Bodegas Casado Morales, en el Club de Catas

Bodegas Casado Morales, en el Club de Catas

Los hermanos Casado Morales demuestran, con seis vinos de seis viñedos y cinco variedades diferentes en un pequeño 'corrillo' de Rioja Alavesa, el sinfín de posibilidades que ofrece la región vitícola

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Seis viñedos, seis vinos y cinco variedades. Fue la propuesta con la que los hermanos Joseba y Javier Casado Morales se presentaron el jueves por la noche en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. La bodega familiar de la Lapuebla de Labarca trabaja con la identidad de zona, Rioja Alavesa, y con las 50 hectáreas que cultivan en propiedad en su pueblo, en Laguardia, Elvillar y Lanciego. Un pequeño 'corrillo' dentro de Rioja del que obtienen una extraordinaria diversidad que pone de manifiesto que lo mejor de la región vitícola, de la denominación de origen, está todavía por contar: «Cada vez tenemos más conocimiento y más tecnología para aplicarlo, y cada vez podemos trabajar más la diferenciación de viñedos, de parcelas y de vinos», explicó Joseba Casado. «Antiguamente -añadió-, hasta la 'uniformización' de Rioja, cada viticultor de mi pueblo elaboraba sus vinos, cada uno era diferente del otro... Es lo que estamos intentando hacer con la clasificación de nuestros viñedos».

El planteamiento de los hermanos Casado Morales lleva el origen al extremo, con el cultivo de cada viñedo dirigido expresamente, incluso desde la poda, para la obtención de un vino concreto en un ejercicio de compenetración entre los dos hermanos -Javier en la viticultura y Joseba en la enología- no exento de riesgos: «Si la cosecha no da lo que esperamos no elaboramos el vino; evidentemente no tiramos las uvas, que van a formar parte de otro vino, pero no 'corregimos' el resultado con uvas de otros viñedos».

La cata

Es así como trabajan con su colección de varietales 'Eme', un homenaje a Jacinta Morales: «Nuestra madre, a diferencia de lo habitual en su generación, es muy importante para la bodega; mi padre era un viticultor y ella tenía una tienda en el pueblo, así que se juntaron el 'hambre' con las ganas de comer», explicó Joseba. «Ella fue quien gestionó económica y comercialmente la bodega y 'Eme' para nosotros significa 'madre', 'mujer', significa Morales y significa monovarietal». Una quinta 'M', de malvasía, se suma al primer vino de la noche.

Procede de una plantación joven injertada con sarmientos de un viñedo multivarietal prefiloxérico que los Casado Morales han tenido descansando unos años para extraer el material genético que utilizan para sus nuevas plantaciones: «Nos gustan las variedades históricas de Rioja; creo que podemos hacer grandes blancos con viura y malvasía, ya que nos ofrecen una enormes posibilidades de envejecimiento y de singularidad». La singularidad es lo que busca Joseba Casado con este vino, 'seco' en contra de la habitual vinificación de dulces o semidulces de malvasía que, según madura, va adoptando unos tonos rojos característicos. Criado, a tercios, en roble de 225 litros, de 500 y en ánforas de barro, el vino destaca especialmente en boca: diferente, goloso y envolvente.

Casado Morales Selección Privada 2012 es un varietal de tempranillo de un viñedo plantado en 1974 que la bodega etiqueta como reserva tras una larga estancia en barrica francesa y en botella: «Nos gustan los vinos con tiempo en botella, aunque ahora la moda es sacarlo cada vez antes al mercado, pero nosotros queremos que cuando lleguen al cliente estén en su momento óptimo de consumo». El vino tiene color, estructura, pero, como todos los de la noche, está muy trabajado para que sea fino y redondo en boca.

Casado Morales Gran Reserva 2007 sorprende nada servirse: cero evolución a la vista pese a sus casi 12 años. «Somos Rioja, y Rioja Alavesa; entendemos que, por respeto a las raíces, tenemos que tener un gran reserva en nuestro portfolio». «Aquí sí utilizamos tempranillo con un 10% de graciano, como es habitual en los clásicos, pero también de un único viñedo, por lo que, si la añada no da la talla, no sacaremos gran reserva». Un 'clásico' de concepción, después de una larga crianza de 30 meses en roble y otros tantos en botella, pero sin renunciar a una estructura muy pulida y afinada por el paso del tiempo.

'Eme' Graciano 2014 es otra edición limitada de la colección de varietales, de un único viñedo que plantó el padre de los dos hermanos hace 40 años y que éstos trabajan con roble francés, americano, húngaro, rumano y chino: «Hemos hecho muchas pruebas y al final nos convencimos de que el mejor resultado estaba en la mezcla de robles», explicó el enólogo. «Lo del roble chino es anecdótico -agregó-, pero nos lo propuso una tonelería y, por probar, que no quede...». Especiados en nariz, típicos de la variedad, y de nuevo una finura muy conseguida para una uva tan exigente.

Los vinos de la cata

'M' de Casado Morales Malvasía 2016:
20 euros.
Casado Morales Selección Privada 2012:
20 euros.
Casado Morales Gran Reserva 2007:
30 euros.
'M' de Casado Morales Graciano 2014:
20 euros.
'M' de Casado Morales Mazuelo 2014:
20 euros.
Casado Morales Blanco Reserva 2011:
21 euros.

'Eme' Mazuelo 2014 fue el vino más sorprendente de la noche. Muy escaso en plantaciones en Rioja y habitualmente utilizado para completar por su acidez a los tempranillos, los hermanos Casado Morales han conseguido un vino muy singular, cuyo secreto está en el viñedo: «Es uno de los más cercanos al río que tenemos, cerca de Assa, y mi hermano Javier lo trabaja muchísimo, sobre todo, descargando uva para conseguir lo que buscamos». Espectacular por sus aromas no 'habituales' y más florales y, también, por la amabilidad de trago pese a la rusticidad de la propio vinífera.

La cata finalizó como empezó, con una reivindicación de las variedades blancas autóctonas de Rioja, en este caso con el Casado Morales Blanco Reserva 2011, elaborado con viura de un viejo viñedo de la familia. Un vinazo, un blanco que incluso aguanta la potencia de los dos tintos anteriores, y que, como bien comentó el personal, no es para 'pescaditos' sino incluso para 'chuletones'. Espectacular el vino, con mucho trabajo en bodega para limitar la oxidación y los aportes de la barrica, y con una clara filosofía 'borgoñona' que vuelve a poner de manifiesto que lo mejor de Rioja está todavía por descubrir.