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La importancia de una buena poda

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Un equipo de poda en una finca de La Rioja Alta / JUSTO RODRÍGUeZ

  • La nueva normativa del Consejo Regulador aconseja ser cuidadoso con esta labor

  • El control de yemas por hectárea es la mejor receta para evitar los excesos de producción y gastos posteriores como el aclareo de racimos

En todas las profesiones existen momentos en el que la realización de una actividad concreta adquiere vital importancia para el buen desarrollo de la actividad. En la viticultura esa actividad principal es la poda.

Hace un año aproximadamente, en otro artículo publicado en este periódico, establecía la importancia del uso de personal especializado para dicha poda y denunciaba la no utilización de cuadrillas profesionales en nuestros campos que garantizaran la realización de un trabajo eficaz y racional, puesto que el no cuidado de esta operación provoca que arrastrásemos deficiencias técnicas a lo largo de todo el ciclo vegetativo.

Como todos sabemos ya, el Consejo Regulador va a poner en practica un nuevo reglamento o pliego de condiciones con el objetivo de implantar un nuevo, y no exento de polémica visto lo de las vendimias pasadas, sistema de calidad (esta campaña será de prueba y adaptación pero de obligatorio cumplimiento para la campaña 2018) donde pone de manifiesto la necesidad de cumplir con las exigencias productivas determinadas por los Servicios Técnicos.

En definitiva, este hecho supone que deberemos adaptar nuestros viñedos a esta nueva normativa y eso se consigue con una buena y adecuada poda, con la que se puede trabajar para limitar el número de yemas dejadas en el viñedo regulando así la producción y reduciendo mucho las posteriores acciones que debemos tomar para cumplir fielmente con la nueva normativa.

Por lo tanto, mediante la poda, podemos determinar la carga de nuestro viñedo, es decir, el número de yemas fructíferas por hectárea. Este valor de carga estará íntimamente unido al rendimiento final de nuestra parcela. En consecuencia, con una buena poda y conociendo otros aspectos de nuestro viñedo (grado de fertilidad de yemas, vigor.etc), podemos ajustarnos muy mucho a los valores técnicos establecidos, como norma general por el Consejo Regulador y reducir considerablemente los gastos adicionales que pudiesen surgir por ese posible exceso de producción en el que podríamos incurrir.

En este último caso, nos veremos obligados a acarrear con el coste de un posterior aclareo de racimos, labor que como todos sabemos es cara, tanto económica como emocionalmente para nuestros viticultores.

En definitiva, vuelvo a incidir en valorar una práctica necesaria e imprescindible en nuestros modelos de viticultura, así como la necesidad de ser llevada a cabo por personal adecuado, con material técnico en perfecto estado y, a ser posible, supervisado por personas que conozcan los viñedos y su posterior desarrollo vegetativo. Todo ello con el fin de poder ajustar ésta a cada parcela podada y no basarnos solamente en criterios de rapidez y bajada de costes. Pero en fin, quizás esto sea todavía mucho pedir.

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