Pablo Eguzkiza explicando las terrazas donde se asienta el viñedo en el salón de catas del Hotel Gran Vía. /Miguel Herreros

Pablo Eguzkiza explicando las terrazas donde se asienta el viñedo en el salón de catas del Hotel Gran Vía. / Miguel Herreros

Cuando el vino es emoción

Viaje por Galicia y por Rioja con Ladeiras do Xil y Bodega Lanzaga | Pablo Eguzkiza interpreta para lomejordelvinoderioja los viñedos y los paisajes de Valdeorras, Lanciego y Labastida

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Sin emoción no hay vida y es la emoción lo que ha movido las vidas profesionales de Pablo Eguzkiza y Telmo Rodríguez para abordar nuevos proyectos vitícolas y bodegueros en lugares absolutamente recónditos de España, pero también en otras viticulturas más tradicionales y reconocidas donde han recalado como las de Rioja, Ribera del Duero o Rueda.

La trayectoria de la Compañía de Vinos de Telmo Rodríguez se traduce en muchos años de trabajo, en extraordinarias labores de recuperación de viejos viñedos, en varios casos abandonados y que implican un auténtico compromiso económico y sentimental para su recuperación. Pablo Eguzkiza protagonizó el martes por la noche una nueva cata del club de lomejordelvinoderioja.com, con una propuesta de viaje vitivinícola más extensa de lo habitual: de la, hasta hace poco, oculta Galicia continental a la, aunque parezca lo contrario, también desconocida Rioja de los pequeños municipios, de Lanciego (Rioja Alavesa) en este caso.

Pablo y Telmo aterrizaron en 1993 en Santa Cruz (Ourense, Valdeorras) y encontraron una Galicia continental dormida: «Únicamente había una cooperativa en la zona, que luego cerró, y algún cosechero local, pero esos viñedos, esas laderas, ese lugar mágico estaba ahí...», confesó Eguzkiza, ingeniero agrónomo y enólogo. Unos años después los socios de la Compañía, que habían elaborado en Labastida y en Laguardia, conocieron Lanciego y, también como un flechazo, tuvieron claro que sería allí donde edificarían su proyecto de Rioja, Lanzaga:«Fueron igualmente los viñedos, la convivencia con olivos, almendros, encinas, robles, hayedos... y la situación de límite de cultivo, de transición entre un clima atlántico y mediterráneo, lo que nos motivó a construir Lanzaga».

La cata

Eguzkiza comenzó con un espectacular blanco, Branco de Santa Cruz 2016, mayoritario de godello, treixadura, doña branca, palomino... y otras variedades dispersas por los viñedos de tinto del municipio. «En principio –explicó– queríamos hace un blanco de parcela, pero entendimos que debíamos conjuntar uvas de diferentes viñedos del mismo pueblo». Las fotografías, laderas casi imposibles junto al cauce del río Bibei, muestran que todavía hay gente para las que vino es más pasión que negocio, y más cuando se opta por trabajar en ecológico: «Para cuando la 'oruga' llega arriba labrando entre las viñas pasan cinco días y ves que vuelve a llover y abajo ha vuelto a crecer la hierba», bromeó el ingeniero agrónomo.

El viaje gallego se completó con tres tintos parcelarios, Falcoeira ACapilla, As Caborcas y O Diviso, de los viñedos del mismo nombre y de la añada 2015, con la mencía como protagonista, aunque con la mezcla varietal tradicional de la zona (garnacha tintoreta, mouratón, caiño...). Vinos fresquísimos, con nervio, en los que la madera es casi imperceptible pero aporta cremosidad y amabiliza los taninos, especialmente en el caso del O Diviso, el mejor de la tanda gallega para el que escribe.

Ya en Rioja, Lanzaga 2015 es el vino de pueblo que perseguía Pablo Eguzkiza desde que se fijó en Lanciego: «Tenemos varios de los mejores viñedos de la localidad y hemos trabajado mucho este vino porque, cuando llegamos, no sabíamos realmente el gusto del pueblo, que ahora sí creo que hemos conseguido». Lo cierto es que el vino está sensacional y no se lo pone fácil a los tres siguientes parcelarios.

La Estrada (tempranillo, graciano y otras) y El Velado 2016 (garnacha y otras incluida alguna uva blanca) formaron parte del, en su día, Altos de Lanzaga, la primera prueba de la Compañía de hacer un gran vino de Lanciego, pero que luego acabaron 'deconstruyendo' con estos dos parcelarios: frescos, profundos, lejos de las grandes estructuras de otros tiempos no muy lejanos pero muy largos.

Lanzaga elabora también dos vinos de pequeñas parcelas de Labastida, Las Beatas, y un espectacular Tabuérniga 2016, con el que cerró la cata: un vinazo, pura delicadeza, frutal, fresco, intenso... Dos zonas, ocho vinos y un gran mérito:todos diferentes.

Los vinos de la cata

  • Ladeiras do Xil (Valdeorras)

  • Branco de Santa Cruz 2016. 25€.

  • Falcoeira A Capilla 2015. 50€.

  • As Caborcas 2015. 50 €.

  • O Diviso 2015. 50 euros.

  • Lanzaga (Rioja)

  • Lanzaga 2015. 24€.

  • El Velado 2016. 75€.

  • La Estrada 2016 75 euros.

  • Tabuérniga 2016.. 65 euros.

Miguel Herreros

Vídeo. Bodegas Lanzaga, protagonista de la cata. / Andrea Aragón