Los vinos como son
26/03/2009
Lauren Rosillo presentó para lomejordelvinoderioja,com la respuesta vitícola antiglobalización de Familia Martínez Bujanda en Rioja y en La Mancha en una magnífica cata celebrada el pasado miércoles. Aquí te contamos como fue.
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Texto: A. Gil
«Los vinos deben ser cómo tienen que ser, como quiere la finca, el paisaje, y no como quiere Robert Parker, ni tan siquiera el propio enólogo». Con esta frase Lauren Rosillo, director técnico de Familia Martínez Bujanda, puso las cartas sobre la mesa en la cata que el grupo bodeguero ofreció el miércoles por la noche para los aficionados de lomejordelvinoderioja.com.
Vinos de finca, con las limitaciones intrínsecas de cada paisaje, de cada terruño, pero también con sus personales virtudes, es la apuesta de Familia Martínez Bujanda en Fuenmayor (Finca Valpiedra), en La Mancha (Finca Antigua) y en Rueda. Lauren Rosillo presentó una cata de primicias, con los vinos que el grupo sacará en los próximos meses al mercado y que pusieron de manifiesto la diferente expresión de la tierra riojana y manchega y la riqueza de dos viticulturas y enologías diferentes.
La cata comenzó con ‘la niña de los ojos’ del enólogo. Finca Antigua Blanco 2008, un blanco de viura cultivada al extremo a 920 metros de altitud, lejos del mediterráneo catalán donde se asienta la macabeo y lejos también de las tierras riojanas donde esta variedad dominó y ahora es víctima de una supuesta limitación aromática. Rosillo, en una finca donde la permisividad con las uvas foráneas es ilimitada, apuesta por la viura para «hacer un vino longevo». En este sentido, el Finca Antigua se ‘cría’ cinco meses sobre sus lías en un depósito y «se disfruta durante varios años, con una elegancia y una evolución en botella que sólo algunas variedades son capaces de dar». El vino en las copas es pálido, fresco, con gran intensidad cítrica y acidez que apunta el potencial de larga vida que sugiere el enólogo.
El Cantos de Valpiedra 2006 da paso a los tintos. Es el segundo vino de Finca Valpiedra, un auténtico paisaje sobre el meandro del Ebro en Fuenmayor. Rosillo ha dividido la finca en 14 parcelas por edad de las viñas y suelos, sobre un tipo genérico de aluvial y canto rodado atípico en Rioja. De las cepas más jóvenes, aunque con una edad media de 25 años, sale este vino. «Es redondo como los cantos de la finca», describe con intención el enólogo, cuya aspiración es reflejar las virtudes del tempranillo de Rioja.
El inca Valpiedra 2005 será la próxima añada en el mercado. Es el hermano mayor del Cantos, con una base de tempranillo con pequeños aportes de graciano y, temporales, de cabernet sauvignon. Temporales porque Valpiedra ha hincado ya maturana tinta y Lauren Rosillo tiene claro que esta uva autóctona ocupará su lugar: «Cultivo el cabernet en La Mancha y es una buena variedad, pero la maturana es mejor en Rioja, y propia». Una vez más el enólogo retoma en su discurso la esencia filosófica de Familia Martínez Bujanda: «La globalización es un riesgo y el ejemplo lo tenemos en que aquí nos hemos reunido 80 personas para hablar de vinos, pero nunca he visto que la gente se congregue para debatir sobre Coca-Cola o Pepsi-Cola».
El enólogo presenta también el Finca Valpiedra 2007, el primer vino bajo su responsabilidad íntegra en Rioja, que, pese a que aún le faltan unos meses en barrica y un largo periodo en botella, muestra unos taninos pulidos apuntando la redondez que el enólogo persigue: «Conozco otras zonas vitícolas, pero el tempranillo alcanza un complejidad y una elegancia única en Rioja».
Finca al extremo
Clavis 2004 es un ‘descubrimiento’ de una parcela de cuatro hectáreas llamada Pico Garbanzo. Lauren Rosillo ha zonificado en 57 parcelas diferentes las 420 hectáreas de viña de Finca Antigua y llegó a vinificar otros tantos vinos por separado para conocer el terruño antes de ensamblar las referencias actuales. Pero Pico Garbanzo es especial. ´
Con ocho variedades plantadas –algunas atípicas como pinot noir o sangiovese– hace 22 años de forma aleatoria en un suelo arcilloso atípico en la zona, se elabora «un vino de parcela en el sentido más estricto», explica el enólogo, «en una zona límite donde las temperaturas oscilan de los 35 grados en verano a los 15 bajo cero en invierno, por lo que las cepas tendrán una vida limitada». «Pero no habrá otro Clavis –continúa–, el vino morirá con las cepas porque ese es nuestro concepto enológico: suelo, clima y variedad, es decir, terruño». Clavis es la gran sorpresa de la noche. Balsámico y con aromas intensos, dulces y agradables (miel), es totalmente atípico a los paladeres de Rioja, pero también a los clásicos vinos manchegos.
Dulce final
Finca Antigua Naturalmente Dulce 2008 es un espectactular moscatel con las uvas deshidratadas de forma natural con su exposición a la solana manchega (como el método de los Pedro Ximénez). Es el broche final y en la cata es dorado intenso, hiperconcentrado en nariz y en boca, pero limitado en grado (12), hasta el punto de romper esquemas con los tradicionales, y hoy casi en desuso, moscateles riojanos o navarros.
Sin alardes, Lauren Rosillo cierra su intervención insistiendo en una interpretación del vino ajena al gran consumo: «No creo que haya una cultura del vino, sino que el vino es nuestra cultura». «Nosotros –continúa– elegimos fincas y aspiramos a hacer en ellos vinos, ni mejores ni peores, sino reflejo de la identidad del paisaje».
