Equilibrio clásico

Un momento de la cata. /Miguel Herreros
Un momento de la cata. / Miguel Herreros

Etienne Cordonnier y Jesús Madrazo trasponen la filosofía bordelesa a su proyecto, Viña Leizaola, con un viñedo, una bodega y un único gran vino

ALBERTO GILLogroño

El Rioja histórico comparte con los grandes vinos franceses la finura, el equilibrio y la capacidad de envejecimiento que todavía tienen por demostrar muchas de las emergentes zonas vitícolas del mundo. Es precisamente ese objetivo el que mueve el proyecto que Etienne Cordonnier está cimentando en Laguardia, con una nueva bodega que inagurará a mediados del próximo mes de julio, Viña Leizaola, en torno a un viñedo, el Sacramento. Vinculado al vino, con propiedad familiar de dos chateux, y después de una larga trayectoria personal dedicada a la distribución en Bélgica, Cordonnier decidió en el año 2011 poner también 'equilibrio' en su propia vida y construir, junto con el viticultor de Lapuebla Jesús Velilla, un proyecto muy personal con una filosofía absolutamente bordelesa: una bodega, un viñedo y un vino con un perfil clásico en pleno siglo XXI. «Buscamos el equilibrio, en el viñedo después de mucho trabajo estudiando los suelos y creciendo muy poco a poco en el entorno de las 4,5 hectáreas originales del Sacramento , y en el propio vino porque, como decía Platón, para envejecer bien hay que nacer y crecer en equilibrio», explicó el bodeguero.

Etienne Cordonnier, junto con Jesús Madrazo, que tras una larga y brillante carrera en Viñedos del Contino, asume el timón enológico de Viña Leizaola, presentaron el jueves por la noche para el club de catas de lomejordelvinoderioja.com una completa revisión del Sacramento, desde su primera añada en el mercado, la 2011, a la todavía en barrica cosecha del 2016. Un ejercicio de transparencia, sometido a los vaivenes climatológicos y también a los avatares propios del nacimiento de un proyecto que comenzó de alquiler en una bodega en sus primeras añadas, pasó a un pabellón propio a partir de la vendimia del 2014 y que desde el 2018 vinificará en unas nuevas instalaciones, en las que el cemento y la barrica francesa serán los protagonistas. El proyecto de Viña Leizaola, tal y como explicó Madrazo, nace con un techo marcado por la misma propiedad, 20 hectáreas de viñedo para elaborar no más de 60.000 botellas: «Pasar de esa cifra, tanto en el campo como en la bodega, nos haría perder el control sobre nuestro vino y este proyecto ha nacido con unas ideas muy claras», aclaró Etienne Cordonnier.

La cata

El clima es uno de los factores fundamentales que define un 'terroir' y Laguardia es una de las zonas límites de Rioja para el cultivo donde la variable pluviometría cobra especial importancia. Madrazo comenzó la cata 'joven a viejo'. El Sacramento 2016 es una muestra que el enólogo había sacado es misma mañana de la barrica, a la espera de terminar en breve la crianza en madera: «Trabajamos con el vino en el entorno de los 18 meses y otro tanto en botella, con lo no saldrá al mercado hasta el año 2020». La 2016 fue una añada espectacular, en calidad y cantidad, y de las que gustan a los enólogos puesto que la climatología permitió trabajar con mucha tranquilidad la vendimia: «Fue un año seco, con una sanidad extraordinaria y, hasta el momento, una de las mejores cosechas que hemos vendimiado en Leizaola», explicó el enólogo. En la cata, la fruta está por encima de la barrica, en un vino con alcohol (14) y estructura, aunque apuntando ya la finura como objetivo principal: «Los grandes vinos consiguen combinar la potencia y la elegancia y es lo que pretendemos nosotros».

Los vinos de la cata

El Sacramento
(40 euros), en una vertical desde la añada 2016 a la 2011.

El Sacramento 2015 nace de un año un tanto atípico. Con lluvias hasta primavera, incluso en floración, y un verano cálido que llevó a una situación de estrés a la viña. Madrazo juega con el tempranillo y con el graciano en todos sus vinos y, mientras en el 2016 el porcentaje de graciano se queda en un 6%, en la añada 2015 aumenta hasta el 8%: «Había que 'refrescar' un poco más el vino y optamos por meter algo más de graciano». Si por algo destaca este Sacramento, que permanecerá aún nueve o diez meses en bodega, es por el equilibrio de fruta y madera.

El Sacramento 2014, la actual añada en el mercado, es probablemente ahora mismo el vino más completo. Fue una cosecha adelantada, con un pluviometría casi normal en la zona (unos 520 litros), tempranillo con un 4% de graciano y muy redondo y agradable en boca: «Creo que irá a más con el tiempo, pero nosotros tenemos claro que cuando sacamos un vino al mercado tiene que estar ya en un momento óptimo para su consumo».

Jesús Madrazo partió la cata en dos tandas. Probablemente porque en la primera elaboraban ya en un pabellón en propiedad que, aunque con limitados medios, les permitía tomar en cualquier momento, del día o de la noche, las decisiones, mientras que la segunda lo hicieron de alquiler en una bodega de Lapuebla. El Sacramento 2013 procede de una de las añadas más difíciles de las últimas décadas de Rioja. Un año frío, como los de las tres primeras partes del siglo XX, con mucha lluvia durante la vendimia, y un ciclo madurativo muy largo: «Mientras con el tempranillo tuvimos que trabajar muchísimo la selección y hubo que desechar muchos racimos, el graciano maduró sin problemas y con muy buena sanidad para la que se nos vino encima». Así, es el vino que más graciano incorpora, hasta prácticamente un 15%. Fue una de las sorpresas de la noche, hasta el punto que, junto con 2014, fue de los que más gustaron a los asistentes en las votaciones de la aplicación que JIG estrena esta temporada para el club de catas.

El Sacramento 2012, una añada muy seca, continuidad además de otra anterior también muy escasas en lluvias, fue el vino más 'flojo': «Un segundo año de sequía siempre lo pone más difícil», aclaró Madrazo, «aunque sigue siendo amable y goloso en boca». La climatología manda y, por supuesto, todos los vinos son diferentes. Como también lo es Sacramento 2011, el primer vino de Leiazaola, que, con siete años ya de vida, define perfectamente la senda por la que Cordonnier y Madrazo transitan: un vino elegante, que muestra ciertos toques terciarios que se combinan con los de fruta madura y con un perfil claramente clásico en el siglo XXI. «Poco a poco -concluyó Madrazo- vamos completando nuestra paleta de colores: comenzamos con ocho, con doce, con dieciséis y el en el futuro a corto plazo tendremos ya los 20 que queremos, con nuevos viñedos, nuevas plantaciones y variedades y con la vinificación por separado de cada una de las parcelas que nos dará un mayor y profundo conocimiento del vino».

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