«El paisaje del viñedo de La Rioja parece vasco en invierno y toscano en verano»

El escritor Bernardo Atxaga posa junto a unas cajas con racimos de uva de la bodega Luis Alegre, que le concedió el Premio la Excelencia Literaria en el 2013. :: SONIA TERCERO
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El escritor Bernardo Atxaga posa junto a unas cajas con racimos de uva de la bodega Luis Alegre, que le concedió el Premio la Excelencia Literaria en el 2013. :: SONIA TERCERO

'Vivanco: maneras de contar la cultura del vino' tiene hoy al autor de la novela 'Obabakoak' como protagonista Bernardo Atxaga Escritor

DIEGO MARÍN A. LOGROÑO.

«Os ofrezco un delicioso vino del Rhin que tengo en la bodega». «Corría una ligera brisa y, hacia poniente, las nubes del cielo tenían color de vino». «Nos sentamos los tres a la sombra del magnolio, y nos servimos vino en las copas pequeñas». «¿Verían la casa por dentro o beberían antes un poco de vino blanco?». «-Bebe vino y cállate -contestó pasándome la botella. Era su respuesta favorita, ideal para las preguntas tontas». Son algunas frases de la novela 'Obabakoak' (Premio Nacional de Narrativa 1989), muestra de que el vino quizá no es un tema recurrente en la obra del escritor vasco Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 1951), pero sí es un frecuente elemento circunstancial. Atxaga, cuyo último libro publicado es 'Días de Nevada' (Alfaguara, 2014), protagoniza hoy, a partir de las 20 horas en el Museo Vivanco de la Cultura del Vino (10 euros) , una nueva cita de 'Maneras de contar la cultura del vino', presentador por el profesor de la Universidad de La Rioja Miguel Ángel Muro.

-¿Qué lugar ocupa el vino en su vida personal?

-Soy una persona prudente... Cuando era niño el cura me dijo que había que seguir el ejemplo de la serpiente porque, aunque todo el mundo habla mal de ella, 'La biblia' dice que es prudente. Y la prudencia es una gran virtud. Si voy a charlar con una persona como Miguel Ángel Muro, que ha escrito un libro que conozco como 'El cáliz de letras', sobre el vino en toda la literatura, yo, en principio, voy con mucha prudencia. Hablaré de la relación entre ceremonia y vino, lo que a mi modo de ver es y llamamos ceremonia y el papel que juega el vino en ella. Pero va a ser una conversación más general, no temática sobre el vino.

LAS FRASES Sobre el paisaje personal... «Mis primeras sensaciones tienen que ver más con manzanares. De joven estaba más en las sidrerías» Sobre su circunstancia actual... «Ahora estoy en barbecho. Estoy escribiendo pero quiero tomarme las cosas con tranquilidad»

-¿Y en su obra considera que el vino ocupa un lugar destacado?

-Hay que tener en cuenta que yo no soy del paisaje del vino ni he nacido en él. Mi paisaje han sido manzanas. El poema que más me impresionó de joven fue ese que habla sobre «el príncipe de las ciudades de manzanas» de Dylan Thomas, que era galés. Mis primeras sensaciones tienen que ver con manzanares, y no con viñedos. Quizá el vino haya salido aquí y allá, pero nada más, aunque he escrito sobre el vino y sus paisajes en crónicas. Dije que el paisaje del viñedo de Álava y La Rioja parece vasco en invierno y toscano en verano. De joven, la verdad, estaba más en las sidrerías.

-No hace mucho recibió el Premio Don Luis a la Excelencia Literaria por parte de Bodegas Luis Alegre. ¿Siente, quizá, que invadió un terreno ajeno, si se considera natural de la sidrería?

-Valentín, uno de los dueños de Bodegas Luis Alegre, es muy aficionado a la literatura, como creo que son los dueños de Vivanco. Es una circunstancia llamativa porque Vivanco es el tercero ejemplo que voy a conocer, después de Luis Alegre y Remélluri, en los que los dueños tienen pasión por el vino, el arte y la literatura. Todo va parejo, parece que hay un ambiente. La gente que se dedica al vino lee, le interesa el arte... y yo, como decía mi hija de pequeña, soy muy partidario de los regalos.

-¿Piensa que el vino le inspira más a conversar que a escribir?

-Yo he ido llegando al vino, aprendiendo a beberlo. Empecé muy tarde, a los veintitantos años. En mi caso puedo decir que ha sido una adquisición cultural, algo que he aprendido, mientras que de la sidra no me dio tiempo a aprender... Me ha pasado exactamente igual con la música clásica, no he nacido en una orquesta sino en un pueblo y mi música ha sido la de la iglesia o la popular pero, poco a poco, me he ido acercando, aprendiendo, hasta ser un gran aficionado. Igual con el vino.

-En 'Obaboakoak' sí aparece el vino con cierta frecuencia. ¿Lo incluye como un elemento circunstancial?

-Sobre todo para escribir ficción, narración, uno lo tiene que hacer a través de los objetos y de los personajes. Quizá aparezca el vino o las botellas como objetos, hechos de una novela, porque no ha sido mi vida y, por tanto, mi literatura. Recientemente se ha reeditado mi libro 'Horas extras' sobre excursiones que he hecho y hablo de lugares. Creo que hablo, aunque de paso, del vino.

-Su último libro, de hace ya tres años, es 'Días de nevada'.

-Sí, pero ese es ya original. El que acaba de salir es la reedición de 'Horas extras'.

-¿Y no tiene nada nuevo 'entre manos'?

-Ahora estoy en barbecho. Estoy escribiendo pero quiero tomarme las cosas con tranquilidad. Por decirlo rápido, estoy en el kilómetro 32 del maratón, uno de los más difíciles... Mi idea es hacerme más reflexivo, llevar una vida más apartada... Escribo una novela, cuyo título será 'Pamela', y al mismo tiempo un libro de poemas, que se titulará 'Casa y tumba nuevas'. Quizá no es interesante decirlo pero estoy tomándome tiempo, cambiando el compás de mi vida.

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