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El enoturismo en La Rioja, en plena expansión

Una de las actividades realizadas en los calados de Bodegas Roda en el barrio de la Estación de Haro. :: Justo Rodríguez
Una de las actividades realizadas en los calados de Bodegas Roda en el barrio de la Estación de Haro. :: Justo Rodríguez
  • Los visitantes buscan hoy una experiencia con el mundo del vino frente al mero recorrido técnico de otros tiempos

El enoturismo en La Rioja sigue creciendo año tras año y, sin embargo, no hay una estadística oficial para conocer con exactitud el alcance del mismo como vía de negocio. Ni las autoridades regionales ni el propio sector conoce la dimensión real.

Eduardo Rodríguez, director general de Turismo, asegura que el enoturismo tiene un potencial enorme que se va vertebrando por toda la región con proyectos nuevos y propuestas diferentes. «Pero no puedo hablar de cifras de visitantes. Ya me gustaría», señaló. «Estamos trabajando en ello. Pero no me atrevo a aventurar datos. La única referencia que tenemos es de nuestras oficinas de turismo por las que han pasado 35.000 personas. Y de ellas, el 75-80 por ciento preguntaba por bodegas o por alguna actividad vinculada al vino. Después la gastronomía y los paisajes», añadió.

La expansión del enoturismo en los últimos cinco años ha sido notable. Pero hay que ir caso por caso para hacerse una idea más o menos aproximada de lo que está sucediendo. El sector mantiene unas pautas centradas en un turismo de fines de semana y puentes, agosto como mes vacacional y septiembre y octubre por la vendimia y los paisajes de otoño, como ha sucedido este año.

El enoturismo en La Rioja es un fenómeno muy reciente, y comienza a ser considerado como una fuente de ingresos, un área de negocio y hasta una forma de fidelización de la clientela con bodegas y sus vinos.

Pero los nuevos tiempos han traído cambios notables entre los visitantes y hasta en el modo de atender a la cliente por parte de las bodegas. No importan tanto la exposición de las instalaciones sino la forma de disfrutar una experiencia en el mundo del vino y siempre mucho más allá de enseñar las instalaciones de la bodega y la tecnología.

Siendo nuevo el enoturismo, las redes sociales están cambiando la percepción, el acercamiento de los clientes y hasta el trato. Unos se están adecuando a todo ello sin prisas, con visión de futuro y adaptándose a las exigencias de una clientela más genérica que tiene interés frente los supuestamente especialistas que requerían o exigían una visita. Los tiempos cambian, las exigencias y los hábitos, también.

El Museo de la Fundación Dinastía Vivanco es un referente obligado. En once años ha recibido más de un millón de visitas. El perfil del visitante en cuanto al conocimiento del vino, asegura Eduardo Rodríguez, «no ha cambiado mucho». Hoy es, asegura, «un objetivo recurrente para su tiempo de ocio, quieren más diversidad de actividades y aprecian una oferta singularizada y fuera de la visita convencional». Y siempre, más que mucha información técnica «vivir una experiencia placentera».

En Bodegas La Rioja Alta de Haro reconocen que el crecimiento «está siendo espectacular». En el 2010, por ejemplo, tenían unas 3.700 visitas al año. En el 2014 más de 10.000, una cifra que en el 2015 han superado con creces. Samuel Fernández, responsable de comunicación del grupo, reconocía el punto de partida, la adaptación necesaria de la propia bodega y la profesionalización.

«Nos ha costado adaptarnos mentalmente, como a todos. Hasta hace poco venían 'expertos'; ahora, hay otra visión. Viene gente que quiere disfrutar de una experiencia en una bodega. Todo ello nos ha obligado a nuevos horarios; abrir sábados y domingos y buscar un turismo que empieza a ser negocio pero que no queremos masificar», comenta.

La evolución general tiene otros referentes. Una bodega con larga trayectoria y con la proximidad de los monasterios de San Millán como David Moreno, recibe al año más de 25.000 personas. Pero su propietario reconoce que hay que invertir en instalaciones y profesionalizar el servicio. Otras firmas como Franco-Españolas han pasado de las 13.000 personas en el 2014 a sobrepasar las 17.000 en el 2015, según cuenta Raquel Ruiz. En Aldeanueva de Ebro, sus bodegas aglutinan a más de 10.000 personas en visitas y eventos.