Cepa centenaria de garnacha muerta por el calor en un viñedo de Baños de Río Tobía de Juan Carlos Sancha. / SONIA TERCERO

Cepa centenaria de garnacha muerta por el calor en un viñedo de Baños de Río Tobía de Juan Carlos Sancha. / SONIA TERCERO

La ola de calor lleva a algunas cepas al colapso

La preocupación se instala en el campo por las altas temperaturas diurnas y nocturnas y por la falta de agua ante una cosecha que se verá mermada

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Racimos achicharrados, sobre todo de las variedades más sensibles al calor intenso y continuado como el graciano, pero también plantas muertas, colapsadas, por una larguísima ola de calor de elevadas temperaturas diurnas y nocturnas, que impide a la cepa descansar y recuperarse al caer el sol. Son algunas consecuencias de este verano extremo que está azotando el viñedo riojano, en una campaña que, aunque adelantada, venía muy de cara, sin apenas incidencias sanitarias, con una buena floración y cuajado, incluso en la garnacha, pero que ya comienza a preocupar a los viticultores y que, con toda probabilidad, mermará la cantidad de cosecha de los viñedos en secano.

En este sentido, pese al ligero refresco de este miércoles, las altas temperaturas regresan y las previsiones de lluvia siguen brillando por su ausencia. «La cosecha venía muy, pero que muy, buena y se está estropeando», se lamenta Enrique Eguíluz, viticultor de San Vicente (Bodegas Cupani), quien señala que «todos los años vemos algunos racimos quemados por el sol, pero este verano el fenómeno es mucho más generalizado, sobre todo en las viñas más expuestas y con despuntes excesivos».

El viticultor advierte de que el envero, en la zona occidental de la Sonsierra, está próximo –«para final de esta semana o comienzos de la próxima»– y no oculta su preocupación: «La planta viene muy forzada, no hay perspectivas de agua y creo que le va a costar mucho enverar». De hecho, Enrique Eguíluz señala que, aunque «todavía tenemos adelanto sobre el año pasado, de unos diez días, el ciclo se va a ir retrasando e igualando al del año pasado».

Racimos achicharrados de maturana blanca. / SONIA TERCERO

La sanidad de la uva sigue siendo estupenda y las lluvias de primavera dieron reservas iniciales de agua, pero todo se agota. «No son solo las altas temperaturas, el problema es que no refresca de noche y no cae una gota de agua ni se la espera», dice. El viticultor estima que «la producción se verá afectada seguro porque la baya es pequeña» y, en cuanto a la calidad, tampoco las tiene todas consigo ya que «las zonas frescas aguantarán mejor, pero esto empieza a ser preocupante».

Alto Najerilla

«Asustado». Así se confiesa Juan Carlos Sancha, viticultor de Baños de Río Tobía: «No solo hay racimos achicharrados, que es más o menos habitual en los veranos muy cálidos, sino que varias plantas han muerto por colapso y no únicamente de viñedo joven, sino incluso algunas cepas centenarias que tienen una capacidad de resistencia mucho mayor». «Las temperaturas –continúa– son anormalmente altas pero el gran problema es que la planta no se recupera por la noche con esta ola de calor larguísima».

Sancha coincide con Eguíluz en que «la añada venía fantástica, sin enfermedades y con buena vegetación en las cepas, pero se verá afectada por estas altísimas temperaturas y las anteriores de junio, que lo han complicado todo». En este sentido, recuerda que un tercio del viñedo de Rioja está en regadío, pero en el resto «habrá una merma importante, ya que la capacidad de engorde de la baya es muy limitado aunque lloviera». En cualquier caso, el viticultor sigue mirando hacia el cielo: «Es casi una emergencia que caiga algo de agua, pero de momento tampoco está en las previsiones».

La Rioja Baja

David Bastida (Bodegas Ortega Ezquerro, en Tudelilla) señala que su área y alrededores «se beneficia de los veranos secos por la sensibilidad al oídio». «Tuvimos la suerte de que cayeron entre 15 y 35 litros en la zona antes de la ola de calor y los tempranillos y garnachas de la zona más alta están espectaculares». En todo caso, sí advierte de que «se ven ya plantas estresadas en las zonas bajas, que están empezando a sufrir bastante». Sobre la cantidad de cosecha, Bastida coincide en que se verá mermada. «Veníamos pasados para el 95% de rendimiento autorizado, pero la ola de calor de junio hizo daño a la multiplicación celular, al tamaño de la baya, y ahora la sequía pasará factura», apunta. «Necesitamos agua y, puestos a pedir, mayor contraste térmico entre día y noche».