Un grupo de jóvenes brinda en CVNE. /DONÉZAR

Un grupo de jóvenes brinda en CVNE. / DONÉZAR

El Barrio de la Estación derrota al cambio climático

La Cata regresa cuatro años después a Haro con 3.500 aficionados que desafiaron, como las bodegas, temperaturas extremas para esta fechas

JOSÉ MARTÍNEZ GLERA | MARÍA CARO

La Cata del Barrio de la Estación popular demostró estar más viva que nunca después de superar los años de pandemia. Regresó ayer, después de dos años muy complicados, para festejar su cuarta edición. Regreso esperado y significativo, pues si el viernes el sumiller Josep Roca explicó lo que ha supuesto el cambio climático para Haro y para Rioja, las temperaturas, en torno a 40 grados, reforzaron ese mensaje. No es normal el incremento que ha experimentado el mercurio y si en el año 2003 ya se pensó en una nueva vitivinicultura, veinte años después quizá sea necesaria repensarla.

«Ha ido todo muy bien –expresaba Vega Angulo, responsable de Enoturismo de Roda–. Todo ha salido genial. A pesar del calor exterior, en el interior de las bodegas la temperatura es más agradable, por eso hemos adaptado los recorridos». La cita congregó a 3.500 aficionados al mundo del vino que llegaron desde muchos puntos del globo terráqueo. El calor, como en el viñedo, lo alteró todo. Las bodegas abrieron las puertas de sus entrañas para acoger a los visitantes en diferentes ambientes. Un nuevo enfoque del vino. Placer para los sentidos. Ysobre todo, frescor. Día de contrastes, día de maridajes. El sudor que conllevaba hacer fila para ver la copa llena de nuevo y el placer de degustarlo en buena compañía tras escapar del sol. No faltaron las terrazas, ni la música en directo, pero al igual que la uva se asola sin la protección de la hoja, esas 3.500 personas también se asolaban si salían de esos gruesos muros de piedra que aportan una enorme sensación de protección sin fisuras.

«Ha sido fenomenal, a pesar de las altas temperaturas que esperábamos, lo cierto es que el viento ha ayudado mucho y el ambiente desde primera hora ha sido espectacular. Teníamos tantas ganas de disfrutar de este evento que, a pesar de las inclemencias del tiempo, con estos vinos todo se lleva perfectamente», explicaba con satisfacción Samuel Fernández, responsable de comunicación de La Rioja Alta, otras de las seis bodegas participantes.

Y es que la espera para su celebración incrementó las expectativas de los asistentes. Cuatro años. Los madrileños Raquel de la Cuesta y Aurelio Estrella tenían las entradas compradas desde diciembre de 2019 y reconocían que había merecido la pena esperar casi tres años. «Está muy bien organizado, nos está encantando. Conocíamos Haro, donde nos encantan los pimientos del Beethoven, pero nunca habíamos estado en las bodegas. Y volveremos seguro», señalaban.

Si en Muga, Cvne o Bilbaínas se podía disfrutar de esa arquitectura tan particular de sus techumbres, en Roda se agradecía su longitudinal calado excavado en la roca que muere en el Ebro y, además, de esa nueva nave de elaboración presidida por una veintena de tinas nuevas.

«Es un orgullo que la gente haya respondido tan bien, que esté disfrutando del día a pesar del horrible calor. Pero al final, con las diferentes zonas y estancias, algunas climatizadas, hemos ido jugando con la temperatura», admitía Isaac Muga. La bodega familiar fue uno de los puntos más populares de encuentro por la oferta de ambientes; Gómez Cruzado por la frescura de sus difusores y aspersores. Además de por sus vinos.

Todo era diferente en el año del retorno. A pesar de la rápida venta de las 3.500 entradas, la demanda fue mucho mayor. «Pero la cantidad es idónea para garantizar la calidad del servicio», puntualizaba Isaac Muga.

El día iba avanzando. El calor no rebajaba la intensidad de su castigo. No brillaba el sol, pero ese cielo nublado y plomizo era aun más traicionero. Las oleadas de grupos subiendo y bajando por la calle de la Estación y por la avenida de Vizcaya iban perdiendo efectivos. Se poblaban los bancos a la sombra y los primeros autobuses abrían sus puertas en la avenida de la Costa del Vino para recoger pasajeros. Como la estación del tren, que rebosaba vida, al igual que hace dos siglos. La normalidad regresa hoy, pero por un año.