Entre el progreso y el paisaje

La LR-306 y el viejo trazado del ferrocarril avanzan junto a las viñas históricas de Haro. :: sonia tercero/
La LR-306 y el viejo trazado del ferrocarril avanzan junto a las viñas históricas de Haro. :: sonia tercero

Los centenarios viñedos de La Rioja Alta han sufrido afecciones desde el siglo XIX | Carreteras, vías de tren, gasoductos y líneas de alta tensión son los principales escollos de un paisaje que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad

HARO.

Todo empezó con el ferrocarril. Para el paso del tren por las Conchas de Haro en pleno siglo XIX sólo era posible excavar un túnel en la roca. El agujero se repitió tiempo después, en la otra orilla del río Ebro, para la construcción de la carretera N-124. Nadie puede negar que esa herida original se convirtió, paradójicamente, en el motor económico de la comarca. «El ferrocarril, en su momento, fue el atractivo de los negociantes que se instalaron en Haro, el germen del barrio de La Estación, y entonces nadie puso el grito en el cielo», reconoce Julio César López de Heredia, director gerente de Bodegas López de Heredia, no sin matizar que «de todas las infraestructuras, el ferrocarril es el que más integrado está en el paisaje y su orografía porque sigue los meandros».

La primera polémica sobre infraestructuras en el paisaje del viñedo en La Rioja Alta fue la AP-68. Ya en 1978 se realizaron importantes expropiaciones y explosiones para abrir paso en los Riscos de Bilibio que originaron protestas. Entonces el enfado de la población no era tanto por la afección sobre el paisaje del viñedo de Rioja sino por atentar contra el yacimiento arqueológico 'Castrum Bilibium', origen histórico de Haro. Hubo manifestaciones a favor, incluso, de proteger la fuente de San Felices y se cuestionaba la apertura de la roca en lugar de seguir el mismo curso que la N-124 y el tren, paralelos al río, pero entonces las crecidas del Ebro eran frecuentes y la autopista no podía correr ese riesgo. Aquellas detonaciones provocaron la muerte de dos técnicos en explosivos, lo que paralizó las obras de la AP-68.

Desde entonces, la niebla cubre Haro casi cada mañana, un fenómeno que no ocurría antes de los años 80, precisamente por la apertura antinatural de los Riscos de Bilibio, que antes ejercían de barrera. Otro problema es la aparición de la olivarda, una planta rastrera que ha invadido los solares, caminos y bordes de carreteras de la comarca de Haro, procedente del norte. Más tarde llegaron las cinco líneas eléctricas de alta tensión y el gasoducto Lemona-Haro y ahora el AVE, el desdoblamiento de las carreteras y la nueva línea eléctrica 'Haro Norte' son las nuevas amenazas de un paisaje que aspira a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

«El ferrocarril, en su momento, fue el atractivo de los negociantes que se instalaron en Haro», recuerda López de Heredia

«La Rioja Alta tiene un paisaje idílico vivo que debemos proteger por muchos motivos», considera Natalia Olarte, presidenta de la Asociación en Defensa del Paisaje del Rioja que logró que el Parlamento de La Rioja tomara en consideración la iniciativa legislativa popular 'Plan Especial Vitícola'. Ahora la nueva 'Directriz de Protección de Suelo No Urbanizable de La Rioja' puede suplir a ese plan, aunque lo cierto es que el paisaje cultural del vino es Bien de Interés Cultural en La Rioja desde el 2015. ¿Pero sirven de algo estas normativas si, al final, todas las infraestructuras pasan irremediablemente por el mismo paisaje?

«Por algún lado tienen que pasar, pero hay maneras»

«En un futuro tendremos tren, pero gracias a la incoherencia de nuestros dirigentes perderemos población y riqueza cultural y patrimonial, el motor de nuestra economía local, y tendremos como consecuencia un gran impacto medioambiental y una posible desaparición del sector del vino», vaticina Natalia Olarte. El filósofo, antropólogo y experto en paisaje del viñedo Luis Vicente Elías señala, además, la cantera de ofitas de San Felices, que provoca «un deterioro impresionante». «Siempre ponemos como excusa el progreso, pero ese es un juego perverso. Indudablemente, todos necesitamos consumo, por algún lado tienen que pasar las infraestructuras, pero hay maneras de hacerlo», opina el experto riojano, y señala un culpable claro: «El Gobierno de La Rioja no tiene ningún interés en preservar el paisaje del viñedo».

También conviene hacer autocrítica: «Los riojanos hemos sido poco hábiles a la hora de protestar», cree Elías. Y la puesta en valor del paisaje del Rioja es muy reciente. Salvo el tren, ninguna de las infraestructuras tiene más de 40 años. «Hemos llegado tarde al enoturismo y deberíamos hacer estudios de impacto más serios y rigurosos», añade Elías, quien aboga por seguir investigando divulgando los valores del paisaje del Rioja, aunque es pesimista y declara: «No tengo ninguna esperanza ni confianza porque no hay voluntad». «Otras regiones intentan preservar, defienden su paisaje y mejoran su número de visitantes y la calidad de su turismo, mientras que aquí vienen, ven una bodega y se marchan porque, realmente, nuestro paisaje se está deteriorando», reflexiona Luis Vicente Elías.

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