La paradoja riojana
16/12/2009
El vino blanco, la asignatura pendiente. /Fernando díaz
Rioja intenta recuperar su posición en los blancos con vinos de guarda de viura, en su día olvidados, y con las nuevas variedades para un consumo de volumen fresco y afrutado
>> María José López de Heredia, Álvaro Palacios y María Vargas
>> Juan Carlos López de Lacalle y Fernando Remírez de Ganuza
>> Miguel Ángel de Gregorio
>> Carlos San Pedro, Luis Valentín y Jesús Madrazo
>> Marcos Eguren e Isaac Muga
A.Gil
Lo de Rioja con los blancos no deja de ser paradójico. Hasta mediados de los setenta, la región vitícola producía más uva blanca que tinta, si bien parte de las primeras se empleaban mezcladas en un porcentaje para la elaboración de tintos. En cualquier caso, si se preguntase hoy a cualquier consumidor por los vinos de Rioja siempre apuntaría a los tintos, de los que sabría dar múltiples ejemplos, pero rara vez de blancos.
Rioja tuvo vinos históricos que, con una elaboración y, sobre todo crianza similar a los tintos, dieron la vuelta al mundo y en bodegas, como por ejemplo, Murrieta llegaron a ser igualmente apreciados. A principios de los setenta, con la introducción de las técnicas de frío en la elaboración y el empuje de zonas como el Penedés, los blancos frescos, de elaboración y consumo rápido, comienzan a imponerse en los mercados. Son los años del Monopole de CVNE, una marca que proviene de 1916, pero que sufre un fuerte impulso en esos años, del Viña Soledad, de Franco Españolas, y algunos más adelante como Marqués de Cáceres blanco, que hoy en día tiene el blanco de Rioja más vendido.
El desarrollo posterior de nuevas zonas productoras, como Rías Baíxas con el albariño y de Rueda, con la verdejo, terminan por hacerse con ese tipo de mercado de forma mayoritaria gracias a variedades de uva más aromáticas y aptas para este tipo de vino que la vura riojana.
Las bodegas riojanas se centran entonces en el tinto y, en todos los casos, salvo el de López de Heredia y de Murrieta, renuncian a los vinos clásicos de viura envejecidos durante largo tiempo. Es lo que María Jose López de Heredia no tiene reparos en calificar de «un error histórico cometido por falta de paciencia con la viura, a la que han traicionado los propios bodegueros riojanos».
Nuevos vinos de viura
En la actualidad, prácticamente todas las bodegas de mayor prestigio de tintos intentan recuperar aquellos vinos de viura encaminados a una larga guarda, a la evolución en botella, de complejidad aromática y en los que tanto la variedad como los suelos por su mineralidad dan un carácter muy especial a esos vinos que prácticamente nadie hace en España y que son apreciados cada vez más, como dejan claro los sumilleres de los principales restaurantes del país.
Su capacidad para maridar con determinados tipos de carnes, pescados, y en general con todo tipo de platos de intensos sabores, han convertido a estos blancos en una nueva alternativa de maridaje en la cocina. De hecho, hoy el Viña Tondonia se ha convertido casi en un vino de culto y prácticamente todos los grandes elaboradores de Rioja, bien con fermentados en barrica o crianzas mucho más cortas, se han puesto manos a la obra para ofrecer un blanco de guarda con la mira puesta en los grandes vinos blancos franceses que en su día ya inspiraron a las bodegueros de primera mitad del siglo XX.
Para ello, los bodegueros aprovechan la distribución de los viñedos antiguos de tinto, con cabezadas o corros donde históricamente se colocaba la viura por su mayor resistencia a la sequía y, en los menos casos, con plantaciones exclusivas de uva blanca muy centradas en la absorción de la mineralidad de los suelos y del ‘terroir’ de las fincas.
