El Rioja se hace verbo (e imagen)

Íñigo Torres, Fernando Salamero, José Luis Lapuente y Pablo Alzugaray durante el acto de presentación. :: consejo regulador de la doc rioja/
Íñigo Torres, Fernando Salamero, José Luis Lapuente y Pablo Alzugaray durante el acto de presentación. :: consejo regulador de la doc rioja

El Consejo Regulador presenta en la sede de la RAE su renovado eslogan 'Saber quién eres', que defenderá en todo el mundo los valores de sus vinos asociados al españolLa nueva campaña de promoción de la DOC apela al territorio emocional del vino

JORGE ALACID

madrid. Incluso el gesto tan cotidiano de servirse y saborear una copa de Rioja exige en estos tiempos de nuevas narrativas un relato. Algo trascendente. Sobre esa noción que lanzó ayer José Luis Lapuente, secretario del Consejo Regulador, mientras presentaba la nueva campaña de promoción de la DOC, se plantea una idea central, construida alrededor de la noción de identidad y basada en un río madre, el eslogan 'Saber quién eres', y varios afluentes: la reivindicación de las raíces, el orgullo por el liderazgo que exhiben los vinos riojanos y, más prosaicamente, la conquista de los mercados internacionales. Virtudes que tributan en un universo común: el universo del idioma compartido. La palabra se hizo ayer vino (y vino de Rioja) en su lugar natural, la sede de la RAE. Y se hizo también imagen.

Porque las imágenes cuentan. Cuentan en todos los sentidos: también el narrativo. Una armoniosa sucesión de ellas deleitaba la mirada de quienes asistieron a la presentación de la campaña en una de las estancias del venerable caserón madrileño. Los espectadores del video promocional, que se ponía ayer de largo, pasearon por un territorio conocido: viñedos en cualquier época del año (siempre es temporada de esplendor en La Rioja), la dicha que despide compartir una botella de vino, la emoción de los tesoros ocultos en una bodega... Pero también un espacio todavía sin explorar: el rico mundo icónico que se desprende del vino cuando se hace pintura en las maestras manos del artista Carlos Corres. Porque cuando acabó la presentación, y luego de recorrer los salones del palacete de la calle Ruiz de Alarcón, los asistentes se toparon con el pintor riojano coloreando unas cartulinas. Las mismas que sirven de poderoso reclamo visual para la historia recién presentada.

Una historia emocionante, como reclamaba Lapuente, quien precedió en el uso la palabra a Pablo Alzugaray, responsable de la agencia encargada de comunicar al mundo la buena nueva: esta renovada imagen del Rioja que se apoya sobre otro valor de enorme impacto, la palabra. La palabra nacida no por casualidad en el valle del Cárdenas, al amparo de la fértil tierra de viñedos cuyas raíces defiende el Consejo Regulador con el propósito de proyectarse hacia el planeta entero hablando en ese mismo idioma que balbuceaba en los escritos de Gonzalo de Berceo: hablando en español.

Porque en español aparecerá toda la cartelería creada para esta ocasión, ese eslogan que apunta hacia el corazón de la DOC (la idea de autenticidad que preside el quehacer del mundo del Rioja) y que, en opinión de su presidente, Fernando Salamero, se justifica precisamente apelando a las virtudes nutrientes de sus vinos: cercanía y transparencia. «Rioja ha demostrado ser fiel a sus principios desde sus inicios al consumidor», señaló Salamero, y subrayó el compromiso de la Denominación de Origen con esa noción de vinos genuinos «por encima de modas pasajeras».

El vino entendido por lo tanto como «bebida social», según el dictamen de Lapuente. El vino interpretado de acuerdo con las directrices propias del Rioja, capaz, como enfatizaron los dirigentes del Consejo, de alumbrar prácticamente un vino para cada consumidor. Incluyendo el público joven, al que invitó Lapuente a participar en lo que llamó «un enamoramiento mutuo». Un público que puede sentirse reflejado en una campaña que apuesta por asociar la marca Rioja a ese intangible universo donde el concepto de personalidad atesora un valor incalculable. Un valor que sirve tanto para el mercado nacional («Es el principio de nuestra notoriedad», aceptó Lapuente) como para el internacional: así para los destinos habituales como para los emergentes. China, por ejemplo, donde Lapuente observa «grandes posibilidades de desarrollo». Gracias, precisó, no sólo al catálogo clásico asociado al Rioja sino también a las modernas aportaciones de los nuevos elaboradores; lo cual incluye, por cierto, la reivindicación de sus vinos blancos.

De modo que «sin engolar el lenguaje», como rogaba Lapuente. Abrazando la noción de polisemia que preside la flamante campaña, como advertían sus creadores. Y recordando la potencia que anida en el orgulloso linaje del Rioja, la pasión por el origen que subrayó Salamero, el acto concluyó más o menos como había empezado: con el regreso a la casilla de salida. Enarbolando el valor de la palabra, puesto al servicio de los vinos riojanos y enraizado en el valor de la imagen: esas maravillosas escenas pintadas con vino de distintas variedades que Corres mimaba en la salita donde concluyó la visita a la docta casa. Donde ayer el verbo se hizo vino.

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