Cuestión de personalidad

30/04/2008

María Vargas muestra en el mapa la localización de la bodega Pazo de Barrantes. Fotos: Juan Marín

Marqués de Murrieta presentó el martes por la noche para lomejordelvinoderioja.com los frutos del proceso de actualización de todas sus marcas iniciado con el cambio de siglo y concluido ahora con la próxima salida al mercado del Castillo de Ygay 2000, una exclusiva primicia cortesía de María Vargas para nuestros aficionados.

Listado de asistentes a la cata.

Así fue nuestro videochat con María Vargas

Galería de fotos de la cata

Vinos de la cata

Texto: A. Gil

Los pasos de una bodega centenaria, que aspira a cumplir otros cientos de años, son cortos, pero firmes y los aficionados de lomejordelvinoderioja.com pudieron compartir con María Vargas, directora técnica de Marqués de Murrieta, el último trecho de un camino iniciado hace ahora ocho años con la renovación de todas las marcas de la bodega.

La actualización de los vinos fue una encomienda expresa del propietario Vicente Dalmau Cebrián a la joven enóloga y concluyó ayer con la presentación en exclusiva primicia del Castillo de Ygay, gran reserva 2000, el santo y seña de esta casa centenaria.

El origen de la bodega data de 1852, añada del primer reconocimiento público que Don Luciano de Murrieta recibió como resultado de aplicar las técnicas bordelesas con el objetivo de conseguir lo hasta entonces desconocido en Rioja: la conservación de los vinos, algo que, precisamente, ha distinguido a Murrieta a lo largo de toda su historia hasta el punto de que una de las míticas antiguas añadas del siglo XIX batió a finales de los 80 en Sotheby´s el récord pagado en una subasta por una botella de vino.

El experimento de Luciano de Murrieta fue un éxito y las dos partidas de aquel primer vino enviadas a México y La Habana en 1852 tuvieron una extraordinaria acogida que animó al fundador a comprar la finca Ygay (en 1876) y edificar el chateau (castillo) que, tras varios años de delicada y minuciosa rehabilitación, volverá a abrirse a finales del 2008.

Marqués de Murrieta ha tenido dos familias propietarios en su larga historia, manteniendo una esencia y una personalidad que los actuales titulares, la familia Creixell, están trasladando al siglo XXI. Vicente Cebrián Sagarriga compró la bodega en 1983 y, apenas 13 años después, falleció de forma repentina quedándose al frente sus dos jóvenes hijos, Vicente Dalmau, actual Conde de Creixell, y Cristina, quienes, huyendo de la fácil tentación de la venta, redoblaron las inversiones en el campo y en la bodega.

Con un equipo ‘extrañamente’ joven, emprendieron la difícil labor de renovar todo el catálogo de la bodega. “Tenía 27 años y, si no llega a ser por la osadía de la juventud y la ilusión, seguramente no habría aceptado el reto”. Así recuerda María Vargas la llamada del propietario para comunicarle una “mala y una buena noticia”. “La mala –explica– era que el entonces enólogo dejaba Marqués de Murrieta y la buena que yo iba a asumir la dirección técnica para actualizar el estilo de todos los vinos".

La única cortapisa, si bien no escasa, con que se encontró María fue con la historia: “Queríamos evolucionar los vinos, no revolucionarnos, lo que significaba no renunciar en ningún caso a los vinos de guarda, finos y elegantes”.

La cata
Los aficionados pudieron comprobar la evolución, con una completísima cata de todas las marcas de Murrieta. El viaje comenzó en Galicia, con Pazo de Barrantes, una finca de diez hectáreas de albariño en torno a un precioso palacio del siglo XVI. Vargas presentó el Pazo de Barrantes 2007, una primicia recién embotellada, de un monovarietal albariño que supera los 13 grados en una calurosísima añada que dejó la producción en apenas un 50%: “Es un blanco muy concentrado y profundo, pero equilibrado, personal y escasamente típico”, avanzó María.

Y tanto. El lígero y ácido albariño convencional no encuentra su espejo en el Pazo de Barrantes: con estructura y complejidad, sin detrimento de los aromas ni de la frescura varietal, este blanco en un exponente de lo que algunos denominan las consecuencias del cambio climático, aunque probablemente tenga más que ver con la aplicación de unas técnicas de cultivo y elaboración distintas a las tradicionales en la zona en busca de una personalidad que Murrieta aspira a dar a todos sus vinos.

Llega el turno de otro blanco. Capellanía 2004, el heredero del clásico El Dorado, que se ha convertido en un monovarietal de viura de un único pago del mismo nombre. Ambos, mantienen en común larga crianza –aunque claramente menor para Capellanía – para mantener la tipicidad de los grandes blancos envejecidos que hace décadas fueron importantísimos en Rioja –y casi inimitables– y de los que hoy apenas quedan media docena de testimonios.

La enóloga define Capellanía como un vino “graso y complejo que crecerá en los próximos años en la botella”. De hecho, crece también a la largo de la cata, según se va abriendo, con una madera presente–se cría durante 18 meses en barrica de roble francés nueva–, pero que va integrandose según pasan los minutos. Capellanía es una marca de este siglo que, si bien conserva algunos principios básicos de El Dorado, no puede decirse que sea literalmente su propia evolución: desaparece el chardonnay, la malvasía y la garnacha blanca y la crianza se acorta en tiempo, pero se intensifica con roble francés nuevo que sustituye al tradicional americano.