«Los vinos deben ser cómo tienen que ser, como quiere la finca, el paisaje, y no como quiere Robert Parker, ni tan siquiera el propio enólogo». Con esta frase Lauren Rosillo, director técnico de Familia Martínez Bujanda, puso las cartas sobre la mesa en la cata que el grupo bodeguero ofreció el miércoles por la noche para los aficionados de lomejordelvinoderioja.com.
Vinos de finca, con las limitaciones intrínsecas de cada paisaje, de cada terruño, pero también con sus personales virtudes, es la apuesta de Familia Martínez Bujanda en Fuenmayor (Finca Valpiedra), en La Mancha (Finca Antigua) y en Rueda. Lauren Rosillo presentó una cata de primicias, con los vinos que el grupo sacará en los próximos meses al mercado y que pusieron de manifiesto la diferente expresión de la tierra riojana y manchega y la riqueza de dos viticulturas y enologías diferentes.
La cata comenzó con ‘la niña de los ojos’ del enólogo. Finca Antigua Blanco 2008, un blanco de viura cultivada al extremo a 920 metros de altitud, lejos del mediterráneo catalán donde se asienta la macabeo y lejos también de las tierras riojanas donde esta variedad dominó y ahora es víctima de una supuesta limitación aromática. Rosillo, en una finca donde la permisividad con las uvas foráneas es ilimitada, apuesta por la viura para «hacer un vino longevo». En este sentido, el Finca Antigua se ‘cría’ cinco meses sobre sus lías en un depósito y «se disfruta durante varios años, con una elegancia y una evolución en botella que sólo algunas variedades son capaces de dar». El vino en las copas es pálido, fresco, con gran intensidad cítrica y acidez que apunta el potencial de larga vida que sugiere el enólogo.
El Cantos de Valpiedra 2006 da paso a los tintos. Es el segundo vino de Finca Valpiedra, un auténtico paisaje sobre el meandro del Ebro en Fuenmayor. Rosillo ha dividido la finca en 14 parcelas por edad de las viñas y suelos, sobre un tipo genérico de aluvial y canto rodado atípico en Rioja. De las cepas más jóvenes, aunque con una edad media de 25 años, sale este vino. «Es redondo como los cantos de la finca», describe con intención el enólogo, cuya aspiración es reflejar las virtudes del tempranillo de Rioja.
El inca Valpiedra 2005 será la próxima añada en el mercado. Es el hermano mayor del Cantos, con una base de tempranillo con pequeños aportes de graciano y, temporales, de cabernet sauvignon. Temporales porque Valpiedra ha hincado ya maturana tinta y Lauren Rosillo tiene claro que esta uva autóctona ocupará su lugar: «Cultivo el cabernet en La Mancha y es una buena variedad, pero la maturana es mejor en Rioja, y propia». Una vez más el enólogo retoma en su discurso la esencia filosófica de Familia Martínez Bujanda: «La globalización es un riesgo y el ejemplo lo tenemos en que aquí nos hemos reunido 80 personas para hablar de vinos, pero nunca he visto que la gente se congregue para debatir sobre Coca-Cola o Pepsi-Cola».
El enólogo presenta también el Finca Valpiedra 2007, el primer vino bajo su responsabilidad íntegra en Rioja, que, pese a que aún le faltan unos meses en barrica y un largo periodo en botella, muestra unos taninos pulidos apuntando la redondez que el enólogo persigue: «Conozco otras zonas vitícolas, pero el tempranillo alcanza un complejidad y una elegancia única en Rioja».
Finca al extremo
Clavis 2004 es un ‘descubrimiento’ de una parcela de cuatro hectáreas llamada Pico Garbanzo. Lauren Rosillo ha zonificado en 57 parcelas diferentes las 420 hectáreas de viña de Finca Antigua y llegó a vinificar otros tantos vinos por separado para conocer el terruño antes de ensamblar las referencias actuales. Pero Pico Garbanzo es especial. ´
Con ocho variedades plantadas –algunas atípicas como pinot noir o sangiovese– hace 22 años de forma aleatoria en un suelo arcilloso atípico en la zona, se elabora «un vino de parcela en el sentido más estricto», explica el enólogo, «en una zona límite donde las temperaturas oscilan de los 35 grados en verano a los 15 bajo cero en invierno, por lo que las cepas tendrán una vida limitada». «Pero no habrá otro Clavis –continúa–, el vino morirá con las cepas porque ese es nuestro concepto enológico: suelo, clima y variedad, es decir, terruño». Clavis es la gran sorpresa de la noche. Balsámico y con aromas intensos, dulces y agradables (miel), es totalmente atípico a los paladeres de Rioja, pero también a los clásicos vinos manchegos.
Dulce final
Finca Antigua Naturalmente Dulce 2008 es un espectactular moscatel con las uvas deshidratadas de forma natural con su exposición a la solana manchega (como el método de los Pedro Ximénez). Es el broche final y en la cata es dorado intenso, hiperconcentrado en nariz y en boca, pero limitado en grado (12), hasta el punto de romper esquemas con los tradicionales, y hoy casi en desuso, moscateles riojanos o navarros.
Sin alardes, Lauren Rosillo cierra su intervención insistiendo en una interpretación del vino ajena al gran consumo: «No creo que haya una cultura del vino, sino que el vino es nuestra cultura». «Nosotros –continúa– elegimos fincas y aspiramos a hacer en ellos vinos, ni mejores ni peores, sino reflejo de la identidad del paisaje».
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