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Carlos Echapresto, el sumiller enamorado de Rioja

El sumiller enamorado de Rioja
  • El sumiller de Venta Moncalvillo acaba de recibir uno de los premios más importantes por su devoción por el Rioja coincidiendo con la inauguración de su nueva bodega con más de 1.100 referencias en su restaurante

Carlos Echapresto recibió hace unos días en Madrid el 'Premio al Sumiller que más ha hecho por la comercialización del vino español' en la primera edición de los 'International Wine Challenge Merchant Awards Spain'. El jurado decía del sumiller de Venta Moncalvillo que merecía el premio «por la defensa del vino de su tierra, Rioja, con pasión y conocimiento desde un pequeño restaurante. Su especialización le ha llevado a ser conocido a nivel internacional por prensa y críticos como el sumiller más especializado en Rioja del mundo. Y componiendo la mejor colección de estos vinos logrando ser foco de atracción por encima de la gastronomía del restaurante. El jurado además considera que su labor, especialización e imagen a nivel internacional es única en España». Carlos, además, acaba de inaugurar en Venta Moncalvillo, una nueva y espectacular bodega en la que tiene cabida una carta con más de 1.100 referencias de vinos.

¿Qué es para usted Rioja?

Hace años que el Consejo Regulador puso de moda un eslogan en el que se decía que Rioja era la tierra de los mil vinos. Y la realidad es que nunca como ahora nos hemos encontrado con tantas posibilidades para hacer muchas más cosas con nuestros vinos. La Rioja tiene una diversidad de suelos, variedades y microclimas impresionante; ésa es buena parte de su riqueza, y también hay que tener en cuenta el factor humano, que ha sido esencial para poner en valor lo que nos ha dado la naturaleza. Se han recuperado variedades minoritarias históricas, se han incorporado otras foráneas, hay más inquietud por parte de las nuevas generaciones de bodegueros y viticultores que quieren hacer nuevos vinos y salir a los mercados con cosas curiosas y diferenciadas, vinos con personalidad, vinos de terroir, vinos con la identidad del elaborador... Una amalgama de nuevas inquietudes que cada vez son más evidentes y que tienen un clarísimo reflejo en todo lo que está saliendo al mercado. A todo ello hay que sumar el efecto del cambio climático... Lo que en conjunto ofrece un panorama que incide cada vez más en la gran diversidad de esta denominación.

Usted lleva muchos años trabajando los vinos clásicos y antiguos de Rioja. ¿Tenían aquellos productores inquietudes similares a los de la actualidad?

Para entender el presente y conocer las estrategias del futuro es fundamental estudiar el pasado. Saber de dónde venimos para saber qué pasos hay que dar. De hecho, muchos de los nuevos viticultores están recuperando lo que hacían en su pueblo, el legado de sus antepasados recuperando estilos, bodegas y hasta viñedos y variedades. Creo que hay que saber la historia para plantear un futuro. Hay que tener en cuenta que aunque el número de bodegas antes de los años setenta es incomparable con el que hay en la actualidad, la realidad es que se elaboraban una cantidad de vinos y de estilos más que notable. Había vinos de parcela, de ensamblaje, vinos dulces, vinos con una personalidad única y una gama de blancos tan grande como en muchas ocasiones realmente desconocida. También hay que destacar en nuestra historia esos grandísimos vinos de guarda de añadas excepcionales con su enorme longevidad. Habrá que ver con el tiempo si los vinos actuales tendrán esa capacidad de envejecimiento de aquellos.

¿Qué es lo que más le emociona de esos vinos clásicos de Rioja que tanto ama?

Son muchos detalles, pero básicamente que ahora no hemos descubierto nada. Aquellos viticultores sabían perfectamente los majuelos y las parcelas mejores; conocían cuáles eran los vinos de ensamblaje más óptimos, conocían al dedillo los detalles esenciales de la vinificación. Ahora, eso sí, se dispone de mucha más técnica para elaborarlos. Antes se hacían grandes vinos de parcelas que se han perdido y que hay mucha gente que están intentando recuperar ahora.

¿Cómo ve el debate que se está produciendo con el tema de los vinos singulares y la próxima modificación del reglamento de Consejo Regulador?

