«La traducción y el conocimiento de lenguas es imprescindible en el vino»

El profesor Miguel Ibáñez. :: l.r./
El profesor Miguel Ibáñez. :: l.r.

Miguel Ibáñez, profesor de Traducción de la UVA | Pionero en la traducción especializada y director del grupo de investigación Traduvino, Ibáñez habla de ventajas a nivel comercial, tecnológico y cultural

J.S. LOGROÑO.

Estudiar el lenguaje vitivinícola y su traducción a otros idiomas es el objetivo del grupo de investigación Traduvino, perteneciente a la Universidad de Valladolid (UVA) y dirigido por el riojano Miguel Ibáñez Rodríguez. Recientemente han firmado con la Fundación Vivanco un convenio para impulsar esta labor, que el especialista considera cada vez más importante en un sector al que afirma que aporta ventajas a nivel comercial, tecnológico y comercial. Natural de Badarán, el profesor de la UVA en su campus de Soria, destaca que el traductor especializado tiene que conocer su oficio pero también saber de vino: «Conocer el campo para conocer su terminología».

-¿Qué labor desarrolla Traduvino?

-Nos interesamos por el estudio e investigación de la lengua de la vid y el vino y su traducción. La estudiamos como lengua de especialidad en el ámbito de la traducción especializada.

-Es un campo de estudio relativamente nuevo.

-Sí, la lengua de la vid y el vino como lengua de especialidad no se había estudiado nunca.

-¿Alguna característica especial?

-Sobre todo la variación de tipo diatópico o dialectológico, es decir que, según en qué lugar, se utiliza una terminología u otra en el mismo idioma, sobre todo en sus registros más populares. Por ejemplo, para el término 'espergurar', que es una de las labores de la poda en verde, hemos recogido más de veinte formas distintas.

-¿Y la principal dificultad para el traductor?

-La mayor dificultad en cualquier lengua de especialidad consiste en lograr el conocimiento de ese campo de especialidad. Un traductor que tenga que traducir textos del vino tiene que tener una doble competencia: tiene que saber traducir, obviamente, y tiene que saber de vino y conocer bien este mundo. Tienes que conocer el campo para conocer su terminología.

-¿Plantean mayor dificultad los términos antiguos o los neologismos, que proliferan tanto?

-Depende, porque no se traduce normalmente en un registro tradicional o popular, sino más en el ámbito oral. Lo que más se traducen son notas de cata, páginas web, folletos publicitarios de una bodega... Son documentos escritos con un español cuidado que no suele incluir términos populares. Aunque casi todos los términos tienen doblez: una forma culta y otra popular. Por ejemplo: el 'oídio' se conoce como 'ceniza' y la 'clorosis' como 'amarillo', pero en un manual no vas a emplear estas formas populares.

-¿Hay un idioma que exprese mejor que otros el habla del vino?

-Claro, como el propio cultivo, las lenguas del ámbito mediterráneo son más ricas que el resto. Italiano, francés, español e incluso el portugués son lenguas de países con amplia tradición vitivinícola. Han generado mucha terminología. Por ejemplo: pocos frutos tienen un término específico para su recolección; no lo hay para la recogida del melocotón, pero sí tenemos 'vendima' para la recogida de la uva.

-¿Por qué se impone el francés?

-El francés es la lengua más importante desde el punto de vista del conocimiento porque fue en Francia donde surgió la ciencia enológica y donde se generó el vocabulario técnico del vino. El resto de lenguas son receptoras en gran parte.

-Pero, como otros mercados, el vino 'habla' inglés, claro.

-Sí, aunque es un idioma más pobre en terminología del vino, la comercialización es en inglés. Todas las grandes bodegas tienen su página web traducida al inglés.

-¿Y los asiáticos: chino, japonés?

-Sí, tienen menos tradición. Allí se impone también el inglés, pero si queremos introducir esta cultura tiene que ser también a través de su idioma propio.

-¿Cómo se traduce un término que no tiene equivalente en el otro idioma?

-Se transfiere el término o se calca con expresiones de esa otra lengua de llegada.

-Pero no tiene que ser fácil explicar en chino, por ejemplo, los diferentes tipos de vino, ¿no?

-Evidentemente, porque son conceptos que no existen en esa cultura. Ahí tenemos un problema de transculturación.

-El hombre del vino, el pequeño productor, ¿le da importancia a la traducción?

-Hay gente más sensible, pero incluso una pequeña bodega sabe que una parte de la producción se vende en el exterior. La formación y conocimiento de lenguas se está haciendo imprescindible.

-Traduvino trabaja en esta labor.

-Generamos un conocimiento que, transferido al sector, puede facilitar la comunicación a nivel tecnológico, a nivel de exportación e importación y a nivel cultural. Y creamos recursos, como una base de datos en nuestra web con la terminología del vino en distintas lenguas; y organizamos cursos de formación para preparar especialistas que dominen la comunicación multilingüe vitivinícola.

-El convenio con Vivanco da un impulso económico e, imagino, que ayuda también a dar visibilidad a esta labor.

-Sí, este convenio institucionaliza una relación que ya manteníamos con Vivanco a través de congresos y otras líneas de trabajo.

-En su caso personal, ha conseguido unir sus dos pasiones: la vocación por los idiomas y la pasión por el vino.

-Soy de Badarán y el vino es una cultura con la que he crecido, claro.

-Ha sido usted pionero en este campo.

-Sí, me lo planteé al llegar a la Universidad y dedicarme también a investigar más un campo que ya conocía a cierto nivel.

-¿La Universidad todavía puede aportar mucho al sector?

-La Universidad tiene que estar de la mano del sector para que ese conocimiento que generamos se pueda transferir.

-Parecen estudios interesantes para la Universidad de La Rioja.

-Sí, por supuesto. Yo ya he trabajo allí y estaría encantado de volver a mí casa.

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