Arquitectura enológica
29/10/2009
María Burúa, directora técnica de LAN, durante la cata / E.D.R.
María Barúa, directora técnica de LAN, presentó para lomejordelvinoderioja.com toda la gama de la bodega. Aquí te contamos cómo fue la cata del pasado miércoles, vino a vino.
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TEXTO: A.GIL
La arquitectura se ha convertido en los últimos años en seña de identidad de importantes bodegas que han recurrido a afamados arquitectos para ‘envolver’ de glamour la elaboración de vinos. No es el caso de bodegas LAN, quien, sin embargo, sí ha aplicado el más básico y útil concepto arquitectónico en su propuesta enológica. Desde que a partir de 1994 inició una clara apuesta por los vinos de calidad, LAN ha ido piedra a piedra construyendo una gran base empresarial que descansa sobre uno de los mejores crianzas de Rioja. En el éxito de este vino se asientan las dos líneas conceptuales de LAN: la más tradicional y la de las vinos de finca, producciones limitadas que han aportado a la bodega una imagen vanguardista e innovadora.
La propuesta de cata de María Barúa para lomejordelvinoderioja.com fue sencilla: probar todo, de mayor a menor complejidad, de la base a la cúpula. Así, el LAN crianza 2005 es “nuestro vino más importante”, en las propias palabras de la enóloga. “Mi reto con este vino -explica- es mantener la calidad, año a año, conjugando fruta y juventud con la crianza en madera”.
En la cata, es reflejo de las típicas frutas rojas del tempranillo, con aromas especiados aportados por una crianza en roble mixto: “Barricas con duelas americanas y tapas de roble francés”, detalla Barúa, orgullosa de un delicado y cuidado trabajo de la crianza para no echar a perder la política de calidad aplicada en el campo
El Lan Reserva 2004 es el hermano mayor del crianza. También criado en roble mixto, pero más tiempo hasta conseguir un vino más balsámico, con predominio de frutas rojas, pero más maduras: “La características principal de nuestros vinos –indica la enóloga- es que sean amables, es decir, que no saturen e inviten a beber, pero sin renunciar a cierta estructura y predominio frutal”.
El Lan Gran Reserva 2002 es otro concepto. Es el vino más clásico, con selección de uvas, tanto geográficas (zonas con mayor acidez de Ollauri y Haro) como por edad (viñas de más de 30 años y bajo rendimiento). Los grandes reservas no viven buenos momentos, ya que su complejidad y su necesaria evolución y madurez no encuentran en muchas ocasiones comprensión. El catado anteayer muestra fruta muy, muy madura, quizás en exceso y probablemente por las limitaciones de la añada, pero con la combinación de complejidad y elegancia sólo al alcance de las largas crianzas.
Hasta ahí el LAN más tradicional, que no clásico. La segunda parte de la cata se centra en el viñedo, en el maravilloso paisaje de Viña Lanciano en el Cortijo, una de las extensiones más grandes de Rioja con personalidad marcada por pobrísimos suelos de canto rodado que condicionan una maduración adelantada. Este hecho permite a LAN entrar con su gama más alta en los vinos más estructurados, con predominio de las frutas negras y envueltos en la sutilidad de los robles franceses. El Viña Lanciano Reserva 2004 da nombre a la finca y fue uno de los protagonista del resurgir de LAN a mediados de los noventa. Catalogado entonces como vino moderno hoy pocos lo definirían así: “Hacemos tres vinos en esa finca que tenemos caracterizada en 24 parcelas diferentes y, aunque a priori, cada uno de ellos se nutre de uvas de rincones determinados, no siempre es así, dependiendo de la añada”, explica María Barúa. “El Viña Lanciano es de mis favoritos; con un 80% de tempranillo y un 20% aproximadamente de mazuelo, obtenemos un vino amplio y carnoso, pero muy elegante y con un carácter mineral común a las tres elaboraciones”.
