Rioja en una nueva encrucijada

«Rioja necesita tomar medidas para reequilibrar la estabilidad de todo el sector porque, de lo contrario, la ecuación es sencilla: la escasez de vino, junto con la subida de precios en origen, provoca la caída de ventas»

Siempre he escuchado que Rioja era una Denominación de Origen monolítica, que era enemiga de los cambios y que, cuando se movía, lo hacía con la misma agilidad de un elefante. Creo que cualquier lector que repase la evolución de la primera Denominación de Origen Calificada durante los últimos años, coincidirá conmigo en que nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que estamos instalados en un mundo que requiere adaptaciones constantes y tanto el sector del vino en general, como esta Denominación en particular, no son ajenos a ello.

Prueba de ello han sido las importantes decisiones que el sector, de forma muy mayoritaria, ha tomado en los últimos años: revitalización de los vinos blancos y rosados, revisión de los requisitos de envejecimiento de reservas y grandes reservas, adaptación de las nuevas menciones de vinos de zona y municipio, creación de la mención de vinos de 'Viñedo singular', elaboración de vinos espumosos de calidad, etc.

Este debate tan fructífero desarrollado en el seno del Consejo Regulador se ha llevado a cabo con un altísimo grado de consenso, tanto del sector productor como el comercializador, demostrando un alto grado de responsabilidad por todas las partes.

Pero en un entorno absolutamente cambiante, y donde la necesidad de adaptarte no es una opción sino una obligación, nos enfrentamos de forma continua a nuevas encrucijadas. Una de ellas se encuentra a la vuelta de la esquina, ya que Rioja lleva dos campañas que, como poco, podemos calificar de complejas.

En 2016, una conjunción de condiciones óptimas provocó una cosecha abundante que tuvo que ajustarse a los rendimientos de producción que habíamos fijado por amplio consenso. Por el contrario, en 2017 una fuerte helada en abril y una posterior sequía redujeron considerablemente la producción, que, aunque aliviada por las normas de campaña finalmente aprobadas, ha generado un importante déficit de uva y vino en origen. Finalmente se vendimiaron 349 millones de kilos de uva, más de 100 millones por debajo del potencial productivo previsto, lo que ha lastrado las ventas durante los primeros meses de este año.

Por suerte, esta cosecha 2018 apunta que será abundante por las copiosas lluvias registradas, la buena recuperación de los viñedos y el buen hacer de los viticultores, lo que nos puede permitir recuperar la merma de materia prima del pasado año y volver a equilibrar la Denominación.

De ese modo estaríamos preparados para abordar de nuevo el mercado de una forma eficiente y, no sólo recuperar el terreno perdido en volumen de ventas sino ampliarlo manteniendo el incremento de valor conseguido en el mercado. Esto es posible porque otras zonas han tenido circunstancias más graves o no han sido capaces de adaptarse a las circunstancias con la rapidez que lo ha hecho Rioja, que para eso tenemos la experiencia de casi 100 años como Denominación de Origen.

Sólo queda que el sector, ante esta nueva encrucijada, vuelva a dar muestra de su madurez y de su experiencia y apruebe unos rendimientos acordes a las expectativas de la cosecha y las necesidades de abastecimiento de la Denominación.

Pero no sólo estamos debatiendo cómo mantener el equilibrio a corto plazo sino que, aprendiendo del pasado reciente, estamos ultimando la creación de un stock cualitativo que minimice los altibajos productivos fruto de la climatología y permita además mejorar la calidad de nuestros vinos. De ese modo estaremos garantizando el equilibrio que tan buen resultado ha dado a esta región distribuyendo el valor a lo largo de toda la cadena.

Estamos ante una campaña en la que necesitamos uva. Todos, no sólo las bodegas, porque los viticultores también vieron mermados sus ingresos la pasada vendimia. Rioja necesita tomar medidas para reequilibrar la estabilidad de todo el sector porque, de lo contrario, la ecuación es sencilla: la escasez de vino, junto con una subida de precios en origen, provoca la caída de ventas.

A corto plazo se resiente el vino joven pero, si no actuamos con inteligencia, a medio plazo afectará a los vinos criados, justamente los tipos de vino cuyas ventas crecen paulatinamente y que aportan mayor valor.

Grupo Rioja recomendaba en octubre prudencia en los precios y ahora nos vemos en la obligación no sólo de volver a pedirlo sino también de obtener el rendimiento necesario para reponer existencias. Una contención de precios, junto con una recuperación de existencias, nos permitiría ser más competitivos para mantener nuestros mercados tradicionales y conquistar otros como los pujantes mercados asiáticos, donde queda mucho por hacer.

Creo sinceramente que estamos ante una nueva encrucijada, no porque no sepamos hacia dónde queremos ir sino porque estamos en el momento de tomar con determinación la senda que nos permita a todos seguir creciendo en valor.

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