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El viñedo se echa al monte

Plantación en altura, en Rioja, con la Sierra de Cantabria al fondo. :: A. R.
Plantación en altura, en Rioja, con la Sierra de Cantabria al fondo. :: A. R.
  • El cambio climático está rompiendo límites o conceptos agronómicos inmutables

  • Hasta hace 20 años, el límite de cultivo en Rioja se situaba no más allá de 750 metros de altitud; hoy se está plantando ya por encima de dicha cota

Si la vid fuera una persona diríamos que es «de buen conformar». La poca exigencia del viñedo en cuanto a ecosistema permite hacer vino en los lugares más recónditos del planeta. A prácticamente todas las civilizaciones ha llegado la vid. Cuando un imperio se expandía había que asegurar la provisión de vino, por lo que si el cultivo de la vid no existía se plantaban vides y se creaba afición cultivando (enseñando) a los nativos del lugar. En la antigüedad, la vid tuvo su mayor desarrollo en el área mediterránea, donde las condiciones eran las más idóneas para que la uva madurara, donde la suavidad de sus inviernos permitían su supervivencia frente a las heladas.

Desde los inicios de la actividad agrícola, el hombre ha sabido donde se podía cultivar la viña y donde daba lugar a vinos de mayor calidad. Esto no quiere decir que en aquellos enclaves en que las condiciones no favorecían el cultivo se renunciaba al disfrute del vino. Ni mucho menos, se plantaba en la solana, en las zonas más resguardadas de las heladas, en las menos propensas a plagas y enfermedades y si, aun con esto, la maduración era deficiente, se enriquecía el vino con azúcar o miel para aumentar el grado, hacer el vino bebible y, facilitar, de paso, la conservación el mayor tiempo posible.

Así, la viña ha llegado a prácticamente toda la geografía española. Aunque ahora no se vean viñedos plantados, solo hace falta fijarse en las decoraciones con motivos vitícolas de edificios civiles o religiosos o en las vides aisladas en algunos casos asilvestradas para constatar su presencia anterior.

Desde siempre, allí donde la vid se ha cultivado, las plantaciones se han dirigido a los terrenos más pobres, donde otros cultivos, bien por ausencia de agua, pendiente elevada o presencia abundante de piedras o rocas, no daban el rendimiento adecuado. El vino ha sido hasta hace pocos años un complemento alimenticio más, pero el pan, las frutas o las hortalizas, eran irreemplazables y más 'señoritos', por lo que los terrenos agrícolamente más aptos se reservaban para estos cultivos.

Así es y ha sido durante siglos, pero en los últimos 30 años la evolución ha sido más rápida que lo que venía siendo hasta ahora: en unos casos el viñedo se ha extendido rápidamente a latitudes hasta ahora desconocidas, mientras que en otros ha desaparecido o se ha trasladado a otros enclaves distintos.

Viñedos de altura

Hasta hace no más de 20 años, la gran mayoría de los viñedos no alcanzaban alturas superiores a los 500 metros. Aun con todo, la graduación media del vino era inferior a la actual.

Era entonces cuando se fijaba como límite técnicamente recomendable para el cultivo de la vid para vinificación una altitud sobre el nivel del mar inferior a 750 metros. Ésa era la altura máxima que en Rioja, con contadísimas excepciones, el viñedo se localizaba. Altitud que los técnicos no recomendábamos sobrepasar para que la maduración se completara correctamente. Hoy esa cifra se supera en las nuevas plantaciones de blanco (tipo de vino que demanda mayor chispa y riqueza aromática), pero también en tinto. Es por eso que ningún técnico cuestionaría hoy una plantación únicamente por hacerse a cotas elevadas. Ciñéndonos a Rioja, vemos plantaciones a los mismos pies de la Sierra Cantabria, en el monte Yerga, Sierra Carbonera, Montes Obarenes, Sierra de la Hez, Sierra de Moncalvillo, Sierra de Alcarama,.a cotas que ni siquiera nos planteábamos hace apenas unos pocos años.

Con todo ello la altura máxima en la que se planta en Rioja todavía queda lejos de la que alcanzan viñedos en nuestra península. Concretamente en la Alpujarra granadina podemos encontrar viñas con altitud próxima a los 1.300 metros. Un poco más lejos, pero también dentro del territorio nacional, en Canarias, al Sur de Tenerife (DO Abona), se pueden ver plantaciones a alrededor de 1.800 metros, las más altas de Europa. Pero, si de récords se trata, es necesario ir a los pies del Himalaya para encontrar viñedos aislados cerca de la cota de los 3.000.

La plantación en altura se ha convertido en un aval de calidad y es un hecho que, debido al cambio climático, se han producido cambios en el fenómeno madurativo: las vendimias se adelantan año tras año, los niveles de alcohol aumentan y la acidez cae, perdiendo los vinos frescura y capacidad de guarda.

Igualmente observamos en Rioja y en otras áreas vitivinícolas mundiales, cómo localizaciones para el viñedo, que antaño por su altitud se consideraban extremas e incluso inviables, resultan ahora mejor que las tradicionales a menor altura. Sufren de menos estrés térmico, de un menor acoso de enfermedades y plagas y su maduración es más pausada.

Estos enclaves en altura dan lugar a vinos con menos graduación, mayor carga aromática, color más estable y mayor acidez; más próximos a los vinos de las, hasta hace poco, áreas naturales o tradicionales de cultivo, que por el cambio climático han modificado su perfil.

Estos cambios en el cultivo del viñedo deben hacernos reflexionar sobre hasta que punto límites o conceptos agronómicos que creíamos inmutables tienen vigencia hoy y tendrán en el futuro. Los nuevos escenarios están dando lugar a nuevos retos a los que el viticultor, el agrónomo y el enólogo debe enfrentarse. Para ello ha de pensarse en soluciones como la búsqueda de material vegetal adaptado, diferentes sistemas de cultivo, u opciones, como la que hoy nos ocupa: la plantación en altura. Del mismo modo debe contemplarse la modificación o flexibilización de la normativa vitivinícola que permita el encaje de soluciones que ahora ni se contemplan.

Plantar en altura no es solo una moda es también una exigencia consecuencia del cambio climático. Lo demuestran las plantaciones que se han hecho en los últimos años y que han dado en general lugar a vinos muy particulares e interesantes y en la línea de los gustos actuales. ¿Quién sabe si, como en esa serie de televisión, en un futuro veremos viñedos y bodegas en Ezcaray?