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El arte único del ensamblaje

Tres momentos del taller de ensamblaje celebrado el lunes en la Universidad de La Rioja. :: A. A.
Tres momentos del taller de ensamblaje celebrado el lunes en la Universidad de La Rioja. :: A. A.
  • La UR acogió un taller de ensamblaje de vinos con la presencia de Pedro Ballesteros

La Asociación del Barrio de la Estación y la Universidad de La Rioja organizaron el lunes el 'Taller de Ensamblaje de Vinos Pedro Ballesteros MW', dirigido a estudiantes del Grado de Enología de la UR, que contó con la participación del único 'Master of Wine' español y los enólogos Agustín Santolaya (Bodegas Roda), Alejandro López (Bodegas Bilbaínas) e Isaac Muga (Bodegas Muga). La idea de esta actividad era profundizar en las claves del ensamblaje, un arte esencial en la producción de vinos de calidad y particularmente característico de los vinos clásicos de Rioja.

Cada uno de los tres enólogos propuso un reto a los 70 alumnos de Enología de la UR con la idea de que ellos por sí solos profundizaran en las fórmulas que cada una de las tres bodegas tiene para la elaboración de sus reputados caldos. Comenzó Agustín Santolaya, que explicó el origen de Roda y dos conceptos fundamentales en la elaboración de sus vinos: las maduraciones en frutas rojas (notas de especias dulces y una festiva frescura, cereza) y frutas negras (hondas, casi siempre dominadas por la ciruela, acompañada de notas minerales, chocolate, sensaciones balsámicas). Puso cuatro muestras (dos de cada una de las maduraciones) para que fueran identificadas y a partir de ese momento crear con su mezcla dos vinos diferentes.

Alejandro López, antiguo alumno de la UR, relató la historia y los orígenes de Bilbaínas, su vinculación centenaria a Haro y la trayectoria de sus 111 vinificaciones. La idea era elaborar la mezcla de un futuro reserva y otro gran reserva con cuatro muestras diferentes. Dos tempranillos de 2015 de dos viñedos diferentes para el reserva, y un tempranillo en vaso de 40 años y un graciano para el gran reserva. Se trataba de dar equilibrio a las mezclas, en una buscando un vino de trago más largo y de carácter gastronómico y el segundo, un vino con la suficiente acidez para pervivir a lo largo de los años. La mezcla sabia y perfecta con el graciano resultaba esencial.

Por último, Isaac Muga diferenció sus muestras con las cuatro variedades fundamentales de su bodega: tempranillo, garnacha, graciano y mazuelo. Los alumnos tenían que descubrir que muestra se correspondía con cada variedad y a partir de ese momento, crear su propio Torre Muga ajustando la mezcla a la idea de equilibrio, profundidad y las notas características de todas las variedades y su respuesta al conjunto final.

Cada alumno pudo disfrutar del juego de mezclas y sensaciones y penetrar en el alma de los vinos nacidos de varios viñedos y en los que el trabajo enológico resulta vital para conseguir el resultado deseado.

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