«El vino debe ser parte de la vida de los mejicanos»

M.J.G. MÉXICO.

México representa el nuevo mundo del siglo XXI para el consumo del vino, muy especialmente de Rioja. Así lo destaca la presidenta de la Asociación Mexicana de Sommeliers, Pilar Meré, que explica los incipientes pasos de los viticultores aztecas por generar una producción autóctona, a la que «aún le falta mucho tiempo para competir en el mercado internacional».

-¿Qué representa Rioja en México?

-Nuestra cultura del vino apenas está creciendo y estamos tratando de involucrar a la gente en su consumo como parte de un estilo de vida. Los vinos que más triunfan en México son los españoles y después los chilenos. Y lo que más consumimos de España son Rioja, por lo tanto hay un posicionamiento claro. Pero lo que llama la atención, y por lo que felicito a Rioja, es porque no baja la guardia en México. En este mundo actual, el consumidor es muy desleal: tiene tales oportunidades de elegir, 3.700 etiquetas de todo el mundo, que hay que estar presentes. Para el mejicano, Rioja es un referente muy cercano. Al ser un país del nuevo mundo, muchas veces se cuestiona que Rioja y otras denominaciones son estrictas, regulan mucho, dejan poca oportunidad, son tradicionales... Pero tener una denominación es sinónimo de calidad por todo lo que se califica. Y, además, la DOC Rioja no es estática. Es como el lenguaje: crece, se modifica, se adapta y es lo que está pasando hoy por hoy con Rioja: no pierde las raíces, pero sí se muestra con la modernidad que el consumidor, sobre todo el joven, quiere hoy.

-¿Cuál es el perfil del comprador mejicano?

-Estamos todavía en una fase de crecimiento y de exploración. Pero lo que está claro es que persigue calidad.

-México también está produciendo.

-Y nos sentimos orgullosos de ello. Tenemos cinco zonas registradas, aunque realmente producimos en once o doce. Todavía no hemos podido constituir, y tal vez no lo podamos hacer, una uva emblemática. Y digo tal vez porque lo primero que estamos construyendo es una marca país y en materia de cepas no tenemos autóctonas, pues todas son resultado de la colonización, a no ser que tengamos la fortuna, como la tuvo Chile, de descubrir algo propio. Somos pequeños productores, no estamos en el ranking y, por ende, todavía somos consumidores en pequeña escala, pero la producción que ha participado en concursos internacionales ha cosechado premios y reconocimientos. Podemos hablar de calidad aunque para competir en el mercado nos falta todavía mucho tiempo en materia de precios y mayor número de bodegas. En el año 2000 teníamos quince bodegas y hoy podemos contabilizar más de 200 productores de todo tipo.

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