Sonia Tercero

Bagordi: compromiso con el territorio

Ander Cárcar y Basilio Berisa sorprenden en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com con una gama de vinos frescos, potentes, longevos y con la personalidad de la desconocida Rioja navarra

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Nunca lo ha tenido fácil Bagordi. Asentada en la Rioja navarra, en la margen izquierda del río, la zona es mayoritariamente proveedora de grandes bodegas, pero la bodega de Andosilla trabaja desde su origen hace casi 30 años con la uvas de la comarca, un 'terroir' propio y todavía muy desconocido como demostraron ayer Ander Cárcar, ingeniero agrónomo e hijo del fundador Luis Manuel Cárcar, y Basilio Berisa, joven enólogo de la casa para el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Ander recordó cómo su padre dio un giro de 180 grados a aquellos primeros años como 'granelistas' y lo hizo al dejarle tirado en 1999, el año de las 425 pesetas, una gran compañía que le había pedido que se abasteciera como si fuera un año normal. Luisma se encontró al año siguiente con millones de litros de vino en la bodega a precios de derribo: «Fue el punto de inflexión -recordó ayer su hijo-, y mi padre cambió radicalmente el modelo de negocio». Bagordi se convirtió así en lo que es hoy, una bodega familiar que trabaja su viñedo propio, 45 hectáreas, junto con otras 20 de proveedores familiares y muy cercanos de Andosilla y San Adrián: «Luisma hizo entonces una gran inversión en plantar viñedo, para trabajarlo en ecológico como venía haciendo desde que empezó en 1990 y ahora tenemos una masa vegetal perfectamente asentada y consolidada que nos permite hacer una gama muy completa de vinos».

De hecho, el portfolio de Bagordi no es el habitual en Rioja, con un 30% de uva blanca, mientras que las tintas se reparten a partes iguales entre tempranillo (50%) y entre garnacha y graciano (el otro 50% entre ambas). «Nuestro 'terroir', que habitualmente se asocia a La Rioja Baja o Oriental, es muy distinto y, de hecho, está más cerca, del de Rioja Alavesa, con los viñedos plantados terrazas y con una frescura por el aire de la Sierra de Urbasa», explicó Basilio Berisa. Bagordi, que exporta entre el 70% y el 80% de su producción, fue pionero en la viticultura orgánica, una diferenciación que ha sido clave para superar un 'problema' de desconocimiento a nivel local: «Si vas a Navarra nos dicen que no quieren Rioja, sino vinos navarros, y si vas a La Rioja que no quieren vinos navarros, pero nosotros somos la Rioja navarra y no vamos a renunciar a ella porque es nuestro terroir y en muchas catas ciegas hemos callado muchas bocas», afirmó Ander.

Galería. Sonia Tercero

La cata

Comenzó con Usoa de Bagordi Blanco 2020, una combinación de garnacha blanca y sauvignon blanc, variedades por las que apostó Bagordi: «Estudiamos todas las opciones y nos decidimos por las que mejor se comportaban en nuestra zona», indicó Basilio Berisa. El vino combina a la perfección la frescura del sauvignon como el dulzor de la garnacha, muy bien trabajado, lentamente, en bodega. Usoa de Bagordi Crianza 2018 combina tempranillo con un 10% de garnacha y un 5% de graciano. Un crianza con maýusculas, con mucha fruta y un fondo especiado que aparece en todos los vinos de Bagordi: «Aprendí a elaborar en el Nuevo Mundo e intento aplicar estas técnicas de extrema limpieza y de mínima intervención en los vinos de Bagordi». Ambos vinos, el blanco y el crianza fueron elegidos mejores vinos en su categoría de la última edición de los premios Ecovino (cata ciega como decía Ander), la única gran medalla de oro entre todas las medallas de oro.

Los vinos de la cata

  • Usoa de Bagordi Blanco 2020: 6 euros.

  • Usoa de Bagordi Crianza 2018: 9 euros.

  • Oiasso Tempranillo 2017: 18 euros.

  • Oiasso Garnacha 2015: 18 euros.

  • Oiasso Graciano 2018: 18 euros.

  • Usoa de Bagordi Gran Reserva 2008: 22 euros.

Ander y Basilio presentaron a continuación la colección Oiasso, tres tintos varietales y parcelarios de tempranillo, garnacha y graciano, con una misma elaboración, diez meses en barrica francesa y largos periodos en botella. Oiasso Tempranillo 2017 procede de la primera viña que plantó la bodega: «Es un vaso emparrado y aquí quiero aclarar que nosotros usamos el emparrado, no para mecanizar ya que hacemos todo, incluida la vendimia, manual, sino por nuestro tipo de viticultura ecológica, que te obliga a trabajar mucho con la vegetación para prevenir enfermedades». Un tempranillo diferente: muy fresco, con fruta y unos fondos especiados de la barrica y también del terroir de la zona. Oiasso Garnacha 2015 sorprende por su largo tiempo en botella antes de salir al mercado para una variedad tan delicada: «Viene de una pequeña finca, que se corre en floración todos los años y nos da un rendimiento muy bajo». Es una garnacha muy diferente, tanto a las de Rioja Oriental como de La Rioja Alta o Alavesa, tímida al principio pero que luego combina una fresa madura con notas de torrefacto e incluso chocolate. Oiasso Graciano 2015 es un manual del perfil varietal de esta uva bien madurada. Especiado, fresco, redondo y pura intensidad que bien pudiera estar otros diez años en botella sin inmutarse. Y, para terminar, una sorpresa, el Usoa de Bagordi Gran Reserva 2008: «Fuimos la primera bodega en hacer un gran reserva ecológico con la añada 2001», explicó Ander Cárcar. «Hemos vuelto a hacerlo en 2008 y sólo lo habrá en añadas muy concretas». La entereza de color (30% de graciano añadido al tempranillo) y del propio vino rompe tópicos, como aquel de que los vinos ecológicos (con sulfuroso limitado) viven menos que los convencionales o aquel otro si las zonas más cálidas y secas, como la ribera navarra, no son aptas para los vinos de larga guarda. Ander y Basilio son la nueva generación de Bagordi, que ayer enseñó sus primeras ideas, pero, con uno en campo y otro en la enología, ya trabajan con vinos y nuevos materiales como huevos de hormigón, plástico o incluso damajuanas. Esto promete.