Ermita del Toloño
Undécima entrega de la serie de rutas con encanto. Esta semana nos trasladamos a la cima del Toloño
>> La ruta, en fotos
Rivas de Tereso - Ermita del Toloño - Rivas de Tereso
Senderos del vino
Hace poco, hablando con mis amigos de Sepinum, me dieron a conocer una serie de libros muy valiosos para todos los amantes del senderismo, del vino y de La Rioja. Los libros se titulan "Senderos del Vino".
De su tomo número 1 hemos sacado la ruta que vamos a realizar hoy. El libro ha sido editado por Sepinum y cuenta con la colaboración del Gobierno de la Rioja, La Rioja Turismo, La Ruta del Vino de Rioja Alta, El Gobierno de España, y la Denominación Turística de la Sonsierra Riojana y Briones.

Rivas de Tereso
La ruta nos llevará a la cumbre del monte que da nombre a la sierra, el monte Toloño. Siempre se ha dicho que este monte tiene un influjo mágico sobre La Rioja Alavesa y La Rioja Alta, y por ende, de sus vinos. Nos pica la curiosidad de saber el por qué.
Rivas de Tereso es una pequeña población situada a 4 km de San Vicente de la Sonsierra, a cuyo ayuntamiento pertenece. Si tenemos muchas ganas de andar podemos comenzar la ruta desde aquí. Si nos queremos ahorrar una parte de la ascensión subiremos en coche hacia el puerto de Peñacerrada; a unos 2km de Rivas encontraremos una explanada donde dejar el coche y desde donde comenzaremos el camino.
Ascensión

Nada más comenzar nos encontramos dos caminos. Uno –el de la izquierda- nos servirá para ir y el otro para volver. El camino está señalizado y en principio no vamos a tener mayor problema para completar el círculo, que tiene unos 12 km de longitud. Cuando no sepamos qué dirección coger, desecharemos siempre el camino menos pisado.
El camino nos va a llevar en un primer término hasta la Ermita del Humilladero. Las vistas cada vez se irán haciendo más imponentes y sentiremos dominar el valle con el San Lorenzo al fondo. Jugamos a adivinar quién es quién en este puzzle de viñedos, parcelas de cereal, torres de iglesia y río Ebro. En la cima debe de ser una vista majestuosa.
Hemos andado unos 3km y dejamos el camino más ancho para coger una senda que nos lleva hasta los restos de la ermita. Se cree que ésta pudo ser un antiguo punto de peregrinación; en ella se conservaba la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, que en el S. XIX sería trasladada a Labastida desde el monasterio.
Desde la ermita seguimos el sendero, que comenzará a tener más pendiente. Es el tramo más duro del camino. Una vez llegados a los restos del Monasterio de Santa María del Toloño se nos olvidarán todos los sufrimientos.
Monasterio

El monasterio tuvo gran influencia en la zona. Casi todas las ermitas de la Sonsierra pertenecían al mismo.
La historia cuenta que durante la edad media fue habitado y deshabitado. Sus primeros habitantes fueron los monjes jerónimos. La vida allí era muy difícil. Soportar el frío, abastecerse de provisiones y defenderse de ataques era casi un acto de fe.
Es una pena que no se conserven mejor los restos de lo que parece una gran construcción. Pero se trata de un lugar que por su localización tuvo gran importancia estratégica. La amenaza definitiva llegó durante la guerra carlista cuando los liberales saquearon el monasterio y lo prendieron fuego.

