Aquí huele a moho

El ganador, Carlos Fernández (en el centro), junto a Marta Gallego (d.) y Lucía San Román (i.) :: m.H./
El ganador, Carlos Fernández (en el centro), junto a Marta Gallego (d.) y Lucía San Román (i.) :: m.H.

Carlos Fernández gana el Concurso de Catador Especialista en Detección de Tricloroanisol en los corchos de las botellas de vino

DIEGO MARÍN A.

La Sala de Análisis Sensorial del Complejo Científico Tecnológico de la Universidad de La Rioja acogió ayer el Concurso Nacional de Catador Especialista en Detección de Tricloroanisol (TCA, conocido también como enfermedad del corcho). Organizado por el fabricante de corchos Gruart La Mancha y la Asociación Enólogos de Rioja, la participación estuvo limitada a 50 personas (diez alumnos del último curso del grado de Enología que imparte la UR, quince técnicos del sector no asociados y veinticinco socios de la AER) y los premios eran dos puestos de trabajo en la corchera de Valdepeñas y tres recompensas en metálico de 3.000, 2.000 y 1.000 euros.

La cata consistió en detectar olfativamente unas concentraciones de entre 0 y 2 nanogramos por litro de TCA en ocho copas con una solución hidroalcohólica. El tiempo máximo fueron 20 minutos, aunque hubo quien completó su participación en sólo 3.33 minutos. Carlos Fernández Gómez, de Bodegas Tierra de Labastida (Álava) fue el vencedor, seguido de Marta Gallego Ezquerro (Bodegas Luis Alegre) y Lucía San Román (Corchos Amorim).

Francisco González, consejero delegado de Gruart La Mancha, explicó durante el certamen que el objetivo del mismo era poder establecer el conocimiento de la gente en cuanto a nivel de TCA. Los galardones, en forma de oferta de puesto de trabajo, corresponden, al inicio de un nuevo proyecto dentro de su empresa. «Somos bastante precisos a la hora de tratar el corcho y los tapones para evitar no sólo el TCA sino también las desviaciones aromáticas y nos queda afinar un poco más para esos vinos más caros y especiales para los que debemos minimizar el porcentaje de posibilidad de ese defecto», declaró Francisco González, cuya intención era «seleccionar a dos de las personas que más sepan». Su labor será «oler uno a uno, tapón a tapón, las maceraciones que haremos».

El certamen ofreció como premio dos empleos para los mejor clasificados

El TCA (o tricloroanisol) es un proceso químico que, se calcula, afecta al 4% del vino embotellado y supone la presencia de clorofenoles. Si al descorchar una botella de vino el olfato detecta aromas a moho y humedad, es muy posible la presencia de TCA. Entonces no queda más remedio que renunciar a ese vino. «Creo que es bastante difícil, aunque elemental», advirtió el consejero delegado de Gruart La Mancha, consciente de que «un porcentaje muy pequeño de nuestros tapones pueden tener TCA, que se encuentra en la calle, lo detecta el consumidor, con la consiguiente frustración, así que intentamos evitarlo encontrando a una persona con un nivel de percepción más exigente».

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