Tipicidad o autenticidad

Los Corrillos de Tentenublo Wine y, abajo, Sierra Cantabria CVC./
Los Corrillos de Tentenublo Wine y, abajo, Sierra Cantabria CVC.

Peñín elige dos Riojas tan 'atípicos ' como típicos para candidatos a vino revelación | Los Corrillos de Tentenublo apuesta por el denostado calagraño, mientras Marcos Eguren recupera el CVC para su vino más exclusivo

ALBERTO GILLogroño

La tipicidad. Extraña palabra que, aplicada al mundo del vino, define rasgos comunes de una misma zona geográfica o de una variedad de uva. En Rioja, la tipicidad se relacionaría, por ejemplo, con la presencia de madera en los vinos o, también, con las notas características de fruta roja del tempranillo. Aunque, especialmente en los últimos tiempos de mayor libertad creativa, la tipicidad está causando no pocos quebraderos de cabeza a elaboradores que se salen del 'guión' a la hora de conseguir la calificación oficial de sus vinos por el Consejo Regulador. El caso es que hay vinos que, aunque según los manuales no puedan asociarse a los 'típicos', si se ahonda un poco más en el concepto, quizás deberían considerarse más 'típicos' que ninguno. En este sentido, la Guía Peñín acaba de hacer públicos los seis vinos españoles que aspiran a la elección de vino revelación del 2019. Dos de ellos son riojanos y encajan en ese concepto de 'atípicos' muy típicos: el blanco Los Corrillos, de Tentenublo Wines, y el Sierra Cantabria CVC, de Viñedos Sierra Cantabria.

Los Corrillos es la última creación de Roberto Oliván, el viticultor de Viñaspre (aldea de Lanciego) que, en versión tinto y blanco, rinde homenaje -con un espectacular y 'retro' diseño obra de la empresa riojana Calcco- al cultivo tradicional de Rioja Alavesa, con mezcla de múltiples variedades en un mismo viejo viñedo sabiamente localizadas: las blancas, en las cabezadas, en las partes más altas y más secas de la finca, por su mayor capacidad de 'sufrimiento'. «Viticultor con mayúsculas era mi abuelo... yo aún me estoy sacando el carné», asegura Roberto Oliván cuando se le pregunta por sus parcelaciones y por su trabajo en la viña.

Los Corrillos Blanco incorpora en su composición las variedades viura, malvasía y jaén, que no es otra cosa que el denostado -y 'horroroso' para muchos enólogos-, calagraño y que, sin embargo, para Roberto Oliván es una variedad de uva diferencial y que aprecia al extremo con una vinificación a su medida. De hecho, el calagraño, la jaén, define también su otro blanco, 'Tentenublo', que este año se hizo 'famoso' en las redes sociales tras ser emplazado hasta en dos ocasiones por los comité de cata del Consejo Regulador por no seguir los cánones habituales, a lo que respondió el viticultor con unos 'originales' recursos recordando la tipicidad histórica del calagraño en Rioja.

Sierra Cantabria es un gran 'blend' a la inversa: un vino de un viñedo, pero de tres añadas diferentes

Varias cosechas

Sierra Cantabria CVC ha sido la última apuesta del 'mago' Marcos Eguren. CVC era una nominación típica de Rioja [conjunto de varias cosechas] que, tradicionalmente, empleaban bodegas históricas, con Pedro López Heredia como principal defensor -de hecho Viña Tondonia aún hoy sigue mezclando diferentes añadas-, pero que fue desapareciendo tras instaurar el Consejo Regulador el control de añadas en los ochenta y, por qué no decirlo, después de que algunas grandes bodegas utilizaran el CVC para dar salida a vinos de calidad dudosa.

Marcos Eguren recuperó este año el concepto de varias cosechas al extremo, para su mejor vino (790 euros por botella) con el lanzamiento de Sierra Cantabria CVC, que mezcla el excepcional resultado de un único viñedo de 1,49 hectáreas en San Vicente en las añadas 2008, 2009 y 2010. Un 'blend' a la inversa: las mismas uvas, pero en distintas cosechas. Ganen o no ganen, sin duda, dos revelaciones.

 

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