Damián Sáenz Angulo, en una cepa centenaria de Uruñuela. / Sonia Tercero

Damián Sáenz Angulo | Viticultor

«El agricultor es como un boxeador: recibe los golpes pero sigue en pie»

El veterano viticultor considera que el seguro es imprescindible y advierte de que «ya no hay un año tranquilo»

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

La friolera de 58 de sus 70 años lleva Damián Sáenz Angulo trabajando la viña en Uruñuela: «Iba a clases a Nájera por las noches, pero con doce años ya estaba trabajando con mi padre en las viñas». Damián continúa activo en la Seguridad Social pese a que podría haberse jubilado e incluso se ha lanzado a la comercialización de su propio vino: «Serán mil botellas; era una ilusión que teníamos con una viña vieja de menos de una hectárea que trabajamos y labramos a mano, sin herbicidas y cuyas uvas luego desgranamos una a una a mano: un capricho».

El viticultor trabaja con seguro agrario en todas sus parcelas: «En mi vida he visto de todo, pero lo que está pasando últimamente es tremendo, supongo que por el cambio climático, pero no hay cosecha tranquila». «En 2017 –continúa– me arrasó la helada, todos los años estás rezando porque ves venir las tormentas, en 2020 apenas pudimos dormir por el mildiu y esta última cosecha nos hizo daño el pedrisco, pero tuvimos bastante suerte porque mira lo que pasó en Fuenmayor». «Lo tengo claro –continúa–, hay que asegurar sí o sí, aunque no es barato, porque un fenómeno como los que estamos teniendo te puede dejar en la calle en cualquier momento».

Damián mantiene una viticultura manual en prácticamente todo su viñedo –«sobre el 20% lo vendimio a máquina porque la bodega que me compra las uvas no me da más días»– y lamenta que se esté mecanizando cada vez más el campo: «El problema son los precios. Todo sube, cada vez más costes, pero no la uva; yo calculo que mi coste de producción está entre 10 y 15 céntimos más que los costes que publica la Consejería de Agricultura».

Lamenta asimismo ver vinos tan baratos de Rioja en los lineales: «Somos una DO Calificada y eso no puede ser; a quien piensa que el vino es caro le diría que me acompañase a podar uno de estos días o que venga también a la viña con 40 grados en verano».

El viticultor, en todo caso, seguirá trabajando a su modo: «Mis hijos me dicen que por qué no hago como muchos, pero no voy a hacer algo en lo que no creo». «Un agricultor es como un boxeador, recibe los golpes pero sigue en pie». Damián advierte de que de relevo generacional, nada de nada: «A mi hijo le gusta el campo y lo de hacer vino, pero trabaja en otra cosa, lo mismo que mi hija». «Va a ser un problema en toda Rioja –continúa–, sobre todo si no hacemos que tanto la uva como el vino sean rentables porque vaya añitos que llevamos trabajando para perder dinero».