Reinventando el clásico
23/12/2008
Explicaciones del enólogo en la cata. Foto: J. Rodríguez
Pablo Orío enseña en una completa y versátil cata a los aficionados de lomejordelvinoderioja.com cómo será Bodegas Riojanas del siglo XXI.
>>Así fue el videochat con Pablo Orío
>>Vídeo de visita a Bodegas Riojanas (lariojacom.tv)
>> Galería de fotos de la cata.
Texto: A.Gil
Tres siglos son testigos de la trayectoria de Bodegas Riojanas, una firma centenaria que sigue evolucionando. El relevo generacional empieza a tomaar forma de la mano de Santiago Frías en la gerencia y el enológico de Pablo Orío, director de Investigación y Desarrollo, que el lunes presentó a los aficionados de lomejordelvinoderioja.com las añadas en el mercado de la compañía.
Bodegas Riojanas hila fino, como no puede ser de otra forma en una bodega centenaria, y la evolución de los vinos es pausada, pero sensible. El objetivo de Orío es dotar del mayor sentido enológico a cada uno de los vinos de la bodega de Cenicero: “Los vinos tienen que ser fáciles de beber, sean clásicos o modernos, y tenemos que seguir trabajando en la selección de las mejores parcelas de viñedo”, sostiene.
La cata comienza con el Viore 2007, un blanco de verdejo fruto de un acuerdo de colaboración con una bodega de Rueda, de la Riojanas controla unos depósitos y aprovecha la red comercial. Orío no oculta su predilección por estos vinos: “Son tremendamente afrutados, con una gran personalidad de la variedad, de los que dan ganas de seguir bebiendo”. El enólogo no elude el debate ante la decisión de Rioja de apostar por esta uva para renovar los blancos: “Es comercial y puede ser una buena salida, pero lo que hace falta es una experiencia previa para saber qué es lo que más conviene”.
El Artacho 4M 2007 es el siguiente en las copas. Un vino que endereza la primera añada 2005, que en poco se parece a la actual. Roble francés nuevo, con una crianza corta (cuatro meses) y una importante carga frutal. Es una especie de pirueta en una bodega clásica, aunque con una identidad individual y una propia bodega para no mezclar conceptos: “Son uvas exclusivamente de San Vicente, con una vendimia muy selectiva, y el vino trata de expresar esas particularidades de la zona”. Es tempranillo de intenso color, potencia y fruta, con una liguera sequedad final consecuencia de la barrica nueva que se integra muy bien y lo hará aún mejor en los próximos meses.
La cata llega a Cenicero, a las propias Bodegas Riojanas con el Monte Real crianza 2005. Un vino pensado en su momento para la hostelería y testigo de los primeros pasos de la evolución, con el 2001 como primera añada, en que está inmersa la bodega. Orío se siente a gusto con este vino que supera al tradicional Puerta Vieja con una crianza en barricas más nuevas y más corta y con mayor estructura: “Combina la fruta y la madera con una carga tánica importante, pero muy pulida”. “Un vino ideal para beber en plazo de entre dos y tres años”, define el enólogo.
Su hermano mayor, el Monte Real 2003, llega a las copas. Orío está trabajando ya con este vino en búsqueda de la esencia original que el último enólogo francés de la bodega, Gabriel Larrendat, planteó con la primera añada en los años 30. Este Monte Real apunta cambios y probablemente lo hará más incluso las añadas posteriores. Lo que en su día fue concebido como un vino con estructura, potencia y muy típico de Cenicero quiere volver a serlo casi un siglo después. Sin estridencias ni locuras: con la larga crianza que le caracteriza en roble americano, con la tipicidad de la zona, pero con más estructura y tendiendo hacia el monovarietal de tempranillo. Ideas que ya se adivinan en la añada 2003 pero que asoman muy sutilmente: “De los diez grandes clásicos de Rioja, uno de ellos, sin duda alguna, es Monte Real, así que no podemos, ni pensamos, hacer locuras”.