El LAN Edición Limitada 2005 es otro concepto. Aunque no pensado a priori para el consumidor americano, la enóloga reconoce que es allí donde mejor es recibido y donde, de hecho, ha obtenido más premios. “Es de la misma finca, pero las uvas proceden de otras parcelas, se ha criado con robles distintos [sólo francés, mientras que el anterior incorpora también el caucásico] y con tiempos claramente más cortos [entre ocho y 10 meses] para un vino en el que domina la estructura, la potencia, aunque como en todas nuestras referencias, sin renunciar a la elegancia.
La cata culmina, como no podía ser de otra forma, con el Culmen 2004, el tercer reserva de la noche y el tercer concepto enológico para una misma categoría que sólo se hace en añadas de gran calidad (del 2001 pasa al 2004, le seguirá 2005, pero aún esta por ver cuál será la siguiente). De nuevo, un vino de gran estructura, con frutas muy maduras, y a diferencia del anterior, con una larga crianza, con la que María Barúa “doma” la intensidad del Culmen. “Aunque la estructura es evidente –indica la enóloga-, si habría que destacar un rasgo característico de este vino yo diría la elegancia”.
El blanco gallego
LAN fue de las primeras bodegas en buscar un vino blanco de referencia fuera de Rioja. Lo encontró en O´Rosal, una de las subzonas de Rías Baixas, y con la oportunidad de comprar la bodega Santiago Ruiz, el pionero en llevar los depósitos de acero inoxidable para la elaboración en frío de los blancos en Galicia. El blanco Santiago Ruiz 2008, que abrió la cata, es un vino de finca y, como sucede también en los grandes viñedos de Rioja, con una variedad, dominante, el albariño, pero completada con otras autóctonas gallegas como treixadura, loureiro, caiño o godello: “Me gustan los vinos de mezcla, tanto los tintos como los blancos, porque ganan en complejidad”, confiesa María Barúa. El Santiago Ruiz es un, hasta cierto punto, poco convencional vino de Rías Baíxas: con estructura, volumen y una acidez que la permite, un año después de su embotellado, presentarse en plenitud. Mucho más que un blanco de verano.
La arquitectura se ha convertido en los últimos años en seña de identidad de importantes bodegas que han recurrido a afamados arquitectos para ‘envolver’ de glamour la elaboración de vinos. No es el caso de bodegas LAN, quien, sin embargo, sí ha aplicado el más básico y útil concepto arquitectónico en su propuesta enológica. Desde que a partir de 1994 inició una clara apuesta por los vinos de calidad, LAN ha ido piedra a piedra construyendo una gran base empresarial que descansa sobre uno de los mejores crianzas de Rioja. En el éxito de este vino se asientan las dos líneas conceptuales de LAN: la más tradicional y la de las vinos de finca, producciones limitadas que han aportado a la bodega una imagen vanguardista e innovadora.
La propuesta de cata de María Barúa para lomejordelvinoderioja.com fue sencilla: probar todo, de mayor a menor complejidad, de la base a la cúpula. Así, el LAN crianza 2005 es “nuestro vino más importante”, en las propias palabras de la enóloga. “Mi reto con este vino -explica- es mantener la calidad, año a año, conjugando fruta y juventud con la crianza en madera”.
En la cata, es reflejo de las típicas frutas rojas del tempranillo, con aromas especiados aportados por una crianza en roble mixto: “Barricas con duelas americanas y tapas de roble francés”, detalla Barúa, orgullosa de un delicado y cuidado trabajo de la crianza para no echar a perder la política de calidad aplicada en el campo
El Lan Reserva 2004 es el hermano mayor del crianza. También criado en roble mixto, pero más tiempo hasta conseguir un vino más balsámico, con predominio de frutas rojas, pero más maduras: “La características principal de nuestros vinos –indica la enóloga- es que sean amables, es decir, que no saturen e inviten a beber, pero sin renunciar a cierta estructura y predominio frutal”.
