De San Millán a Anguiano
Una nueva ruta de José Manuel Calleja. Se trata de un paseo desde San Millán de la Cogolla a Anguiano.
>>La ruta, en imágenes
San Millán-Anguiano
ENTORNO
Nos encontramos en el entorno de la anterior etapa que nos llevaba desde Ezcaray hasta San Millán, dentro de la ruta de gran recorrido que atraviesa La Rioja de oeste a este.
Se trata por tanto de un entorno de gran riqueza natural y de gran belleza. Es un día lluvioso. He quedado con mi amigo Ismael para realizar la ruta; y para un día que coincidimos no vamos a echarnos atrás.
SAN MILLÁN DE LA COGOLLA
Salimos de San Millán siguiendo el muro del Monasterio de Yuso hasta el río y de ahí, por la izquierda hasta la carretera. Una vez cruzado el puente tomaremos un camino que sale hacia la derecha junto a un almacén. Poco a poco iremos ascendiendo. Atrás dejamos unas magníficas vistas del monasterio de Yuso y toda la magia que envuelve el enclave.
HACIA TOBÍA
El paisaje que nos rodea es similar al que tuvimos al salir de Ezcaray. Pinos, hayas y encinas que entre bosques nos dejan unas vistas espectaculares sobre el valle, La Sierra de la Demanda, Pazuengos y Ollora, un pueblo abandonado.
En una hora más o menos llegamos a un collado donde cambiamos de vertiente. El camino está bien señalizado y pese a los cruces de pistas en esta ocasión no nos perdemos. Cruzaremos unos corrales, un arroyo y volveremos a cambiar de vertiente hasta llegar a unas ruinas. El camino va subiendo y bajando sin llegar a cotas tan altas como en la anterior etapa.
Paramos en los corrales de Ocijo. Estos corrales abandonados, a 1.101 m. de altura son el punto de acceso a la cumbre del Bitubia (un poquito más alto) y que forma parte de la Sierra de Pradilla. El descenso a Tobía es contiene tramos bastante pronunciados; menos mal que no nos ha tocado realizarlo al revés. Cruzaremos “La Dehesa” y desde esta zona, tendremos unas vistas majestuosas de las Peñas de Tobía.
TOBÍA
Tobía (Colia) fue mencionada por primera vez en el documento de donación de la villa al Monasterio de San Millán en el año 1014. En el año 1040 el rey García de Nájera cedería la villa a su esposa en la escritura de arras. Posteriormente su iglesia sería regalada al Monasterio de Sta. María la Real de Nájera.
No obstante se han encontrado restos prehistóricos y romanos puesto que su posición estratégica, su riqueza natural y el paso del río eran buenas razones para el establecimiento de un poblado. Fue villa de realengo y aunque cuenta con pocos habitantes recibe bastantes veraneantes. Se sabe que allí debió existir un castillo que formó parte de la defensa del reino Nájera Pamplona contra los musulmanes primero, y contra el reino de Castilla, después. Al igual que Ezcaray debió de contar con privilegios que otros no tenían debido al interés de los reyes por repoblar la zona.
En los parajes de la villa se pueden observar restos de una antigua serrería, de una ferrería y de las minas “del río” y “del fresno” que surtían de materia prima a la ferrería.
Entramos por la parte superior de la iglesia. El templo es bastante grande para ser un pueblo de tan pocos habitantes. En los muros encontramos contrafuertes, dando muestras de una posible función defensiva del edificio.Aprovechamos para beber agua de la fuente; es una fuente cuya agua no está tratada, pero que sabiendo de dónde viene no nos da ningún miedo beberla. Fresquita y cristalina.
Preguntamos a un lugareño el por qué del Roble de las Once del que habíamos oído hablar. Se trata de un árbol excepcional por su tamaño cuyas ramas más altas reciben los rayos del sol a las 11 de la mañana y servía a los agricultores para guiarse en las jornadas. Por ello, cuando se celebran las fiestas de Acción de Gracias se “disputa” la subida al Roble; su ganador recibe un jamón como premio.
Para salir del pueblo tomaremos, siguiendo las indicaciones una calle que sale a mano izquierda desde la calle mayor. Desde la misma y observando la Peña no es muy difícil distinguir el vuelo de los buitres leonados.
MATUTE
Saliendo de Tobía nos damos cuenta que el paisaje está empezando a cambiar. Dejamos los barrancos y se nos abre el campo de visión. Antes de llegar a Matute deberemos cruzar el río Tobía junto a un antiguo molino abandonado. Allí hay un nogal que nos reporta un poco más de energía. Ricas nueces.
Matute es un pueblo más grande que Tobía. Hablaremos de él en un próximo artículo. Cruzamos la iglesia y salimos por la calle Huertas hacia el cementerio. El camino es bastante llano y sin bosques; el Valle del Najerilla nos abre sus puertas. Una pequeña viña “solitaria” nos sorprende y nos despierta la curiosidad.
CONVENTO DE LA GRANJA
Después de un tramo fácil pero quizás un poco monótono volvemos a entrar por una estrecha senda, junto a unos nogales para llegar a las Ruinas del Convento de la Granja tras pasar una fuente y un espacio dedicado a la apicultura.
Las ruinas pertenecen a un antiguo monasterio, del S. XV que dependía del Monasterio de Valvanera. No es posible entrar a visitarlas puesto que su acceso se encuentra en propiedad privada.El nombre de “La Granja” le viene dado de la época de la Desamortización de Mendizábal, tiempo en el que adoptó el régimen obligado por la situación. Se nota que se trataba de una gran construcción y según nos cuentan ha sufrido numerosos saqueos lo que no aloja esperanzas de encontrar ningún “tesoro oculto”.
HACIA ANGUIANO
Seguimos por el camino que bordea la tapia de la propiedad privada por la derecha. Poco después ya tendremos a la vista Anguiano, el río Najerilla y la pequeña presa.
Los colores de las hojas de los árboles nos dibujan un paisaje preciosista que necesitaría de muchísimas mezclas para dar la vivacidad que observamos. Una pequeña senda nos lleva debajo de la Peña del Reló (peña que toma su nombre por la utilización que hace la gente de las sombras que proyecta para determinar la hora del día) hasta un cruce de senderos, donde tomaremos el de la derecha.
Comenzamos un descenso que nos lleva a un rincón perfecto para el descanso, ya cerca del pueblo. Se trata de un lugar con una fuente donde almorzamos para celebrar que estamos terminando la etapa.
ANGUIANO
Nos acercamos a Anguiano y ante nosotros se presenta una de las más bellas estampas de la etapa. Bajo una gran peña que domina el pueblo, éste nos recibe con la caída del puente “Madre de Dios”.
La leyenda dice que el nombre de este puente proviene de la expresión más usada por los visitantes al observar cómo se camufla y la altura sobre la que se asienta este puente de un único ojo. Una vista que nos deja un buen sabor de boca y la sensación de que el esfuerzo –pese al agua- mereció la pena.
Redactado por José Manuel Calleja. Más información: info@paseosdivinos.com . www.paseosdivinos.com





