Rioja confirma el cosechón con 473 millones de kilos ya en bodega y la vendimia aún activa

Abel Mendoza, en su bodega de San Vicente elaborando su Jarrarte 2018. :: Díaz Uriel/Antonio Díaz Uriel
Abel Mendoza, en su bodega de San Vicente elaborando su Jarrarte 2018. :: Díaz Uriel / Antonio Díaz Uriel

La DOC podría batir su récord de producción y la heterogeneidad de vinos se confirma con la carga de la viña como factor diferencial

ALBERTO GILLogroño

La historia se repite y, si a la cosecha de la helada de 1999, le siguió el 'cosechón' hasta ahora de la historia de Rioja con 490 millones de kilos de uva, a la helada del 2017 le acompañará una cosecha que, probablemente, batirá el récord histórico de cantidad. Con fecha del pasado jueves, las bodegas acumulan ya 473 millones de kilos de uva con únicamente 62 de los 142 municipios con la vendimia 'cerrada', por lo que muchos viticultores y bodegas de La Rioja Alta, especialmente, y Alavesa continúan recogiendo uvas.

En cuanto a la calidad de las uvas y los primeros vinos, los bodegueros coinciden en la heterogeneidad: «La gran diferencia ha sido la gestión del viñedo; las viñas con hasta 7.000 kilos han ido incluso muy bien, pero aquellas con exceso, o mucho exceso, de carga...». Así hace balance Abel Mendoza, viticultor de San Vicente, de esta difícil campaña: «Ha habido momentos críticos, pero finalmente estoy contento, sin problemas de sanidad, con un grado más limitado de 13,4 o 13,5 que para mí es fantástico». Mendoza señala que, más que nunca, la diferencia del 2018 está en el viñedo: «Hubo que trabajar mucho con la vegetación, con los aclareos de producción y el que no lo haya hecho tendrá que trabajar mucho en la bodega y asumir riesgos porque había mucha uva y en muchos casos muy ajustada de grado y calidad».

El dato

485
millones de kilos de uva es el máximo de producción amparable del 2018 (110% de rendimiento), aunque se permite entrar en bodega y transformar otro ocho por ciento adicional para el 'stock' cualitativo (hasta 520 millones). El resto, si lo hay, será de excesos productivos.

Las mismas sensaciones transmite Miguel Ángel de Gregorio (Finca Allende, en Briones, y Finca Nueva, en Navarrete), quien continúa de vendimia: «Podíamos haber estado ante una gran añada pero también tendremos vinos claramente mediocres». «Ha habido viticultores concienzudos -continúa-, que han trabajado mucho y bien, mientras que, en otros casos, probablemente por la helada y por miedo a perder producción, sacaron mucha vara nueva y la viña, aunque se ha comportado de forma magnífica tras la helada, llega un momento en que no asume producciones tan excesivas». «Para que te hagas una idea -continúa-, al margen de la selección de campo, prácticamente el 30/35% de los granos los hemos desechado en Finca Allende en la cinta de selección óptica por la irregularidad de maduración incluso en un mismo racimo».

«El que no trabajó mucho en los viñedos tendrá que asumir riesgos en la bodega», dice Mendoza

En este sentido, De Gregorio considera que el año «ha sido difícil e irregular», aunque también aclara que «estamos en las fechas tradicionales de Rioja Alta de vendimia y quienes llevamos mucho tiempo en este negocio conocemos este tipo de añadas». «Otro aspecto que marcará la diferencia en los vinos -agrega- son los que se vendimiaron precipitadamente para evitar las lluvias y quienes aguantaron el tipo en busca de una buena madurez».

De la cepa a la copa

La elaboración por el pisado tradicional ha pasado casi a la historia, aunque aún quedan bodegas que siguen elaborando así alguno de sus vinos comerciales. Es el caso del Jarrarte (vino del año de maceración carbónica) de Abel Mendoza, que el pasado sábado se introdujo con las botas y el horquillo en el lago de hormigón para elaborar este vino para el que utiliza las uvas de los viñedos más cercanos al río. En el lago de hormigón se introducen los racimos y se pisan y remueven con el horquillo para nuevos, y nuevos, pisados. Entre 24 y 48 horas se están estrujando las uvas y, mientras, el vino reposando (es el llamado vino del trasnocho...). Vino en estado puro, de la cepa a la copa con todas sus consecuencias y el mejor testigo de la propia añada. Los restos de la pisada irán después a una prensa, de la que Mendoza obtendrá sobre el 8% adicional del vino final Jarrarte

Isaac Muga, de Bodegas Muga, tiene todavía por delante varios días de vendimia y no es demasiado optimista con la campaña: «Muchísima selección...; la uva ha ido entrando de forma muy dispar y, además de una tremenda separación en la viña, hemos trabajado con dos cintas de selección óptica por la irregularidad madurativa». Muga explica que «ahora estamos adelantando todo lo mejor antes de las lluvias anunciadas para este fin de semana» y lamenta «la excesiva carga de muchos viñedos hasta el punto de que, pese a que había un margen muy amplio para entradas en bodega, queda mucha uva sin vendimiar en las viñas y veremos imágenes como las del 2016». Sobre los vinos, Isaac Muga aventura que «habrá por supuesto grandes vinos entre otros mediocres, aunque mi primera impresión es que le falta un poco de chispa a esta cosecha».

Pepe Hidalgo, consultor vitivinícola, es también claro: «Más que irregular es una vendimia de 'locos'». Hidalgo distingue entre los viñedos que venían con más carga y los más equilibrados que se han trabajado bien en el campo durante todo el año: «Por supuesto, de ahí saldrán vinos de gran calidad, pero los habrá también de aquellos viñedos que inicialmente venían con carga y los 'aligeró' naturalmente el mildiu». «El mildiu, que ataca más a la cantidad que a la calidad, ha regulado la producción en estos casos y creo que pueden salir de estos viñedos, paradójicamente, vinos también buenos».

El enólogo señala que, aun con todo, «podemos decir que hemos tenido buena suerte porque se controló la botrytis....». «Es muy pronto, pero, si hay que mojarse, creo que la añada dará para 'buena' o poco más».

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