Los arcos apuntados, adornos florales y capiteles corintios que allí se conservan nos muestran parte de su grandeza. Cuesta imaginar cómo construyeron en un lugar tan inaccesible un monasterio.
Según cuentan los habitantes de Labastida –que todavía realizan romería al lugar- allí se llegó incluso a realizar novilladas.
Para nosotros es buen momento para almorzar y apoyados en una de las rocas cercanas al recinto para protegernos del viento –las paredes pueden ser peligrosas- sacamos el queso, el vino y el jamón, nuestro menú de hoy.
Las Neveras
Entre las ruinas se adivinan las neveras, lugar donde se guardaba la nieve y que servían como fuente de ingreso. ¿Cómo conseguían llevar la nieve a las distintas poblaciones? La pendiente es grande, los caminos muy malos. Si con los medios actuales serían una empresa difícil, ¿qué sería en el S. XVIII?
La nieve se transportaba en carros completamente cerrados a los municipios cercanos y monasterios, quienes compraban la nieve. El precio de la misma variaba como varía el mercado. Si había mucha nieve era más barata; si no había nevado mucho, más cara. La época de venta iba desde Semana Santa hasta la época de vendimia aproximadamente.
¿Y cómo se conservaba en los pueblos? Para conservar la nieve, los pueblos utilizaban o bien los calados, o bien depósitos especiales orientados al norte con desagües para el agua.
Clima

Con el hambre y la sed saciada abandonamos las ruinas y cruzando una pequeña vaya pasamos a la otra vertiente del monte para dirigirnos –a mano izquierda- hacia una de las cimas del Toloño, la Peña del Castillo. Para ello tenemos que atravesar una bella pradera en la que el tiempo se detiene.
Llegamos al buzón. En este punto debió de existir un castillo. Pero no se conserva ningún resto. Las vistas son inmejorables. El esfuerzo ha merecido la pena.
Es curioso remarcar, que aunque parece una sola montaña, en la cumbre del Toloño se distinguen varias cimas: la Peña de las Doce, llamada así por la sombra que proyecta al medio día y que ha servido de reloj natural para los habitantes de Labastida; la cima de la Tortuga, por la forma que tiene; la citada Peña del Castillo; la cima del Toloño, la más elevada; la Peña Colorada o Azkorri; y la Peña León, dentro de la comunidad de La Rioja.
Regreso

Bajamos de nuevo a la pradera y nos dirigimos a la cara norte. Cambia el paisaje. De unas vistas espectaculares, pasamos a otras no menos espectaculares, pero de menor alcance.
Cogemos un sendero que sale desde la pradera para adentrarnos en el hayedo. El camino no se distingue muy bien, pero sin duda, tenemos que bajar. Es una bajada sencilla, aunque con pendiente en determinados momentos. La sombra del hayedo nos protege de los rayos de sol que comenzaban a pegar con fuerza. Ahora entendemos por qué primero vamos por la cara sur y volvemos por la norte. Se agradece.
El bosque termina de golpe para sorprendernos con unas campas propias de un paisaje centroeuropeo. Aquí la modernidad ni se siente ni se presiente; el elemento más moderno lo constituye un abrevadero donde observamos unos bellos caballos repostando. Son las Campas de Ortada. Si hemos conseguido bajar por el camino correcto un poquito antes nos habremos encontrado con una fuente, fruto de los esfuerzos de otras personas entusiasmadas también por este lugar.
Seguimos la pista que cruza las campas (hacia la derecha) y cogemos el camino que sale a mano izquierda. Resguardados casi todo el camino, nos llevará unos 15 min. llegar a una vaya que preserva este valioso recinto natural. El camino está lleno de pequeños detalles: otro abrevadero, mensajes de otros excursionistas, aves,…
Desde aquí y hasta la carretera podemos observar numerosos puestos de caza, esperando el paso de la paloma.
Una vez en la carretera subiremos lo poco que queda para coronar el puerto de Rivas. Un poquito más adelante, ya en La Rioja de nuevo, sale un sendero. Este sendero nos llevará hasta nuestro lugar de origen.
Si no hemos almorzado o tenemos hambre de nuevo es recomendable volver a Rivas de Tereso y parar en cualquiera de sus restaurantes donde nos atenderán de maravilla.
Hemos realizado la ruta y al regreso nos sentimos como nuevos; hemos caminado mucho pero el cansancio no nos nubla el sentido. Como si hubiéramos pasado por un taller de reparación, nuestro motor está como nuevo. ¿La magia del Toloño? Puede ser.
Redactado por José Manuel Calleja. Más información: info@paseosdivinos.com . www.paseosdivinos.com