Apoyo de los sumilleres
La principal asignatura pendiente es convencer a los consumidores de que la hoy en día tierra de tintos en sus conciencias, es capaz de hacer también blancos de calidad. El apoyo, desde luego, existe en hoy en día en la restauración, y así lo manifiestan varios de los sumilleres de algunos de los restaurantes más importantes de España, que hablan sin ambages del potencial de los blancos de viura riojanos.
El caso más internacional lo representa Linda Violago, canadiense de ascendencia filipina de Mugaritz, que asegura que no se entienden en relación a la calidad y la personalidad que tienen. Custodio Zamarra, uno de los maestros de la sumillería patria, destaca su «gran expresividad», al igual que David Seijas (El Bulli), Rafael Arias (El Paraguas)_o José Felix Paniego (Echaurren).
Paralelamente, las consejerías de Agricultura de los tres gobiernos regionales tienen abiertos los procesos administrativos para autorizar hasta 2.500 nuevas hectáreas de plantaciones exclusivas de uva blanca, con la autorización, por primera vez en ochenta años, de variedades foráneas: verdejo, chardonnay, sauvignon blanc, a las que se han unido también las minoritarias y autóctonas tempranillo blanco, maturana blanca y malvasía.
Un hecho curioso es que la viura, la variedad por excelencia de Rioja, no ha sido incluida entre las que se podrán plantar con la intención de renovar el catálogo varietal por sus supuestas limitaciones aromáticas a la hora de elaborar vinos frescos y de amplio consumo a los que también intenta acceder Rioja con esta decisión.
Por el momento, en la Comunidad riojana, que autorizará 1.725 hectáreas de las 2.500 totales, los agricultores se han decantado mayoritariamente por la verdejo que ha sido elegida para su plantación por un 45% de los solicitantes. Las autóctonas tempranillo blanco (25%) y malvasía (9,5%) se sitúan en segundo lugar en las preferencias, mientras que únicamente el 3% se ha inclinado por las universales chardonnay y sauvigno blanc.
Por la opción sobre estos futuros vinos, con las nuevas variedadades foráneas autorizadas, se han pronunciado por el momento con mayor interés los viticultores que las propias bodegas al duplicar casi las peticiones de los primeros a las de las segundos. La iniciativa, en este caso, va dirigida a intentar colocar en el mercado vinos más frescos y aromáticos a unos precios competitivos.
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Lo de Rioja con los blancos no deja de ser paradójico. Hasta mediados de los setenta, la región vitícola producía más uva blanca que tinta, si bien parte de las primeras se empleaban mezcladas en un porcentaje para la elaboración de tintos. En cualquier caso, si se preguntase hoy a cualquier consumidor por los vinos de Rioja siempre apuntaría a los tintos, de los que sabría dar múltiples ejemplos, pero rara vez de blancos.
Rioja tuvo vinos históricos que, con una elaboración y, sobre todo crianza similar a los tintos, dieron la vuelta al mundo y en bodegas, como por ejemplo, Murrieta llegaron a ser igualmente apreciados. A principios de los setenta, con la introducción de las técnicas de frío en la elaboración y el empuje de zonas como el Penedés, los blancos frescos, de elaboración y consumo rápido, comienzan a imponerse en los mercados. Son los años del Monopole de CVNE, una marca que proviene de 1916, pero que sufre un fuerte impulso en esos años, del Viña Soledad, de Franco Españolas, y algunos más adelante como Marqués de Cáceres blanco, que hoy en día tiene el blanco de Rioja más vendido.
El desarrollo posterior de nuevas zonas productoras, como Rías Baíxas con el albariño y de Rueda, con la verdejo, terminan por hacerse con ese tipo de mercado de forma mayoritaria gracias a variedades de uva más aromáticas y aptas para este tipo de vino que la vura riojana.
Las bodegas riojanas se centran entonces en el tinto y, en todos los casos, salvo el de López de Heredia y de Murrieta, renuncian a los vinos clásicos de viura envejecidos durante largo tiempo. Es lo que María Jose López de Heredia no tiene reparos en calificar de «un error histórico cometido por falta de paciencia con la viura, a la que han traicionado los propios bodegueros riojanos».
