El Cárabo anida en Ábalos

Gonzalo Rodríguez asienta su proyecto en la antigua Iradier, con vinos frescos y con el hormigón y la garnacha como protagonistas

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Domino del Cárabo –un ave rapaz nocturna– es el proyecto vitivinícola que el joven Gonzalo Rodríguez emprendió en el año 2016 y que desde hace un par de años ha anidado en la localidad sonserrana de Ábalos: «En verano de 2020 me salió la oportunidad de alquilar con opción de compra la que era Bodegas Iradier. La familia propietaria se iba a jubilar –explica– y, además de que quería trabajar en esta zona de la Sonsierra, vi las enormes posibilidades que tenía para elaborar con el hormigón, que se adapta a la perfección para el perfil de mis vinos».

Gonzalo es hijo de un comercial de grandes bodegas ya jubilado y su casa fue el primer contacto con el mundo del vino: «Veía lo que hacía mi padre y, de hecho, yo estudié Económicas, pero el gusanillo del vino me lo metió dentro el enólogo Sergio Gurucharri, cuando trabajamos juntos». En todo caso, la administración no era la vocación de Gonzalo: «Trabajé en algunas bodegas en ese ámbito y me aburrí mucho, así que en 2016 decidí lanzarme a comercializar mis propios vinos y, no sin varios momentos difíciles, aquí sigo».

Los vinos de Dominio del Cárabo se distinguen por la frescura, con crianzas muy leves en algún caso y con el hormigón como protagonista: «Me encanta para elaborar vinos, ya que muestra las variedades y las uvas tal y como son; yo hago vinos para beber, que sepan a fruta y no a madera». «El Rioja 'tradicional' se vincula con el roble, pero no es mi 'liga': es como cuando vas a un restaurante a comer un buen solomillo y te preocupas más por la salsa que por la carne».

«El Rioja tradicional se vincula con la madera, pero esa no es mi 'liga': quiero fruta y frescura»

Dominio de Cárabo compra uvas –«como para adquirir viñedos estoy ahora...», bromea Gonzalo– en la Sonsierra: Elvillar de Álava, Ábalos, San Vicente y Laguardia. Elabora vinos de finca y parcelarios y los trabaja en la bodega a su aire: «Me gusta mucho el barro, con ánforas que utilizo para mis dos vinos 'top' y, como decía, el hormigón tradicional. Son materiales que redondean los vinos y no los enmascaran».

En la bodega, en la que ha hecho una importante inversión y ahora mismo está inmerso en en otra nueva para abrir al enoturismo, utiliza las microvinificaciones en pequeños depósitos de cemento, en fudres de madera y alguno de inoxidable para su tempranillo blanco: «Nuestros vinos son de finca, incluido el crianza que es nuestra mayor producción, y parcelarios, con un protagonismo muy importante para la garnacha, de la que estoy totalmente enamorado en estas zonas frescas de Rioja». Dominio del Cárabo Ánfora y el Cuvée, son, de hecho, varietales de garnacha de San Vicente, y también el crianza tiene un porcentaje del 30%: «Me gusta llamar a mis vinos disfrutones, que cuando abres la botella siempre se acaba y para eso estas garnachas frescas son ideales».

Gonzalo Rodríguez se mudó a Ábalos en plena pandemia y, aunque «casi se nos lleva por delante, ya que vendemos todo en hostelería y además tuvimos que retirar una partida importante por problemas de una corchera, la idea es acabar comprando la bodega y, cuando se pueda, viñedo». «Lo más difícil es estabilizarse», insiste, aunque el Cárabo empezó con 5.000 botellas y hoy ya alcanza las 80.000.