'Riesgos' extremos para una campaña más que difícil

A. G. LOGROÑO

Crean o no en la biodinámica -el cronista mantiene también dudas, cuando menos parciales-, la campaña 2018 será recordada durante décadas en Rioja por los graves ataques fúngicos. Difícil para todos y extremadamente peligrosa para los viticultores ecológicos y biodinámicos. Además, Francisco Ruiz Jiménez, que trabaja sin red: todos sus viñedos están certificados como ecológicos y, ahora, biodinámicos. El viticultor se ha servido únicamente del azufre, traído de tierras volcánicas italianas, para combatir los hongos, y de las infusiones sin haber sufrido demasiado: «Un poco más con el tempranillo blanco, que es una variedad difícil, pero tenemos sanidad y una buena cosecha por delante».

En sus viñedos hay marcas de mildiu, de oídio..., pero los racimos están íntegros y los granos pequeños y duros [el pecado de este año es la baya grande y blanda]. «Llevo treinta años usando las infusiones, los preparados, y no tenemos problemas fúngicos. «Este año -continúa- teníamos todas las papeletas pero hemos conseguido crear un ecosistema que prácticamente se autorregula».

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