Nuevos vinos de viura
En la actualidad, prácticamente todas las bodegas de mayor prestigio de tintos intentan recuperar aquellos vinos de viura encaminados a una larga guarda, a la evolución en botella, de complejidad aromática y en los que tanto la variedad como los suelos por su mineralidad dan un carácter muy especial a esos vinos que prácticamente nadie hace en España y que son apreciados cada vez más, como dejan claro los sumilleres de los principales restaurantes del país.
Su capacidad para maridar con determinados tipos de carnes, pescados, y en general con todo tipo de platos de intensos sabores, han convertido a estos blancos en una nueva alternativa de maridaje en la cocina. De hecho, hoy el Viña Tondonia se ha convertido casi en un vino de culto y prácticamente todos los grandes elaboradores de Rioja, bien con fermentados en barrica o crianzas mucho más cortas, se han puesto manos a la obra para ofrecer un blanco de guarda con la mira puesta en los grandes vinos blancos franceses que en su día ya inspiraron a las bodegueros de primera mitad del siglo XX.
Para ello, los bodegueros aprovechan la distribución de los viñedos antiguos de tinto, con cabezadas o corros donde históricamente se colocaba la viura por su mayor resistencia a la sequía y, en los menos casos, con plantaciones exclusivas de uva blanca muy centradas en la absorción de la mineralidad de los suelos y del ‘terroir’ de las fincas.
Apoyo de los sumilleres
La principal asignatura pendiente es convencer a los consumidores de que la hoy en día tierra de tintos en sus conciencias, es capaz de hacer también blancos de calidad. El apoyo, desde luego, existe en hoy en día en la restauración, y así lo manifiestan varios de los sumilleres de algunos de los restaurantes más importantes de España, que hablan sin ambages del potencial de los blancos de viura riojanos.
El caso más internacional lo representa Linda Violago, canadiense de ascendencia filipina de Mugaritz, que asegura que no se entienden en relación a la calidad y la personalidad que tienen. Custodio Zamarra, uno de los maestros de la sumillería patria, destaca su «gran expresividad», al igual que David Seijas (El Bulli), Rafael Arias (El Paraguas)_o José Felix Paniego (Echaurren).
Paralelamente, las consejerías de Agricultura de los tres gobiernos regionales tienen abiertos los procesos administrativos para autorizar hasta 2.500 nuevas hectáreas de plantaciones exclusivas de uva blanca, con la autorización, por primera vez en ochenta años, de variedades foráneas: verdejo, chardonnay, sauvignon blanc, a las que se han unido también las minoritarias y autóctonas tempranillo blanco, maturana blanca y malvasía.
Un hecho curioso es que la viura, la variedad por excelencia de Rioja, no ha sido incluida entre las que se podrán plantar con la intención de renovar el catálogo varietal por sus supuestas limitaciones aromáticas a la hora de elaborar vinos frescos y de amplio consumo a los que también intenta acceder Rioja con esta decisión.
Por el momento, en la Comunidad riojana, que autorizará 1.725 hectáreas de las 2.500 totales, los agricultores se han decantado mayoritariamente por la verdejo que ha sido elegida para su plantación por un 45% de los solicitantes. Las autóctonas tempranillo blanco (25%) y malvasía (9,5%) se sitúan en segundo lugar en las preferencias, mientras que únicamente el 3% se ha inclinado por las universales chardonnay y sauvigno blanc.
Por la opción sobre estos futuros vinos, con las nuevas variedadades foráneas autorizadas, se han pronunciado por el momento con mayor interés los viticultores que las propias bodegas al duplicar casi las peticiones de los primeros a las de las segundos. La iniciativa, en este caso, va dirigida a intentar colocar en el mercado vinos más frescos y aromáticos a unos precios competitivos.
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