JUSTO RODRÍGUEZ

Club de Catas

Murrieta: lo mejor está por venir

María Vargas cierra la temporada de catas con las nuevas añadas y primicias de la casa centenaria: vinos que «aspiran a vivir más que nosotros»

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

No es fácil sostener que lo mejor está por venir en una bodega con 170 años de trayectoria y que acaba de ser reconocida como la mejor del mundo, uno de sus vinos como el mejor del planeta y su enóloga, María Vargas, también como la mejor técnica del mundo. Pero sí será más fácil de entender para los asistentes el pasado martes por la noche al cierre de la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com, en una noche espectacular en la que María Vargas presentó nuevas añadas e incluso algún vino en primicia. Son vinos que ya se están elaborando en la nueva bodega, en la que Marqués de Murrieta ha invertido más de 20 millones de euros, y donde la última tecnología queda al servicio del profundo conocimiento de la finca Ygay, de 300 hectáreas, con un equipo con casi tres décadas de experiencia, y de la que Murrieta obtiene un variado abanico de propuestas con personalidad y con el gran objetivo de «hacer vinos que vivan más que nosotros», en palabras de María Vargas.

Cata de Bodegas Marqués de Murrieta

Galería. Cata de Bodegas Marqués de Murrieta / Justo Rodríguez

Porque si algo ha tenido claro la propiedad, la familia Cebrián-Sagarriga, es que la diferenciación de Murrieta está en esa capacidad de elaborar vinos eternos, vinos que nacen en los viñedos, 'clásicos' pero con intensas cargas frutales, con una acidez natural y frescura característica y con presencia también de madera, que se acabará fundiendo e integrando con el paso de los años en una curva ascendente a la que es difícil poner un límite: «Hacemos un millón y medio de botellas, pero, para que os hagáis una idea, Murrieta guarda en bodega 7,5 millones que están envejeciendo durante muchos años antes de salir al mercado», explicó María Vargas.

La cata

La enóloga comenzó en Galicia, con Pazo de Barrantes 2019, un albariño con el que Murrieta ha 'reestilado' una referencia que comercializaba en su año natural y que ahora reposa en bodega durante prácticamente tres: «El albariño es una gran variedad blanca, de talla mundial, y lo que estábamos viendo es que el Pazo salía muy joven, muy fresco, y que el vino podía ganar con una crianza en bodega» -reposo más bien porque una parte mínima del vino pasa por madera-. El acierto ha sido pleno: sorprendente, graso en boca pero nada pesado, con una acidez espectacular y una paleta aromática extraordinaria y cambiante mientras evoluciona en la copa.

De Galicia a casa, con el Primer Rosé de Murrieta 2021, un vino único en Rioja como rosado varietal de mazuelo, una variedad a la que Vargas tiene un especial cariño y un salvavidas para Finca Ygay ante el cambio climático: «Hacemos 14.000 botellas de un pago de Ygay, 5 hectáreas plantadas en 1985, que elaboramos como si fuera un blanco». Lo que sale en la copa es una frescura espectacular, con una complejidad aromática de una variedad muy minoritaria en Rioja, aunque difícil de encajar en una cata entre un blanco tan vibrante por delante y un gran tinto por detrás.

Ese gran tinto es Marqués de Murrieta Reserva 2018, el vino 'base' de la casa y el 80% de la producción total de la bodega, con tempranillo (86%), graciano (8%) mazuelo (4%) y garnacha (2%). Las cuatro tintas históricas y de una añada complicada en la que se entiende cómo las decisiones de vendimia son clave y cómo la/el enólogo se la juega: «Fue una cosecha difícil, lluviosa, fresca y con escasas horas de sol», explicó María Vargas. «En Ygay, con 300 hectáreas, necesitamos unos 20/25 días para vendimiar y decidimos esperar para aprovechar todo el mes de octubre que, por suerte, fue soleado y seco, magnífico». El vino es intenso, potente, con una gran carga frutal que va asomando poco a poco entre el característico roble americano: «Para mí es equilibrio, que es la clave de cualquier vino, sea 'clásico' o no, y eso implica uva, fruta y viñedo».

María Vargas presentó a continuación Dalmau 2019 en primicia, porque aún le quedan seis meses de botella antes de salir al mercado. Es un vino de finca, un 'puñetazo' en la mesa de Murrieta a mediados de los 90 del siglo pasado cuando el mercado demandaba vinos opulentos, con tempranillo (86%), cabernet (10%) y graciano (4%) de un pago de 9 hectáreas (Canajas), que la bodega sólo elabora en determinadas añadas: «La concentración sale del propio viñedo y de la descarga del 50% de la producción antes de vendimia», explicó la enóloga. Potentísimo -«uno de los Dalmau más profundos que hemos hecho», detalló Vargas-, y también sedoso, pero un vino aún por completar un ciclo en botella y, de nuevo, con una longevidad por delante que no parece tener límite. La cata dio un giro con Capellanía 2017, un blanco entre dos tintos, de otra parcela de viejas viuras de 80 años en la parte más alta de Ygay: «La uva albariño es una gran variedad, pero también lo es la viura y aquí tenemos un vino complejísimo, con una crianza muy larga en barrica de 24 meses y que he querido meter entre dos tintos muy potentes porque lo aguanta todo». Capellanía fue un detalle de María con todos los asistentes porque la 2017 es una añada agotada de un vino absolutamente gastronómico. Uno de los mejores de la noche, un contrapunto al Pazo de Barrantes por una mayor sobriedad y una expresividad más pausada, pero en todo caso, ambos vinos son la demostración de que en España también se pueden hacer también fabulosos blancos.

Y, para terminar, el gran vino de Murrieta. Castillo de Ygay Gran Reserva Especial 2011, una añada posterior al que Wine Spectator designó como mejor vino de mundo: «Para nosotros -detalló Vargas- es la razón por la que existe el mundo del vino, ya que no hay otro producto natural que sea capaz de cruzar la frontera del tiempo«. Procede de un pago amplio (35 hectáreas), La Plana, de tempranillo y mazuelo, en la zona alta de Ygay plantado en 1950. Un vinazo, por supuesto, con once años ya en bodega y con el equilibrio entre fruta, pese a su largo tiempo en bodega, y madera: «Envejecer un vino no es meterlo en barrica», aclaró la enóloga, y es que, en la cata' master class' del jueves por la noche, la enóloga de Murrieta dejó claro que lo que la bodega embotella son uvas y viñedos, de pagos y de finca, y que luego cuida como nadie con largas crianzas para su afinamiento: el equilibrio en estado puro.

Los vinos de la cata y sus precios

  • 1. Pazo de Barrantes 2019: 34 euros.

  • 2. Primer Rosé 2021: 30 euros.

  • 3. Marqués de Murrieta 2018: 21 euros.

  • 4. Capellanía 2017: 55 euros (agotado).

  • 5. Dalmau 2019: Aún en bodega:

  • 6. Castillo de Ygay Gran Reserva 2011: 210 euros.