El Gran Albina 2004 es ejemplo de las nuevas ideas de la bodega. Selección de diez parcelas de zonas altas y viñas viejas, es la punta de lanza de las Bodegas Riojanas del siglo XXI. Combina el roble francés, americano y húngaro con mezcla, prácticamente proporcional, de graciano, mazuela y tempranillo. Es el vino más complejo hasta ahora en la cata, que evoluciona en la copa y sorprende por la riqueza aromática. Es una revisión de los clásicos, una vuelta de tuerca, a otro nivel, pero como la fue el Monte Real crianza con el Puerta Vieja.
El Viña Albina Gran Reserva 2001 iba a ser el broche final de la cata. Con uvas de Cenicero y San Vicente, encuentra la acidez que necesita un vino de larga guarda con las viñas viejas de Villalba. La añada “es excepcional en todos los sentidos”, recuerda Orío, “y podemos encontrar los conocidos aromas terciarios del Rioja clásico con una fruta que sigue ahí, y sobre todo, con un gran paso elegante en la boca”.
La cata define a Bodegas Riojanas en el siglo XXI, uno de los grandes de Rioja en movimiento y cuyo timón enológico dirige Pablo Orío, junto con Emilio Sojo, Marta Nalda y el propio Felipe Nalda en la recámara: “Los vinos clásicos nunca desaparecerán y tenemos algunos de los mejores, pero tenemos que conseguir también hacer otros vinos que también estén entre los diez mejores”.
La sorpresa
Lo que ayer Pablo Orío regaló a los aficionados sólo está al alcance de las grandes casas de Rioja. Fuera de programa, el enólogo cerró la cata con el Monte Real gran reserva 1964. Fue la primera cosecha de Felipe Nalda, a quien está relevando Orío al frente del timón enológico y vitícola, y uno de los tesoros que guarda el cementerio de Riojanas. Sinónimo de complejidad, riqueza y versatilidad aromática y entereza a sus 44 años, el Monte Real de 1964 es uno de los Riojas históricos que, salvo en catas como la que Riojanas brindó a los aficionados delomejordelvinoderioja.com, sólo pueden encontrarse ya en subastas.
Tres siglos son testigos de la trayectoria de Bodegas Riojanas, una firma centenaria que sigue evolucionando. El relevo generacional empieza a tomaar forma de la mano de Santiago Frías en la gerencia y el enológico de Pablo Orío, director de Investigación y Desarrollo, que el lunes presentó a los aficionados de lomejordelvinoderioja.com las añadas en el mercado de la compañía.
Bodegas Riojanas hila fino, como no puede ser de otra forma en una bodega centenaria, y la evolución de los vinos es pausada, pero sensible. El objetivo de Orío es dotar del mayor sentido enológico a cada uno de los vinos de la bodega de Cenicero: “Los vinos tienen que ser fáciles de beber, sean clásicos o modernos, y tenemos que seguir trabajando en la selección de las mejores parcelas de viñedo”, sostiene.
La cata comienza con el Viore 2007, un blanco de verdejo fruto de un acuerdo de colaboración con una bodega de Rueda, de la Riojanas controla unos depósitos y aprovecha la red comercial. Orío no oculta su predilección por estos vinos: “Son tremendamente afrutados, con una gran personalidad de la variedad, de los que dan ganas de seguir bebiendo”. El enólogo no elude el debate ante la decisión de Rioja de apostar por esta uva para renovar los blancos: “Es comercial y puede ser una buena salida, pero lo que hace falta es una experiencia previa para saber qué es lo que más conviene”.
