Carreteras secundarias

Pedro Balda, Abel Mendoza, Miguel Eguíluz, José Gil e 'Itu' Ruiz, en las jornadas de San Vicente. :/A.C.S.
Pedro Balda, Abel Mendoza, Miguel Eguíluz, José Gil e 'Itu' Ruiz, en las jornadas de San Vicente. : / A.C.S.

Jóvenes viticultores de San Vicente defienden un modelo alternativo al Rioja tradicional y piden apoyo administrativo para pequeños proyectos

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Hay dos formas de seguir el camino 'Rioja': por autopista o por carreteras secundarias... incluidas las curvas. Es decir, cultivar tus uvas y venderlas o elaborar tus propios vinos. Cuatro jóvenes elaboradores de San Vicente, ejemplo de lo que este mismo diario bautizó en un reportaje como 'Revolución macán', protagonizaron el jueves por la noche la mesa redonda de las XVIII Jornadas del Vino de la Asociación Cultural Sonsierra.

Pedro Balda (Majuelo de la Nava), Miguel Eguíluz (Bodegas Cupani), José Gil (Olmaza y José Gil Vigneron) y José Luis, 'Itu', Ruiz (Teodoro Ruiz Monge), acompañados del ya veterano Abel Mendoza -gran experto en vías secundarias-, defendieron un modelo alternativo al Rioja tradicional y reclamaron un compromiso a las administraciones con estos pequeños proyectos. «Tengo amigos en otros pueblos que han renunciado a elaborar sus vinos; entregar la uva es lo más cómodo, pero cuando te entra la 'chispa' te das cuenta de que poder llevar el nombre de tu pueblo por el mundo es maravilloso», explicó José Gil, autor de los vinos de la bodega familiar Olmaza y también con un microproyecto personal bautizado con su propio nombre.

No es fácil, por el trabajo por supuesto, pero también porque la burocracia ahoga estos pequeños proyectos: «Para 50.000 botellas nos exigen el mismo papeleo que si hacemos 20 millones; a veces te entran ganas de echar la persiana», confesaba 'Itu' Ruiz, hijo de Teodoro Ruiz Monge, que fue cosechero pionero en embotellar con marca propia y cuyo hijo trabaja ahora con una sorprendente colección de vinos personales de maceración carbónica.

«Para 50.000 botellas nos exigen el mismo papeleo que si hacemos 20 millones»

Tampoco es fácil cuando el resultado del millonario programa de ayudas a la inversión en bodega (hasta el 40%) se salda con decenas y decenas de pequeños proyectos excluidos por el hecho de ser... ¿pequeños? «Si preguntas a la Consejería te dicen que la culpa es del Ministerio, si lo haces al Ministerio, que la culpa es de Europa y, si preguntas a Europa, te dirán que la culpa es del 'mundo'», se lamentaban los chavales.

Culpa de quien sea, es para hacérselo mirar porque un reparto a prorrateo poco tiene de eficiente, también desde el punto de vista de la gestión pública, cuando millones de euros en ayudas europeas van a grandes firmas, mientras propuestas de miles de euros son excluidas, incluso siendo vitales, de las que fijan población y familias en el medio rural.

Esperanza

En todo caso, los jóvenes -no sólo 'macanes' porque la pequeña revolución está en marcha en toda Rioja- consideran que otro modelo es posible, aunque el camino será lento. «Somos afortunados; hace 25 años no podríamos salir al mercado pero ahora lo hacemos gracias a que Marcos Eguren, Benjamín Romeo o Abel Mendoza dieron a conocer San Vicente al mundo y porque hay un nicho para novedades y vinos singulares que antes tampoco había», sostuvo Pedro Balda. «¿Si me ayuda la marca 'Rioja'?», se cuestionó ante la pregunta del moderador. «Bueno, en mi caso localiza mis vinos, pero cuando los prueban dicen que no se parecen a Rioja».

La familia Eguíluz (Cupani) dejó la cooperativa en 1999 y comenzó a cultivar con abonados naturales y suprimiendo pesticidas y herbicidas: «Necesitamos un posicionamiento de San Vicente arraigado a la calidad y cambiar la mentalidad porque todavía no nos lo creemos», expuso Miguel. «Aunque la anterior generación, por sus propias circunstancias, ha sido diferente, hacer vino es la culminación del trabajo de un agricultor y, con la liberalización del viñedo a la vuelta de la esquina, no queda otra que diferenciarnos», añadió.

Abel Mendoza, desde la experiencia, recordó que cuando empezó hace 40 años «era un destripaterrones que sabía más de remolacha que de uvas pero, poco a poco, y especialmente con mi señora, fuimos haciendo cosas». Hoy, ocho personas viven en San Vicente de las apenas 80.000 botellas que elabora anualmente.

El viticultor celebró la apuesta de los jóvenes de su pueblo y de otras zonas de Rioja a los que recordó que «la única salida para este modelo es generar valor en el territorio y eso significa vino, pero también compromiso ambiental, cultural y turístico», aunque también afirmó que no «habrá una revolución real hasta que haya 4.000 bodegas en Rioja».

¿Y de cuántas hablamos hoy? En España hay unas 4.000 bodegas, frente a las 30.000 de Francia o Alemania, mientras que en Rioja, de unas 500 activas, entre 40 venden el 80% del vino y entre 14 de ellas, el 50%.