Bodegas Tobía, protagonista del club de catas de lomejordelvinoderioja.com

Cata con Bodegas Tobía. /Juan Marín
Cata con Bodegas Tobía. / Juan Marín

Diego Orío presenta, en el 25 aniversario de la bodega, un proyecto innovador pero al tiempo fiel a su propia interpretación de Rioja

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Trece hectáreas de viñedo en propiedad, un centenar de proveedores habituales y tutelados, medio millón de botellas y diez familias que viven del negocio. Es la 'radiografía' de Bodegas Tobía, una firma familiar entre pequeña y mediana que, a base de continuas innovaciones pero fiel a una propia interpretación de Rioja, cumple este año su 25 aniversario: «Nuestro proyecto se sujeta en la calidad de los vinos, en la ilusión y la creatividad para poner en el mercado vinos personales y diferentes», explicó José Manuel Gallego, director comercial de la bodega de Cuzcurrita.

José Manuel, amigo personal de Óscar Tobía desde que coincidieron en Valencia estudiando ingeniería agrónoma, recordó que el proyecto nace en San Asensio, la localidad natal del bodeguero, aunque se consolida en Cuzcurrita: «Óscar tenía claro que quería hacer vino en Rioja y desde el año 2010 nos instalamos en esta pequeña localidad de La Rioja Alta para trabajar con todas las garantías técnicas».

La cata

La cata comenzó con Tobía Luz de Luna Rosado 2018, un homenaje a su hija y el último lanzamiento, con el que Diego Orío dio en la diana a la primera: «Nos estábamos planteando hacer un rosado actual, pálido de color para la próxima cosecha, pero Diego nos digo que él ya había estaba trabajando con un vino así», recordó Gallego. «De hecho –continúa–, Óscar lo vio tan bueno que no dudó en embotellarlo y añadirle un pequeño porcentaje de maturana tinta para conseguir un poco más de personalidad que acompañase a la garnacha de Tudelilla». El vino tiene un sangrado muy ligero y un atractivo color con tonos azulados que, además de refrescar, ofrece la consistencia en boca que deben tener todos los vinos, sean del color que sean.

Tobía Viñedos de Altura Tempranillo 2016 es uno de los tres exponentes de la nueva colección de la bodega (la completan un graciano y una maturana tinta), elaborado con uva de viñedos de una finca propia de Cuzcurrita y casi un 'excepción' en una casa que trabaja habitualmente con mezclas varietales y de viñedos de prácticamente toda la denominación (20 municipios): «Aprovechamos la diversidad que nos ofrece Rioja para hacer vinos complejos, con aportes de diferentes uvas y zonas en función de cada cosecha, pero la añada 2016 nos permitió trabajar también con este concepto de vino de finca», explicó Orío. El vino se cría menos tiempo en madera de lo habitual en la casa (10 meses) para una mayor rotundidad frutal con una madera muy bien integrada.

Tobía Selección de Autor 2016 es la máquina que mueve la bodega. Cien mil botellas de un estupendo ensamblaje (tempranillo, graciano, maturana) que la bodega quiso desmarcar de los crianzas de Rioja de los últimos años: «Fue una decisión difícil, pero en el 2015 le quitamos la precinta de crianza porque es el vino que más cuidamos, con selección de nuestros mejores viñedos», recordó el enólogo. «Con este vino –añadió–, nos lo jugamos prácticamente todo». Una apuesta segura a juzgar por su comportamiento en la copa.

Los vinos de la cata

Tobía Luz de Luna Rosado 2018.
8,75 euros.
Tobía Viñedos de Altura Tempranillo 2016.
18 euros.
Tobía Selección de Autor 2016.
11,90 euros.
Óscar Tobía Blanco Reserva 2015.
18,90 euros.
Óscar Tobía Tinto Reserva 2014.
20 euros.
Alma de Tobía Rosado Fermentado en Barrica 2018.
19,5 euros.

Óscar Tobía Reserva 2015, en su versión blanco, y Óscar Tobía Reserva 2014, en la del tinto, es la interpretación del 'clasicismo' riojano del bodeguero. Vinos de larga crianza en ambos casos, con selección de barricas y de robles (francés, americano y húngaro) para resultados rotundos, con intensidad de fruta madura y notas especiadas al tiempo que conjuntadas con una madera presente, pero que tampoco seca.

La cata concluyó con Alma de Tobía Rosado 2018, homenaje a su otra hija y una muestra de la gama más personal y que, tal y como definió Diego Orío, es un «cuarto tipo de vino»: «No es blanco, ni tinto ni parece rosado, sino otra cosa...». El Alma fue el primer rosado de Rioja fermentado en barrica que sigue una elaboración casi de tinto –la bodega ha 'jugado' durante años con variedades y tiempos de crianza– para recordar a la vista aquellos 'ojo de gallo' típicos de zonas frías, aunque con una boca rotunda y cremosa. Originalidad y una buena muestra de la creatividad que define a Bodegas Tobía.