Pólizas con apoyo estatal y regional

«Nunca puedes decir que no te va a pasar nada», advierte el secretario general de ARAG-Asaja, José Antonio Torrecilla. Y las últimas campañas le están dando la razón. En el 2017 fue la helada y, en este 2018, repetidos episodios de pedrisco. «Los agricultores deben considerar el seguro como un 'input' más de su producción», remarca Torrecilla. «Se trata de una herramienta fundamental para paliar la caída de las rentas ante un siniestro», coincide el responsable de seguros agrarios de la UAGR, Juan Carlos Díez.

Y, sin embargo, no todos los agricultores riojanos apuestan por suscribir una póliza, sobre todo los viticultores. «La gente expone temas muy particulares para no contratarlas. Al final se trata de una decisión empresarial», afirma el secretario general de ARAG-Asaja. Pero después de las últimas campañas, ambas organizaciones agrarias instan a asegurar.

El seguro agrario está subvencionado por el Estado, a través de ENESA, y por el Gobierno de La Rioja. Estas cuantías se descuentan en el momento de suscribir la póliza, por lo que el asegurado paga en torno al 60% de su coste total. Los frutales son el cultivo que más se asegura, pese a contar con las pólizas más caras, ya que la fruta resulta muy delicada. «En cuanto le toca algo de piedra, ya no vale para el mercado», expone Díez. Señala que el cereal también es frágil, pero como la superficie amparada «es muy grande, en proporción sale más barato». En cambio, el responsable de seguros agrarios de la UAGR achaca la tradicional resistencia de los viticultores a asegurar a que «no hay costumbre» y a que resulta más complicado perder toda la producción que en los otros cultivos. Como curiosidad, apunta que en el valle del Najerilla es donde menos se asegura de la región.

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