de guarda, con estructura e intensidad, una acidez y frescura característica y con una complejidad balsámica que le hace muy singular».

La cita con una propuesta de viticultura y vinos 'extremos' de Rioja, el próximo lunes a las 20.30 horas, con 50 plazas para los primeros inscritos (seis euros por persona).

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