La realidad es que creo que es necesario. Los grandes volúmenes ayudan a poner el nomre de Rioja en muchos sitios del mundo pero tenemos que tener claro que no es la única herramienta posible. Si tenemos que diferenciarnos por algo es ineludible que tenemos que apostar por la calidad. Ahí están los miles de kilos de uva que se han quedado tirados en las viñas. Si se realiza un trabajo previo y exhaustivo no contemplaríamos con tristeza las uvas abandonadas. En un futuro puede servirnos para que cada agricultor se ponga las pilas y sepa lo que tiene que hacer en cada momento.

¿Qué visión hay en el mundo de Rioja?

Aunque nos pueda parecer lo contrario, Rioja tiene mucho trabajo por hacer porque la realidad es que es muy poco conocida a nivel mundial. En ocasiones, por el hecho de estar aquí nos creemos el ombligo del mundo, pero yo invitaría a que mucha gente de La Rioja a viajar y conocer lo que sucede fuera. Somos grandes aquí pero no somos tan grandes a nivel mundial. En ocasiones se me ha achacado mucho la cantidad de referencias que tengo en la bodega de vinos de fuera de Rioja. Pero para conocer de verdad lo que es y significa Rioja hay que compararse con lo que existe en el mercado, donde se compite con todo el mundo y con vinos de una calidad extraordinaria. A Rioja lo que le hace falta es tener una producción mayor de vinos de calidad. Una bodega va a ser grande cuando sea capaz de producir 100.000 botellas de vino de alta calidad, con 5.000 u 8.000 botellas no es suficiente.

¿De quién depende?

Del mercado. Si pide vinos económicos se dan vinos de este tipo o al revés. Al final, tienes que ser capaz de posicionarte activando la oferta en la que tú quieras o te sientas capaz de competir. En el caso de Rioja la apuesta tiene que ser la calidad por encima de cualquier otra cosa. Siempre va a haber una denominación capaz de elaborar vinos con una buena relación entre calidad y precio, por eso es necesario la apuesta decidida por la máxima calidad y seguir adelante apostando por una identidad mayor que la que existe actualmente.

¿Cómo se logra una identidad con mil singularidades?

Apostando por algo. Actualmente tenemos una identidad de Rioja, pero es que esa identidad se ha trastocado con el tema de unos vinos de una calidad no tan alta, unos vinos que durante unos años se han considerado maderizados, que sabían a tablón, que no aportaban nada y muchos sumilleres dejaron de tomar Rioja. Una identidad múltiple es Borgoña que es la tierra de las parcelas extremadamente diferenciadas, pero que tienen un componente esencial que es su geografía humana, cada viticultor que es capaz de apostar por defender lo suyo. Y se defiende a cada uno a través de la identidad de todo el mundo. Rioja tiene que apostar por caminar todos en una misma dirección a sabiendas de que cada uno de los vinos sean distintos entre ellos.

¿Qué ha sentido con el premio que ha recibido?

En primer lugar, un gran cúmulo de emociones porque que nos lo den a nosotros con los grandes profesionales que estaban nominados es impresionante. Además, no se trata de un premio que te lo dan por tener un día bueno en un concurso, es la valoración de una trayectoria en la que llevo muchos años empeñado. Es más un reconocimiento a una trayectoria. Lo valora la gente que pasa por nuestro restaurante, que ha estado en catas o en ponencias en bodegas y han visto cuál es nuestra actitud en este mundo. La verdad es que cuando me mandaron la carta con lo que habían dicho en mi presentación me quedé totalmente abrumado. No sé si soy el que más conoce el vino clásico de Rioja, ni mucho menos, pero sí me considero un gran defensor y divulgador de estos grandes vinos hacia los que siento una enorme devoción.

¿Cómo definiría su nueva bodega?

Siempre he disfrutado al máximo en la bodega del restaurante y la verdad es que cada vez que he tenido la oportunidad de invitar a alguien he podido percibir la enorme pasión de muchas de las personas que han venido conmigo. La nueva bodega nace de la idea de compartir todas mis botellas, exponiéndolas y para disfrute de las personas que quieran conocerlas. En esta bodega, con más de 1.100 referencias de vino expongo buena parte de mi vida de sumiller y de aficionado a este mundo.

¿Qué tiene que tener un vino para llegar a la bodega de su restaurante?

En primer lugar me tiene que emocionar, me tiene que decir algo, no sé... un chispazo. Me tiene también que dar juego gastronómico, para acompañarlo de un plato de verduras, caza... o que tenga detrás una historia emotiva que pueda relatar con emoción a mis comensales. Si un vino posee alma tiene cabida en esta bodega.