Mathier Barrault, en la máquina de selección óptica, la semana pasada en plena vendimia. / L. R.

El capricho de los Masaveu

La casa solariega de Elciego acoge piezas de una de las mejores colecciones de arte del país y vinos fruto de una selección extrema en campo y en bodega

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

La familia Masaveu adquirió Bodegas Murua (Elciego) en 1974. La propiedad, de una de las más acuadaladas estirpes nacionales y con una de las colecciones de arte más importantes del país, fue comprando viñedo en la localidad y otras poblaciones del entorno de Rioja Alavesa hasta reunir 80 hectáreas, de las que elabora alrededor de 250.000 botellas anuales (más o menos, la mitad de su producción).

La bodega, una casa solariega a la sombra del espectacular gigante de titanio sobre los viñedos que el arquitecto canadiense Frank Gehry construyó para Marqués de Riscal, decidió hace unos años potenciar el enoturismo e incluso se mantuvo abierta al público durante la pandemia. El verano ha supuesto un auténtico 'boom', con catas, visitas a viñedos y con el acceso a una pequeña muestra pictórica y escultórica de la colección privada familiar: en las paredes de la casa solariega hay pinturas grabados y esculturas de los siglos XVI al XXI firmados por Goya, Alcalá Galiano, Juan de Arellano, Daniel Quintero..., sin olvidar un precioso mural en relieve de Miquel Barceló y que los Masaveu consideran una de las joyas de su extraordinaria colección privada.

Pero no solo el continente importa en Bodegas Murua. Con el enólogo francés Mathieu Barrault, la propiedad apuesta por extremar la elaboración. Estamos en vendimia, con un tercio de la uva esperada ya en los depósitos y, tras unas indeseadas lluvias, con unas perspectivas de días extraordinarios de octubre, que son lo que marcan la diferencia: jornadas de sol y noches frescas: «El primer fin de semana del mes nos cayeron ocho litros, pero no ha hecho calor y las previsiones a partir de ahora son buenas, así que creo que podemos tener una buena vendimia», explica el enólogo.

Selección

Barrault vendimia a mano, en cajones de 200 kilos con un equipo técnico permanente de bodega, y ahora tiene la tregua que precisa. Trabaja con camiones de refrigeración para bajar la temperatura de la uva antes de pasar a la mesa de selección manual, donde voltean los racimos para descartar los que no dan la talla por aspecto. La fruta pasa a continuación a una 'Pellenc' de lectura óptica que despalilla y selecciona cada grano por escáner en función de los parámetros que el propio enólogo le marca: «No es una máquina habitual por la importante inversión que supone en una bodega que elabora entre 200.000 y 250.000 botellas al año». Barrault quiere solo lo mejor y la 'Pellenc' va seleccionado, mientras que el resto va a un contenedor: «Alrededor de un 25% es uva que se descarta, que no elaboramos y vendemos a otras bodegas».

El icono de la casa es Murua Reserva, un vino fino y elegante, en el que la fruta y madera se integran en un buen entendimiento del concepto clásico de Rioja. La bodega no elabora jóvenes ni crianzas, sino vinos de largo recorrido, con lo que guarda entre barricas y el botellero prácticamente ocho cosechas antes de salir al mercado. Veguín de Murua es el gran reserva, mientras que Barrault elabora también un blanco de viura y malvasía fermentado en barrica, por el que el enólogo no oculta su satisfacción: «Quizás fue la viura y la capacidad para elaborar vinos longevos lo que más me sorprendió de Rioja cuando llegué aquí».

Pese al estilo y concepción clásica de los vinos (largas crianzas en roble y en botella) Murua trabaja también con dos vinos más 'modernos', con mayor extracción y carga frutal: un vendimia seleccionada, VS de Murua, y M de Murua, un tempranillo de los viñedos más viejos, potente y al tiempo complejo.

Es la familia de vinos de los Masaveu y Mathieu Barrault, que elabora a 'capricho' y con una apuesta por la viticultura ecológica que ya certifica el 50% de sus viñedos. «Es el objetivo, tenemos margen de selección para cubrirnos con nuestros propios viñedos si fuera necesario, pero cada año que pasa el viñedo ecológico nos da más satisfacciones y menos problemas», dice el enólogo.