El Lan Gran Reserva 2002 es otro concepto. Es el vino más clásico, con selección de uvas, tanto geográficas (zonas con mayor acidez de Ollauri y Haro) como por edad (viñas de más de 30 años y bajo rendimiento). Los grandes reservas no viven buenos momentos, ya que su complejidad y su necesaria evolución y madurez no encuentran en muchas ocasiones comprensión. El catado anteayer muestra fruta muy, muy madura, quizás en exceso y probablemente por las limitaciones de la añada, pero con la combinación de complejidad y elegancia sólo al alcance de las largas crianzas.
Hasta ahí el LAN más tradicional, que no clásico. La segunda parte de la cata se centra en el viñedo, en el maravilloso paisaje de Viña Lanciano en el Cortijo, una de las extensiones más grandes de Rioja con personalidad marcada por pobrísimos suelos de canto rodado que condicionan una maduración adelantada. Este hecho permite a LAN entrar con su gama más alta en los vinos más estructurados, con predominio de las frutas negras y envueltos en la sutilidad de los robles franceses. El Viña Lanciano Reserva 2004 da nombre a la finca y fue uno de los protagonista del resurgir de LAN a mediados de los noventa. Catalogado entonces como vino moderno hoy pocos lo definirían así: “Hacemos tres vinos en esa finca que tenemos caracterizada en 24 parcelas diferentes y, aunque a priori, cada uno de ellos se nutre de uvas de rincones determinados, no siempre es así, dependiendo de la añada”, explica María Barúa. “El Viña Lanciano es de mis favoritos; con un 80% de tempranillo y un 20% aproximadamente de mazuelo, obtenemos un vino amplio y carnoso, pero muy elegante y con un carácter mineral común a las tres elaboraciones”.
El LAN Edición Limitada 2005 es otro concepto. Aunque no pensado a priori para el consumidor americano, la enóloga reconoce que es allí donde mejor es recibido y donde, de hecho, ha obtenido más premios. “Es de la misma finca, pero las uvas proceden de otras parcelas, se ha criado con robles distintos [sólo francés, mientras que el anterior incorpora también el caucásico] y con tiempos claramente más cortos [entre ocho y 10 meses] para un vino en el que domina la estructura, la potencia, aunque como en todas nuestras referencias, sin renunciar a la elegancia.
La cata culmina, como no podía ser de otra forma, con el Culmen 2004, el tercer reserva de la noche y el tercer concepto enológico para una misma categoría que sólo se hace en añadas de gran calidad (del 2001 pasa al 2004, le seguirá 2005, pero aún esta por ver cuál será la siguiente). De nuevo, un vino de gran estructura, con frutas muy maduras, y a diferencia del anterior, con una larga crianza, con la que María Barúa “doma” la intensidad del Culmen. “Aunque la estructura es evidente –indica la enóloga-, si habría que destacar un rasgo característico de este vino yo diría la elegancia”.
El blanco gallego
LAN fue de las primeras bodegas en buscar un vino blanco de referencia fuera de Rioja. Lo encontró en O´Rosal, una de las subzonas de Rías Baixas, y con la oportunidad de comprar la bodega Santiago Ruiz, el pionero en llevar los depósitos de acero inoxidable para la elaboración en frío de los blancos en Galicia. El blanco Santiago Ruiz 2008, que abrió la cata, es un vino de finca y, como sucede también en los grandes viñedos de Rioja, con una variedad, dominante, el albariño, pero completada con otras autóctonas gallegas como treixadura, loureiro, caiño o godello: “Me gustan los vinos de mezcla, tanto los tintos como los blancos, porque ganan en complejidad”, confiesa María Barúa. El Santiago Ruiz es un, hasta cierto punto, poco convencional vino de Rías Baíxas: con estructura, volumen y una acidez que la permite, un año después de su embotellado, presentarse en plenitud. Mucho más que un blanco de verano.
Comentarios de los usuarios
| 07/12/2009: La mejor cata de todas hasta la fecha. Con razón que LAN esté donde esta. Sobresaliente María Barua. | |
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