Imagen tomada ayer mismo, en el entorno de la estación de autobuses. / JUSTO RODRÍGUEZ

Los albergues de La Rioja Alta, apenas al 5% de su capacidad

Cruz Roja confirma el bajón de temporeros respecto a la pasada vendimia y propone analizar las causas

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Cuatro son los municipios riojanos donde los ayuntamientos, con el apoyo económico del Gobierno de La Rioja y en colaboración con entidades especializadas de atención social, prepararon albergues para atender la esperada llegada de temporeros, que el año pasado fue muy importante pese a las supuestas dificultades de movilidad por el COVID: Alfaro –que abrió el pasado 17 de septiembre con la temporada de fruta para enganchar con la vendimia y cerró el pasado 25 de septiembre–, además de Logroño, Fuenmayor y Nájera, que son los tres centros que continúan abiertos.

Alfaro ha atendido a un 40% menos de trabajadores, unas 90 personas por debajo de las cifras del año pasado, según confirman desde Cáritas. Pero más bajas son incluso las cifras de ocupación de los albergues preparados en Fuenmayor o en Nájera en La Rioja Alta, en este caso gestionados por la organización Cruz Roja: «Estamos hablando de que hasta ahora hemos atendido a cinco o seis personas en Fuenmayor y a tres o cuatro más en Najera, cuando en cada centro tenemos capacidad para ocuparnos de 50 temporeros respetando todas las distancias y medidas COVID», explica Ana Arnáez Vadillo, técnico de la organización y responsable del área de Personas Mayores. «Con la vendimia ya tan avanzada tampoco tenemos perspectivas de mucho más y, por lo que escuchamos a los agricultores, sí hay un problema de escasez de mano de obra sin que estén muy claros los motivos», apunta.

Razones

«Estamos hablado de cifras que suponen el 1% o el 2% de atenciones respecto a la pasada vendimia»

El año pasado, por ejemplo, el albergue de Fuenmayor atendió a más de 170 temporeros durante la vendimia y en Nájera fue más o menos la misma cantidad: «Estamos hablando de cifras que suponen alrededor del 1% o el 2% respecto al año pasado y es que no hay apenas temporeros». «Supongo –continúa– que no hay una razón concreta, sino varias, pero lo cierto es que el año pasado vino mucha gente que se volvió sin trabajar, lo cual desanima para plantearse volver a buscar suerte».

La responsable de Cruz Roja señala que «la mecanización progresiva del cultivo también influye, al igual que las contrataciones en origen de trabajadores que cada vez son más generalizadas, pero lo que está claro es que este año es muy atípico y ha sido una sorpresa para todos».

Para el futuro

Arnáez Vadillo considera que «al finalizar la vendimia habrá que sacar conclusiones y ver si podemos concretar más las causas de lo que está pasando en realidad». En todo caso, al mismo tiempo hace un llamamiento a la prudencia: «Hace apenas un mes era impensable plantearse la opción de cerrar algún albergue, pero ahora nos sobran muchas plazas; el tema es que cada año es diferente, así que lo más sensato creo que es hacer una valoración pausada porque efectivamente son dispositivos que tienen coste y mucho tiempo de preparación, y al mismo tiempo cada vez hay más contrataciones en origen y el agricultor está cumpliendo casi siempre con la obligación de dar alojamiento».