Justo Rodriguez

Redescubriendo Rioja

Carlos Sánchez presentó ayer para lomejordelvinoderioja su colección de vinos, desde Gredos a la Sonsierra, con la finura y la frescura como elemento común

L.R.

Lo que está sucediendo en buena parte de la Sonsierra es algo que marcará un nuevo camino en Rioja. Grupos de jóvenes viticultores, con ganas, preparación y un profundo interés por conocer los viñedos, están explorando las posibilidades que ofrecen estos extraordinarios terruños con diferentes visiones y propuestas. Vinos parcelarios, comarcales, de pueblo, en un concepto mucho más 'aborgoñado' que la Rioja más conocida de las últimas décadas y que ofrece un sinfín de posibilidades. Uno de estos jóvenes es Carlos Sanchez, que, procedente de la sierra madrileña de Gredos, recayó en Rioja para asentar su proyecto personal tras quedar prendado de los paisajes y las viñas del entorno de San Vicente y Labastida: «Es un lugar mágico y cuando lo conocí tuve claro que sería aquí donde me iba a instalar con un proyecto definitivo».

Carlos Sánchez presentó ayer por la noche para los aficionados del club de catas de lomejordelvinoderioja.com el resultado de los tres proyectos en los que está embarcado, vinos de viñedos muy concretos y producciones limitadas con un estilo personal pero siempre tratando de respetar e interpretar las parcelas que trabaja. La cata comenzó en Gredos, con Las Bacantes Albillo Real 2019, una variedad -no confundir con la albillo mayor de Ribera del Duero- muy antigua, hasta el punto de que no fue arrancada con la invasión musulmana de la península porque sus uvas se utilizaban para comer y rara vez para la vinificación. Son apenas 500 botellas de una pequeña parcela en Cadalso de los Vidrios: «Es un vino muy natural, sin maloláctica y que trabajamos un año con sus lías», detalló el viticultor. Largo y delicado, al tiempo con nervio, y un marcado carácter mineral de los suelos graníticos de gredos.

Las Bacantes Garnacha 2018 es un varietal de Gredos. Un parcelario de viejos viñedos (70 años) de muy bajos rendimientos y a 800 metros de altitud. Una zona extrema, muy distinta a Rioja y como resultado, una garnacha abierta de color, ligera a la vista y al tacto en la boca, aunque con mucha persistencia y largura: «Es un vino muy fresco que mi juicio refleja perfectamente cómo se comporta la garnacha en Gredos». Sin duda, una de las sorpresas de la noche que, a juzgar por los comentarios, agradecieron los aficionados.

Tras el paso por la Sierra de Gredos, Carlos Sánchez presentó dos vinos que elabora en Briones con Javier García (4 Monos) y Nacho Jiménez dentro del proyecto 3 Viñerones. Sedal 2020 lo presentó en primicia. Es uno de los dos vinos con mayor producción que elabora el viticultor (unas 7.000 botellas) y que conjunta uvas de dos parcelas de San Vicente: «Es un vino que hacemos con parte de uva entera y otra parte despalillada, con el que queremos reflejar el carácter de esta zona de la Sonsierra y de aquellos vinos de antes, de trago largo, amables y frescos», explicó. Sedal es aromático, afrutado pero también floral, y pensado para un consumo más en rotación (barras), en el que, como en todos los vinos de Carlos Sanchez, importa más la frescura que la estructura.

Galería.

La Esquirla del Bardallo 2018 es un parcelario que Carlos Sánchez arrendó a Luis Fernández en San Vicente. Heredó, por exigencia del propietario, el cultivo biodionámico, incluidos los preparados con el estiércol de los cuernos de vaca para su compostado: «¿Si funciona? Yo creo que sí, siempre hay una parte esotérica, misteriosa, en la biodinámica pero lo cierto es que la biodiversidad de la propia parcela la hace fuerte y en todos los años que llevo con ella no he tenido problemas de producción, salvo la helada del 2017 cuando recogimos un 50%, que fue más que en otras de la misma zona». La Esquirla hace referencia a una pequeña porción del paraje del Bardallo de San Vicente, donde está este pequeño viñedo de poco más de media hectárea. Es un vino fino, sorprendente porque después de una larga crianza en barrica (18 meses) apenas si reproduce notas de la madera, cuya principal función es afinarlo y prepararlo para una larga vida. Un vino, ligero también a la vista, pero largo, con acidez persistente, muy fresco y elegante.

Los vinos de la cata:

  • 1. Las Bacantes Albillo Real 2019 (Gredos): 22 euros

  • 2. Las Bacantes Garnacha 2020 (Gredos): 20 euros.

  • 3. Sedal 2020 (3 viñerones. Rioja): 18 euros

  • 4. La Esquirla del Bardallo (3 viñerones. Rioja): 36 euros.

  • 5. Bienlarmè 2019 (Carlos Sánchez. Rioja): 17 euros.

  • 6. Buradón 2020 (Carlos Sánchez. Rioja): 40 euros.

La última parte de la cata fue para dos vinos de Carlos Sánchez Vitivinicultor, su proyecto en solitario con una colección de vinos de viñedos de San Vicente y Labastida, de los que el bodeguero presentó dos en primicia. Bienlarmè Lágrimas Bellas 2019 está hecho mayoritariamente con uvas de San Vicente, aunque para la próxima añada, la 2020, las invertirá con Labastida. 100% despalillado, para Carlos Sánchez, es «una foto de la Sonsierra, un vino con el que intento reflejar la identidad de San Vicente y de Labastida, tal y como la entiendo yo al menos». La frescura, marca de la casa, caracteriza también este Bienlarmè, unas 8.000 botellas y que será el vino 'base' de Carlos Sánchez Vitivinicultor y, salvando las distancias, podría decirse que es lo más 'cercano' a un crianza de Rioja.

La cata concluyó con Buradón 2020, un varietal de garnacha de un viejo viñedo en vaso situado en el paraje de La Rad, en la zona media de San Vicente. Acidez, frescura, elegancia..., para el que escribe el mejor vino de la noche y un precioso contrapunto a la previa garnacha anterior de Gredos. Buradón es un vino fino y delicado, con una importante carga aromática más floral que frutal (el recuerdo a la fresa, propia de la variedad, es muy ligero). En definitiva, una propuesta diferente, basada en el terruño, pero también en la interpretación que hace del mismo el viticultor. Vinos diferentes que, por supuesto, también son Rioja.