Paisaje embotellado

28/05/2009

Jesús Puelles expone con una cata de sus vinos para lomejordelvinoderioja.com su visión del ‘terroir’ de Ábalos y la Sonsierra

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TEXTO: A.GIL

Un sueño hecho realidad. Así define el propio Jesús Puelles la historia vitivinícola construida por su familia en torno a las viñas de Ábalos, en las que ya su padre elaboraba vino para vender a bodegas comercializadoras. Sometidos al vaivén de los precios, en 1974 la familia decide montar el vino en la furgoneta y acudir a los mercados vascos para venderlo directamente. Dura competencia aquella del ‘chiquiteo’ en la que los Puelles trabajaron prácticamente durante dos décadas hasta que Jesús, convencido y admirador del modelo bordelés, decidió participar en el mercado de mayor valor añadido: la crianza, hasta 1992 restringida a las grandes bodegas por una injusta norma que exigía un mínimo de 500 barricas para entrar en el club de los vinos envejecidos.

Fueron la concesión de la Calificada y la presión de las bodegas familiares de Provir, presididas entonces por Jesús Puelles, lo que permitió reducir a 50 el mínimo de barricas para criar vino y cuando comienza a forjarse la bodega, el ‘chateau’, que la familia Puelles ha construido en torno a las 3,5 hectáreas que los dos hermanos, Jesús y Félix, heredaron en Ábalos y que en la actualidad suman 20. De dichas fincas, y la compra de pequeñas partidas para elaborar su blanco, salen los vinos de Puelles, que ayer presentó el bodeguero en una sincera y realista cata para los aficionados de lomejordelvinoderioja.com

El Puelles blanco 2007 abrió ‘fuego’. Un vino de viura y apenas un 5% de malvasía de cepas viejas de las que antaño se ponían en las cabezadas de las fincas de tinto para aportar acidez y frescura a las tradicionales elaboraciones. Cultivado a casi 600 metros de altura, en una de las zonas más frescas de Rioja, el vino muestra “aromas a frutas verdes, blancas y cítricos”, describe el bodeguero. “La viura no es una variedad grandiosa –explica-, pero si está bien elaborada tiene su atractivo”. El debate de las nuevas uvas autorizadas por el Consejo no pasó inadvertido en la cata y, si bien Puelles defiende la viura, tampoco es contrario a la apertura: “Soy viticultor, y a lo mejor a alguno le puede extrañar, pero no me gustan nada las reglas ni los corsés, más que nada porque lo que no hagamos nosotros lo harán otros”.

El Puelles Crianza 2006 es ejemplo de ‘terroir’, sin estridencias ni aparatajes, lo que luego se traduce en unos vinos a precios muy razonables. Un tinto con la madera integrada hecho exclusivamente con viñas propias de Ábalos, que no destaca por estructura, pero en la que el tempranillo muestra su elegancia y la franqueza de la tierra. “Ésta es una zona privilegiada, alta, fresca con buena exposición norte sur, suelo arcillo calcáreo, que da vinos atlánticos con más acidez y frescura de la habitual”, describe el viticultor. El ejemplo es el vino. Una añada achicharrada en algunas zonas, la 2006 es, sin embargo, una de los mejores cosechas para Puelles.

Tras el crianza, el bodeguero entra en la línea clásica. El Puelles Reserva 2001 y su hermano mayor, el Puelles Gran Reserva 1997. “Antes la gente se quejaba cuando se acababa una añada, ahora te piden cuando vas a sacar el año siguiente sin haber empezado con el correspondiente”. Los gustos han cambiado, pero Puelles no renuncia a los vinos clásicos: “El tempranillo es la elegancia, la finura en una zona como Rioja, con lo que en estos vinos la redondez es casi extrema”. Puelles combina en ambas crianzas las maderas francesas y americanas. “Normalmente la gente señala el roble francés como el mejor, pero en crianzas largas es conveniente también el americano”.

El Molino 2005 es un vino de finca. La finca que el turista o el aficionado puede contemplar desde las cristaleras del hotel vitivinícola que la familia ha construido a pie de viña. Una bodega de estilo y concepto bordelés y una finca para un único vino en el que la tierra, los sabores minerales, están más presentes que en ningún otro: “El Molino representa nuestro ‘terroir’, cultivado además con viticultura ecológica, porque estamos convencidos, más allá incluso del respeto que debemos al medio que nosotros tomamos ‘prestado’, de que además es una práctica de calidad”. Vino y paisaje es la esencia que Jesús Puelles embotella en El Molino.

El Zenus 2001 cierra la cata. Es el vino de cepas más viejas, de corte moderno, aunque con larga crianza y descanso en botella para explotar al máximo la finura. “Es un concepto similar al Molino; la diferencia es que no es un vino de una única finca y apostamos más por la madurez de las uvas. “Hay color, estructura –describe Puelles-, pero la elegancia y la redondez están por encima porque, para nosotros, eso es el tempranillo”.

La cata, una auténtica visita sensitiva por la Sonsierra, concluye: “No hay mejor argumento para una zona vitícola que el paisaje, que la gente venga y conozca dónde se hacen los vinos y que estos sean un reflejo del propio cultivo, que es lo que nosotros intentamos hacer”, concluye el bodeguero.

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