La diversidad de las 300 hectáreas de la maravillosa finca Ygay por suelos, altitudes, exposiciones y edades de las viñas (desde tres hasta setenta años) se pone de manifiesto con los tintos. El Murrieta, Reserva 2003 está hecho con tempranillo, garnacha y mazuelo, tras un celoso trabajo por parcelas que se traduce entre 70 u 80 puntos de maduración diferentes. El vino se cría entre 8 y 10 meses en barrica nueva y el resto en barricas entre cinco y ocho años de edad. “El 2003 –detalla la enóloga– fue un año muy complicado por los extremos calores de verano y estamos ante un vino muy maduro, con aromas de lácteos, de cereza y otros frutos rojos, y de madera , pero siempre en segundo plano.

El nuevo Castillo
El telón se abre para la estrella de la noche. El Castillo de Ygay 2000, una referencia mítica de Rioja, que se presenta evolucionado por dentro y también por fuera. Los retoques de la peculiar y vanguardista etiqueta muestran ya las intenciones de María y de Vicente Dalmau con un vino en el que se define el viñedo del que va a proceder, la zona mas alta de la finca y las cepas de mas edad, así como las variedades: tempranillo y mazuelo.

Vargas se confiesa defensora del mazuelo, una uva que muchos enólogos denostan, seguramente por sus exigencias madurativas: “Es un buen complemento del tempranillo, por su expresión aromática y su acidez, que facilita la crianza larga que nosotros seguimos haciendo a nuestros vinos”. El resultado es un vino con más fruta, larguísima crianza (34 meses), aunque acortada respecto al anterior Castillo e intensificada con 10 meses de roble nuevo y un mínimo de 3 años en botella antes de salir al mercado, pero sin perder un ápice de elegancia y complejidad.

Para María, la primera vez que presenta en público este vino, es un momento crucial: “La renovación ha sido un trabajo difícil, arriesgado y, en ocasiones, criticado seguramente porque un equipo muy joven decidió dar pasos adelante en una bodega centenaria, pero modificar el Castillo de Ygay producía vértigo”, admite. “Sigue siendo el buque insignia de la bodega, nuestra imagen en España y en el mundo entero (Murrieta exporta el 50% de su producción), y hoy para mí es un día muy importante”.

Toda una prueba en la que los aficionados de lomejordelvinoderioja.com han tenido la suerte de ser el primer ‘jurado’. El Castillo de Ygay es efectivamente nuevo o, al menos, una evolución del mismo concepto. Incluso hay que esperar unos minutos para reencontrarse con esa típica nariz de los grandes clásicos. “No es ni mucho menos un vino moderno –explica María–, pero sí hallamos más fruta, una madera más integrada en segundo plano, con una boca larga y profunda propia de un vino muy complejo”.

La prueba, aún a riesgo de que pueda sorprender a algunos de los paladares más clásicos, parece superada a tenor de las caras y comentarios de los aficionados, que claradamente se intensifican en corrillos con la cata del Castillo.

El Dalmau, reserva 2004 es otra primicia. Saldrá al mercado en septiembre, aunque María Vargas lo adelanta para la cata. La primera cosecha de Dalmau fue la de 1994, con lo cumplirá ahora una década. En este caso el concepto es diferente: un vino de pago único, con rendimientos muy bajos que “intenta sacar la máxima expresividad de la finca” y con fermentación maloláctica en barrica. Es un vino más personal –el nombre es el del actual propietario, lo que refleja el compromiso con la marca–, con una producción de 23.000 botellas, una elevada graduación (14,5) y un carácter muy balsámico, en línea con lo que ha venido demandando el mercado en la última década: “Es un vino concentrado pero a la vez sin perder la elegancia, que es, desde luego, para nosotros es irrenunciable”.

Un nuevo guiño
La cata llega a su fin, con una nueva sorpresa. Un Castillo de Ygay del 2007, un bebé que no saldrá al mercado hasta el 2015 o 2016 y destinado además a evolucionar en la botella durante décadas: “Podría haber acabado con un vino histórico, como hacemos casi siempre, pero me ha parecido divertido presentar este zumo de uvas, que además es la primera vez que lo hacemos”.

María Vargas recuerda que la última añada fue de las difíciles, pero de las que, al menos a ella, le gustan porque obliga a los técnicos a tomar decisiones y a ‘trabajar’ el campo y los vinos: “El verano fue fresco, pero las plantas tuvieron mucho iluminación y trabajaron mucho”. “Hubo muy buenas uvas y vinos y, también otros inferiores, pero en nuestro caso tendremos un buen Castillo”, dice con satisfacción.

El Castillo 2007, lógicamente, es poco más que un proyecto, el germen de lo que será un gran vino durante décadas que, apenas nacido, muestra ya una elegancia y suavidad en la boca que ha acompañado a Murrieta durante sus 156 años de historia: “Si la bodega sigue hoy ahí es porque ha sabido adaptarse; el vino no es hoy igual al de hace un siglo y medio”, recuerda María Vargas, la responsable enológica de los Murrietas del siglo XXI.

Comentarios de los usuarios
30/04/2008: Ayer tuve la oportunidad a la cata de Marqués de Murrieta organizada por vosotros. La verdad es que quiero felicitar a la organización pero sobre todo a la enóloga. Mi incultura en el mundo del vino esta tan grande como mi osadía y confieso que hasta ayer no sabía quien era María Vargas. Nunca antes había visto a nadie defender con tanta convicción, con tanta ilusión un proyecto, una forma de hacer las cosas. Presentó unos vinos con el objetivo

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