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Antonio Aragón, junto a algunas de las piezas de la exposición. :: Andrea Aragón

  • La muestra 'La cultura del vino' recoge piezas antiguas destinadas al consumo y la elaboración de vino

40 años de búsqueda y pasión han sido necesarios para recopilar las piezas que hasta el próximo día 28 podrán verse en el Hotel de Vallejo en una exposición que lleva por título 'La cultura del vino' y que reúne las principales piezas de la colección de Antonio Aragón Lara, un joyero nacido en Madrid, pero riojano de adopción, que desarrolló su profesión y su pasión en Suiza.

La muestra es un recorrido por jarras, catadores de estaño, libros, pinturas o sacacorchos, que en algunos casos se esconden bajo formas extrañas que hacen dudar al espectador sobre el verdadero uso para el que fueron desarrollados en su momento.

Además, la exposición cuenta con una de las piezas que para el coleccionista es de las más valiosas que se pueden ver en la sala. Se trata de un grabado original de un mapa de La Rioja del año 1787. Se trata de un momento muy importante para los exportadores de los excedentes de vino. «En este grabado se puede observar la -por aquel entonces- nueva carretera hasta Bilbao, que permitía transportar sin problemas las barricas de vino desde los meses de octubre hasta la primavera, y que aseguraba poder mantener una vía de exportación a América», cuenta Aragón.

Gracias a su mujer, Carmen, nació su cariño por La Rioja y su pasión por descubrir piezas singulares relacionadas con el mundo del vino. Una pasión que con el tiempo se convirtió en una gran colección, de la que una parte muy significativa puede ser disfrutada en esta exposición. «Empecé por curiosidad y el deseo de tener piezas antiguas relacionadas con el mundo del vino. Poco a poco vas sumando y al final la colección es muy grande», explica.

Las jarras de estaño que pueden verse en la colección también tienen un gran valor, ya que, como cuenta Aragón «eran muy utilizadas, ya que el estaño competía con la plata como metal noble».

Además, y como espacio curioso, la muestra invita al espectador a descubrir las autenticidad o no de algunos de los objetos. «Una parte de la colección de sacacorchos son copias realmente bien conseguidas, así que el espectador debe, mediante un teclado interactivo, descubrir cuáles son las realmente antiguas», explica Aragón.