RIOJA NO ES ESPAÑA

ALBERTO GIL

«Nos han metido un impuesto revolucionario, bajo amenaza judicial, y la 'repanocha' es que, encima, los viticultores no pagan pero sí deciden en la mesa de la OIVE en qué se gasta nuestro dinero...». «Nos están pidiendo que paguemos la factura de la cena sin invitarnos a cenar y quieren, además, que digamos que el menú está de maravilla». Las opiniones no son mías, sino de bodegas como Muga o La Emperatriz a raíz de la propuesta de renovación, para otros cinco años, de las cuotas obligatorias de la OIVE . Tres asociaciones de bodegas de Rioja (300 empresas), tan dispares como las Familiares, las Centenarias y las alavesas de Abra, se han puesto de acuerdo [inédito] para denunciar su cabreo, mientras llama la atención el 'silencio' de las instituciones cuando hace no mucho el Gobierno de La Rioja y el Consejo Regulador derrumbaron a cañonazos 'Viñedos de España', que pretendía exportar vino barato baja la 'marca país' como paraguas. La OIVE es un coto exclusivo de los grandes operadores del sector, con intereses en vino pero también en licores; de granelistas; de grandes cooperativas y sindicatos agrarios, que, al exigir acreditar el 10% de las ventas del vino español para incorporarse, lo hace inaccesible al resto. Al tiempo, es un poderoso 'lobby' muy cómodo para el Ministerio porque resume a 'todos' sus interlocutores en uno, a costa de obviar la identidad territorial y las grandes diferencias regionales. Y, ojo, porque hoy la OIVE es competente sobre el consumo interno del vino, pero podría serlo en el futuro sobre mucho más. Rioja, en vino, no es España, aunque la política sigue ausente.

 

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