El Artacho 4M 2007 es el siguiente en las copas. Un vino que endereza la primera añada 2005, que en poco se parece a la actual. Roble francés nuevo, con una crianza corta (cuatro meses) y una importante carga frutal. Es una especie de pirueta en una bodega clásica, aunque con una identidad individual y una propia bodega para no mezclar conceptos: “Son uvas exclusivamente de San Vicente, con una vendimia muy selectiva, y el vino trata de expresar esas particularidades de la zona”. Es tempranillo de intenso color, potencia y fruta, con una liguera sequedad final consecuencia de la barrica nueva que se integra muy bien y lo hará aún mejor en los próximos meses.
La cata llega a Cenicero, a las propias Bodegas Riojanas con el Monte Real crianza 2005. Un vino pensado en su momento para la hostelería y testigo de los primeros pasos de la evolución, con el 2001 como primera añada, en que está inmersa la bodega. Orío se siente a gusto con este vino que supera al tradicional Puerta Vieja con una crianza en barricas más nuevas y más corta y con mayor estructura: “Combina la fruta y la madera con una carga tánica importante, pero muy pulida”. “Un vino ideal para beber en plazo de entre dos y tres años”, define el enólogo.
Su hermano mayor, el Monte Real 2003, llega a las copas. Orío está trabajando ya con este vino en búsqueda de la esencia original que el último enólogo francés de la bodega, Gabriel Larrendat, planteó con la primera añada en los años 30. Este Monte Real apunta cambios y probablemente lo hará más incluso las añadas posteriores. Lo que en su día fue concebido como un vino con estructura, potencia y muy típico de Cenicero quiere volver a serlo casi un siglo después. Sin estridencias ni locuras: con la larga crianza que le caracteriza en roble americano, con la tipicidad de la zona, pero con más estructura y tendiendo hacia el monovarietal de tempranillo. Ideas que ya se adivinan en la añada 2003 pero que asoman muy sutilmente: “De los diez grandes clásicos de Rioja, uno de ellos, sin duda alguna, es Monte Real, así que no podemos, ni pensamos, hacer locuras”.
El Gran Albina 2004 es ejemplo de las nuevas ideas de la bodega. Selección de diez parcelas de zonas altas y viñas viejas, es la punta de lanza de las Bodegas Riojanas del siglo XXI. Combina el roble francés, americano y húngaro con mezcla, prácticamente proporcional, de graciano, mazuela y tempranillo. Es el vino más complejo hasta ahora en la cata, que evoluciona en la copa y sorprende por la riqueza aromática. Es una revisión de los clásicos, una vuelta de tuerca, a otro nivel, pero como la fue el Monte Real crianza con el Puerta Vieja.
El Viña Albina Gran Reserva 2001 iba a ser el broche final de la cata. Con uvas de Cenicero y San Vicente, encuentra la acidez que necesita un vino de larga guarda con las viñas viejas de Villalba. La añada “es excepcional en todos los sentidos”, recuerda Orío, “y podemos encontrar los conocidos aromas terciarios del Rioja clásico con una fruta que sigue ahí, y sobre todo, con un gran paso elegante en la boca”.
La cata define a Bodegas Riojanas en el siglo XXI, uno de los grandes de Rioja en movimiento y cuyo timón enológico dirige Pablo Orío, junto con Emilio Sojo, Marta Nalda y el propio Felipe Nalda en la recámara: “Los vinos clásicos nunca desaparecerán y tenemos algunos de los mejores, pero tenemos que conseguir también hacer otros vinos que también estén entre los diez mejores”.
La sorpresa
Lo que ayer Pablo Orío regaló a los aficionados sólo está al alcance de las grandes casas de Rioja. Fuera de programa, el enólogo cerró la cata con el Monte Real gran reserva 1964. Fue la primera cosecha de Felipe Nalda, a quien está relevando Orío al frente del timón enológico y vitícola, y uno de los tesoros que guarda el cementerio de Riojanas. Sinónimo de complejidad, riqueza y versatilidad aromática y entereza a sus 44 años, el Monte Real de 1964 es uno de los Riojas históricos que, salvo en catas como la que Riojanas brindó a los aficionados delomejordelvinoderioja.com, sólo pueden encontrarse ya en subastas.
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