Exigencias en la contratación de temporeros y los efectos de la mecanización

Los sindicatos agrarios apelan al cumplimiento de los requisitos laborales y confirman la mengua de la mano de obra en vendimia por el cultivo en espaldera

E. SÁENZ LOGROÑO.

Las estampas propias de la vendimia tradicional en Rioja también mutan. Aunque la figura del temporero sigue dominando en el proceso de recogida de la uva que está a punto de arrancar, la mecanización ha dado un importante bocado a esa masa de trabajadores nómadas sobre quienes las exigencias contractuales son estrictas. El cumplimiento de esas obligaciones para evitar posibles sanciones es el mensaje en el que coinciden las principales centrales a puertas de una campaña que movilizará un notable volumen de mano de obra en toda la DOC.

Como recuerda Susana Najarro, desde ARAG-Asaja, el empresario debe realizar los correspondientes contratos de trabajo, dar el alta previa en la Seguridad Social y cumplir las exigencias en el flanco de los riesgos laborales, así como facilitar unas condiciones dignas de trabajo y alojamiento que, en caso de no tener posibilidad de hacerlo directamente, pueden ser sustituidas por el compromiso de hacerse cargo de la estancia.

Najarro suma otras recomendaciones como exigir la documentación original al trabajador (nada de fotocopias) para evitar suplantaciones y contratar y pagarle directamente. «En la medida de lo posible es preferible evitar intermediarios», aporta Najarro, para apuntar también cómo, en caso de optar por contar con una empresa de servicios, el agricultor ha de comprobar que la firma cumple la normativa legal para evitar cualquier responsabilidad subsidiaria.

También Tomás Latasa insta desde UPA a ceñirse a todas las obligaciones, destacando cómo el profesional de la viña en general «se ha puesto al día» en cuanto a formación y conocimiento del marco laboral, aunque lamenta cómo el grado de exigencia ha mermado el sentido de fiesta que históricamente ha acompañado el tiempo de vendimia. «La presión es máxima y el agricultor se siente constantemente vigilado por controles de todo tipo: desde guardas forestales hasta agentes de tráfico pasando por la Inspección de Trabajo y el Consejo Regulador», reflexiona recordando que la retribución mínima por el convenio agropecuario está fijado en 7,78 euros la hora y que la colaboración de amigos y familiares, tan extendida en Rioja durante los días más intensos de vendimia, está amparada legalmente siempre que no haya una contraprestación económica ni en especie.

La coyuntura propia de los temporeros, supervisada por la mesa de seguimiento de los flujos migratorios donde participan las principales instituciones sociales y administrativas involucradas, convive con el proceso de mecanización que, como señala el responsable del sector de vino de la UAGR, José Luis Pisón, no sólo alcanza a viñedos de nuevo cuño sino a otros más longevos que se han reestructurado de la plantación en vaso a espaldera. «Se comportan muy bien y suponen un ahorro sustancial», defiende cifrando en prácticamente la mitad los costes por kilo de la recolección con vendimiadora (arrastradas o autopropulsadas) frente a la recogida manual. «El principal esfuerzo estriba en los dos o tres primeros años, con la instalación del alambrado y la alineación, pero en cuanto se conforma reduce los desembolsos de recolección -en torno a 5,5 pesetas por kilo- y limita la necesidad de mano de obra», concluye.

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