Caída de hojas e inicio de la poda
20/12/2011
Julián Palacios (Enonatura)
Julián Palacios, ingeniero técnicode Enonatura, continúa comentándonos la situación del viñedo, en tiempo de poda: "Que este año ha sido atípico en lo climatológico ya lo hemos comentado varias veces, siendo tema recurrente de las conversaciones del día a día. Y es que este año va a ser atípico hasta el final… ¿dónde están las lluvias del otoño, los días fríos y las heladas tan habituales en estas fechas?"
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TEXTO: Julián Palacios Muruzábal
Una vez terminada la vendimia, liberadas las cepas de la carga de las uvas, el trabajo de las hojas tiene como fin la acumulación de reservas en la planta para la próxima campaña. En un símil con la hormiga de la conocida fábula La hormiga y la cigarra podemos decir que “las hojas trabajan para guardar para cuando no hay”. Por ello, es deseable que tras la vendimia el estado sanitario de las hojas sea bueno y estas permanezcan en la planta el mayor tiempo posible. De este modo las hojas enviarán reservas hacia las raíces a través de la fotosíntesis, y cediendo sus nutrientes a la planta antes de caer de forma natural.
El tiempo que permanecen las hojas en las plantas está definido por varios factores, por una parte depende del estado vegetativo de la planta (evolución del ciclo, estrés, sanidad…), y por otra de las condiciones climatológicas del otoño (lluvias, viento y heladas).
Este año las plantas sufrieron una sequia importante durante el verano. Era de esperar que la caída de las hojas se produjera rápidamente puesto que el estado vegetativo de las plantas en muchos casos era de debilidad. Sin embargo, esto no ha sido así. Las hojas han permanecido en los viñedos hasta hace pocos días, y todavía pueden verse viñas en ciertas zonas y de ciertas variedades donde aquellas se resisten a caer. ¿Cuál es el motivo? Nuevamente encontramos la explicación en lo atípico del año: pocas lluvias desde vendimia (de hecho podemos afirmar que la sequía continúa), pocos días con viento fuerte, y prácticamente nulas o muy ligeras heladas.
Es un hecho positivo que las hojas hayan permanecido tanto tiempo en la planta. Habrán acumulado reservas en las cepas favoreciendo la brotación de la próxima campaña.
Una vez se han caído las hojas de las cepas tiene su inicio oficioso la temporada de poda de las viñas. Muchos viticultores están esperando a que las hojas desaparezcan para entrar tijera en mano en los viñedos. Como ya se ha comentado la caída de las hojas suele venir acompañada de los primeros fríos y heladas del otoño. Estos fríos y heladas favorecen la parada invernal de las plantas, y “curan” la madera de los sarmientos (desaparece por completo todo el movimiento de savia y la lignificación se completa). Es entonces cuando la poda se realiza de la mejor manera, los sarmientos están secos, los cortes con la tijera son limpios, la cicatrización de las heridas es correcta, etc.
Este año todavía no han llegado las heladas y fríos habituales de estas fechas, por lo que será mejor no empezar a podar hasta que esto suceda. Aunque también existen otros condicionantes que influyen en esa decisión. El invierno es largo y hay muchos días para podar, pero por otra parte los días son más cortos, hay días en los que las lluvias y nieves impiden salir al campo, y se trata de un trabajo solitario en general, por lo que muchos viticultores prefieren empezar pronto para que luego “no les pille el toro”.
Todo viticultor conoce bien sus viñedos, su situación y sus condicionantes. Y es seguro que decidirá el inicio de la poda pensando en lo mejor para las cepas, para que la próxima campaña estén en condiciones de producir las mejores uvas.
Una vez terminada la vendimia, liberadas las cepas de la carga de las uvas, el trabajo de las hojas tiene como fin la acumulación de reservas en la planta para la próxima campaña. En un símil con la hormiga de la conocida fábula La hormiga y la cigarra podemos decir que “las hojas trabajan para guardar para cuando no hay”. Por ello, es deseable que tras la vendimia el estado sanitario de las hojas sea bueno y estas permanezcan en la planta el mayor tiempo posible. De este modo las hojas enviarán reservas hacia las raíces a través de la fotosíntesis, y cediendo sus nutrientes a la planta antes de caer de forma natural.
El tiempo que permanecen las hojas en las plantas está definido por varios factores, por una parte depende del estado vegetativo de la planta (evolución del ciclo, estrés, sanidad…), y por otra de las condiciones climatológicas del otoño (lluvias, viento y heladas).
Este año las plantas sufrieron una sequia importante durante el verano. Era de esperar que la caída de las hojas se produjera rápidamente puesto que el estado vegetativo de las plantas en muchos casos era de debilidad. Sin embargo, esto no ha sido así. Las hojas han permanecido en los viñedos hasta hace pocos días, y todavía pueden verse viñas en ciertas zonas y de ciertas variedades donde aquellas se resisten a caer. ¿Cuál es el motivo? Nuevamente encontramos la explicación en lo atípico del año: pocas lluvias desde vendimia (de hecho podemos afirmar que la sequía continúa), pocos días con viento fuerte, y prácticamente nulas o muy ligeras heladas.
Es un hecho positivo que las hojas hayan permanecido tanto tiempo en la planta. Habrán acumulado reservas en las cepas favoreciendo la brotación de la próxima campaña.
Una vez se han caído las hojas de las cepas tiene su inicio oficioso la temporada de poda de las viñas. Muchos viticultores están esperando a que las hojas desaparezcan para entrar tijera en mano en los viñedos. Como ya se ha comentado la caída de las hojas suele venir acompañada de los primeros fríos y heladas del otoño. Estos fríos y heladas favorecen la parada invernal de las plantas, y “curan” la madera de los sarmientos (desaparece por completo todo el movimiento de savia y la lignificación se completa). Es entonces cuando la poda se realiza de la mejor manera, los sarmientos están secos, los cortes con la tijera son limpios, la cicatrización de las heridas es correcta, etc.
Este año todavía no han llegado las heladas y fríos habituales de estas fechas, por lo que será mejor no empezar a podar hasta que esto suceda. Aunque también existen otros condicionantes que influyen en esa decisión. El invierno es largo y hay muchos días para podar, pero por otra parte los días son más cortos, hay días en los que las lluvias y nieves impiden salir al campo, y se trata de un trabajo solitario en general, por lo que muchos viticultores prefieren empezar pronto para que luego “no les pille el toro”.
Todo viticultor conoce bien sus viñedos, su situación y sus condicionantes. Y es seguro que decidirá el inicio de la poda pensando en lo mejor para las cepas, para que la próxima campaña estén en condiciones de producir las mejores uvas.
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